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lunes, 22 de febrero de 2010

Opinión de Jesús Miguel Das Merces de "No Hay Barcos en Chacao" de John Patrick Shanley




Jesus Miguel Das Merces El 18 de febrero a las 1:11


Saludos Matilda!!!Soy uno de los chicos que invitaste a pasar en la obra "No hay barcos en chacao" de verdad queria agradecerte por la invitaciòn pero mas aun por lo que vi. un trabajo excelente, primero el texto es super interesante. el trabajo con los actores es bastante cuidadoso y detallista, y la dirección muy atractiva e inteligente. excelente trabajo. no tuve tiempo de expresarte esto en persona porque a penas termino estaba muy conmovido con la pieza. no queria dejar pasar la oportunidad de felicitarlos pues es un trabajo muy bien orquestado que merece las reflexiones de un humilde espectador contento y satisfecho por la calidad del mismo. un gran abrazo!!!!

jueves, 11 de febrero de 2010

"Las Avispas" Aristófanes



Las Avispas
Aristófanes
PERSONAJES:
PRIMER SERVIDOR (llamado Sosías). Dos PERROS.
SEGUNDO SERVIDOR (llamado
Xantias).
UN CONVIDADO.
BDELICLEÓN. UNA PANADERA.
FILOCLEÓN. UN DEMANDANTE
NIÑOS PORTADORES DE
LINTERNAS
PERSONAJES MUDOS.
Los JUECES, disfrazados de avispas, que componen el coro.
(La escena transcurre en Atenas y empieza poco antes del amanecer frente a la casa de
Filocleón.)
SOSIAS. -¡Oye! ¿Qué estás enfermo, mi pobre Xantias?
XANTIAS.-(Dormitando.) Procuro descansar después de esta noche de guardia.
SOSIAS—¿Tus costillas reclaman, pues, una llamada de buenos latigazos? ¿O
no sabes la clase de fiera que guardamos ahí dentro?
XANTIAS.-Lo sé; pero quiero dormir un poco.
SOSIAS.-Peligroso es, aunque puedes hacerlo; también yo siento que sobre mis
párpados pesa un dulce sueño.
XANTIAS.-¿Estás loco o es que juegas al Coribante?1
SOSIAS.-No; este sopor que se apodera de mí proviene de Sabacio.2
XANTIAS.-¡Sabacio! Los dos adoramos, pues, al mismo dueño. Ahora poco,
también a mí me ha asestado el sueño un mazazo, atacándome como un medo y 'acabo
de tener un sueño extraordinario.
SOSIAS.-Y yo he tenido otro, como nunca. Pero cuenta primero el tuyo.
XANTIAS.-He creído ver un águila muy grande bajar volando sobre el Agora, y
arrebatando en sus garras un escudo de bronce elevarse con él hasta el cielo; después ví
a Cleónimo que arrojaba aquel mismo escudo.
SOSIAS.-De modo que Cleónimo es un verdadero enigma. En la mesa esto
puede servir de distracción a los convidados: adivina adivinanza ¿cuál es el animal que
arroja su escudo por tierra, por el aire y en el mar?
XANTIAS.-¿Qué desgracia me anunciará semejante sueño?
SOSIAS.-No te preocupes; ningún mal te sucederá; te lo aseguro.
XANTIAS.-Sin embargo, es muy mal agüero el de un hombre arrojando su
escudo. Pero cuenta tu sueño.
SOSIAS.-El mío es grandioso; se refiere a toda la nave del Estado.
1 Los coribantes eran unos sacerdotes de la diosa Rea que danzaban con una especie de delirio.
2 Otro nombre de Dionysos, dios del vino.
-3-
XANTIAS.-Me conformo, de momento, con la quilla del asunto.
SOSIAS.-Creí ver en mi primer sueño, sentados en el Pnix y reunidos en
asamblea, una multitud de carneros, con báculos3 y mantos burdos; después me pareció
que
entre ellos hablaba un omnívoro paquidermo, cuya voz parecía la de un cerdo a quien
están chamuscando.
XANTIAS.-¡Puf!
SOSIAS. -¿Qué te sucede?
XANTIAS.-Basta, basta; no cuentes más: tu sueño apesta a cuero podrido.
SOSIAS.-Aquel maldito paquidermo tenía una balanza en la cual pesaba grasa
de buey4.
XANTIAS.-! Maldición! Es la Hélade; quiere despedazar a nuestro pueblo5.
SOSIAS.-A su lado creí distinguir a Teoro6, sentado en el suelo con cabeza de
cuervo, y además a Alcibíades, que me dijo tartajeando: «Mira, Teolo tiene cabeza de
cuervo».
XANTIAS.-Nunca ha balbucido más oportunamente Alcibíades.
SOSIAS .-¿Y no encuentras extraño el que Teoro se haya convertido en cuervo?
SOSIAS.-¿Cómo?
XANTIAS.-Al contrario; es excelente.
XANTIAS.-Pues verás. Si de hombre se ha convertido de repente en cuervo
puede conjeturarse sin dificultad, que nos abandonará para irse con los cuervos.
SOSIAS.-Habría de darte dos óbolos por tu habilidad para interpretar los sueños.
XANTIAS.-Pero quiero explicar el asunto a los espectadores y hacerles antes
algunas breves advertencias. No esperéis de nosotros poesía trascendente ni tampoco
chocarrerías de inspiración megarense7. No poseemos ninguna pareja de esclavos que
bombardee a los espectadores con una cesta llena de nueces8 ni un Heracles furioso por
su cena frustrada, ni un Eurípides que censurar; e incluso tampoco tenemos la intención
de presentar a Cleón hecho picadillo, pese al esplendor de su buena suerte; pero
tenemos un asunto bastante ingenioso aunque no arriesga romperos la cabeza y más
inteligente, de fijo, que una farsa vulgar. Nuestro dueño, hombre poderoso, que duerme
en la habitación que está bajo el tejado, nos ha mandado que guardemos a su padre, ?
quien tiene encerrado para que no salga. Este se halla atacado de una enfermedad tan
extraña, que difícilmente la podríais conocer vosotros, ni aún figurárosla, si no os
dijéramos cuál era. ¿No lo creéis? Pues tratad de adivinarlo. Aminias, el hijo de
Pronapo, dice que es la afición al juego; pero se equivoca.
SOSIAS.-Ciertamente. Se le figura que los demás tienen sus vicios.
XANTIAS. No; el mal tiene su raíz en otra afición... Ahí está Sosias, que le dice
a Dercilo que es la afición a la bebida.
3 Este era el distintivo de los jurados.
4 Alusión al oficio de curtidor de Cleón.
5 Aristófanes juega con la palabra griega demos que significa a la vez pueblo y grasa.
6 Un protegido de Cleón
7 Los megarenses se caracterizaban por la grosería de su ingenio.
8 Entre los recursos de mala ley que empleaban los poetas mediocres estaba el de arrojar a los
espectadores nueces y golosinas.
-4-
SOSIAS.-¡Pero esa es una afición de personas decentes! XANTIAS.-
Nicóstrato, el de Escambónides, asegura que es la afición a los sacrificios y a la buena
mesa.
SOSIAS.-!Nada, Nicóstrato! Imposible eso de la buena mesa; basta que el
nombre impúdico de Filóxeno suene a eso mismo para que él lo deteste.
XANTIAS.-En vano os cansáis; no daréis en ello. Mas si queréis saberlo, callad
y yo os diré el mal que aqueja a mi dueño: es un filoheliasta9 desenfrenado; su pasión
por juzgar le vuelve loco; se desespera si no se sienta el primero en el banco de los
jueces. Durante la noche no disfruta ni un instante de sueño: si por casualidad se le
cierran un momento los ojos, su pensamiento revolotea en el tribunal alrededor de la
clepsidra10, y acostumbrado a tener la piedrecilla de los votos11 se despierta con los tres
dedos apretados, como quien ofrece incienso a los dioses en el novilunio. Si ve escrito
en alguna parte: «Hermoso Demo, hijo de Pirilampo», en seguida pone al lado:
«Hermosa urna12 de las votaciones.» Habiendo cantado su gallo al anochecer, dijo que
sin duda le habían sobornado los criminales para que le despertase tarde. En cuanto
cena, pide a gritos los zapatos; corre al tribunal antes de amanecer, y duerme allí
recostado y pegado como una lapa a una de las columnas. Su severidad le hace trazar
siempre sobre las tablillas la línea condenatoria13, de suerte que siempre, como las abejas
o los zánganos, vuelve a su casa con las uñas llenas de cera. Temeroso de que le
falten piedrecitas para las votaciones mantiene ahí dentro un banco de grava. Tal es su
manía; cuanto más se trata de corregirle, más se empeña en juzgar. Ahora le tenemos
encerrado con cerrojos para que no salga, pues su hijo siente en el alma tal enfermedad.
Primero trató de persuadirle con afables palabras a que no llevase el manto burdo ni
saliese de casa, mas no cambió por eso. Luego le bañó y purgó, y siempre lo mismo.
Después trató de curarle con los ejercicios de los Coribantes, y el buen viejo se escapó
con el tambor y se presentó a juzgar en el tribunal. Viendo la ineficacia de estos medios,
lo llevó a Egina y le hizo acostarse una noche en el templo de Asclepios. Pero en el
momento de amanecer apareció ante la cancela del tribunal. Desde entonces no le
dejábamos salir, pero como se nos escapaba por las canales y buhardillas, tuvimos que
tapar y cerrar con paños todos los agujeros. Mas él, clavando palitos en la pared, saltaba
de uno a otro como un grajo. Por último, hemos tenido que rodear con una red todo el
patio, y así le guardamos. El viejo se llama Filocleón; ningún nombre, por Zeus, le está
más propio14 su hijo, aquí presente, se llama Bdelicleón15 y es un joven que tiene una
idea bastante importante dé sí mismo.
9 Aficionado a pleitos y juicios.
10 Reloj de agua, que servía para medir el tiempo concedido a los oradores y abogados para sus arengas y
defensas.
11 Se votaba por medio de piedrecitas.
12 Demo era un hermoso joven, y muchas inscripciones de su nombre que en las paredes se leían
atestiguaban el gran afecto que su hermosura causaba.
13 Para condenar se trazaba sobre una tablilla cubierta de cera una línea larga.
14 Filocleón significa amigo de Cleón. porque este demagogo tenía gran partido entre la gente que
constituía los tribunales a causa de los tres óbolos que les hacía pagar.
15 Bdelicleón significa que detesta a Cleón; de suerte que la lucha entre ambos personajes representa
perfectamente la que entonces sostenían en Atenas el famoso demagogo y el partido aristocrático.
-5-
BDELICLEÓN.-(Asomándose a la ventana.) !Eh, Xantias, Sosias, ¿estáis
durmiendo?
XANTIAS.-¡Ya está ahí ese!
SOSIAS.-¿Qué hay?
XANTIAS.-Que Bdelicleón se ha levantado.
BDELICLEÓN.-A ver, pronto aquí uno de vosotros. Mi padre ha entrado en la
cocina y está royendo no sé qué, como un ratón dentro del agujero. Tú, mira no se
escape por el tubo de los baños; y tú, recuéstate contra la puerta.
SOSIAS.-Entendido, señor.
XANTIAS.- ¡Oh, poderoso Poseidón! ¿Quién hace tanto ruido en la chimenea?
!Eh, tú! ¿quién eres?
FILOCLEÓN.-(Tratando de salir por la chimenea.) Soy el humo que salgo.
BDELICLEÓN-¿Humo? ¿Y de qué leña?
FILOCLEÓN.-Del árbol de los sicofantes16.
BDELICLEÓN.-Ya se conoce, por Zeus, pues es la que despide el humo más
acre. Ea, adentro pronto. ¿Dónde está la tapa de la chimenea? Adentro he dicho.
Encima, para mayor seguridad, pondré esta vigueta. Busca ahora otra salida; soy el más
desdichado de los hombres: mañana podrán llamarme !el hijo del ahumado!17.
SOSIAS.-Empuja la puerta. Aprieta ahora mucho y fuerte. Allá voy yo también.
Ten mucho cuidado con la cerradura y el cerrojo, no vaya a roer el pestillo.
FILOCLEÓN.-(Detrás de la puerta.) ¿Qué hacéis? ¿No me dejáis ir al tribunal,
grandísimos bribones, y Dracóntides18 será absuelto.
BDELICLEÓN.-¿Y te causará mucha pena, no es eso? FILOCLEÓN.-El
oráculo de Delfos, un día que le consulté, me predijo que moriría cuando se me
escapase un acusado19.
BDELICLEÓN.-¡Oh Apolo, patrono nuestro, vaya un oráculo!
FILOCLEÓN.-Vamos, por piedad, déjame salir o reviento. BDELICLEÓN.-
Nunca, Filocleón, nunca; lo juro por Poseidón.
FILOCLEÓN.-Pues romperé la red a mordiscos.
BDELICLEÓN.-¿Pero si no tienes dientes!
FILOCLEÓN.-!Ah, desdicha!... ¿Cómo podría matarle?
¿Cómo? Traedme pronto mi espada, o la tablilla para condenarle a muerte.
BDELICLEóN.-(Ya en el suelo.) Ese hombre maquina alguna trastada.
FILOCLEÓN.-Nada, palabra de honor: sólo deseo salir a vender el asno con su
albarda, hoy, que es la feria de la luna nueva.
BDELICLEÓN.-Y dime: ¿no lo podría vender yo mismo? FILOCLEÓN.-No
tan bien como yo.
BDELICLEÓN.-Muchísimo mejor. Ea, trae el asno. (Filocleón se va en busca
del asno.)
XANTIAS.-¡Buen pretexto ha imaginado para que le sueltes!
BDELICLEÓN.-Pero no he tragado el anzuelo: en seguida he conocido sus
intenciones. Voy a llevar yo mismo el asno, y así el viejo no conseguirá salir. (Saliendo
con el asno bajo el que Filocleón está suspendido.) !Pobre borriquillo! ¿Por qué te
16 Se trata de la higuera.
17 Sobrenombre que se le había dado al poeta cómico Eclántides por la oscuridad de su estilo.
18 Ateniense de mala fama, condenado muchas veces
19 Sin condenarle.
-6-
quejas? ¿Porque vas a ser vendido? Vamos pronto; ¿por qué gimes? ¿Llevas acaso
algún Ulises?20
XANTIAS.-Si, por Zeus; lleva uno atado al vientre.
BDELICLEÓN.-¿Quién? A ver... Sí, ya lo veo. ¿Pero qué es esto? ¿Y tú, buen
hombre, quién eres?
FILOCLEÓN.-Nadie, a fe de los dioses.
BDELICLEÓN. ¿Nadie? ¿Y de dónde sales?
FILOCLEÓN.-Soy de Itaca y vengo fugitivo.
BDELICLEÓN.-¿Con qué nadie? Lo sentirás. Sal de ahí cuanto antes. !Hay que
ver dónde se ha metido! !Si parece un pollino recién parido!
FILOCLEóN.-Si no me soltáis, pleitearemos.
BDELICLEóN.-¿Y por qué?
FILOCLEÓN.-Por la sombra del asno21.
BDELICLEÓN.-No vales para ello, a pesar de tu extremada audacia.
FILOCLEÓN.-¿Qué no valgo! Es que no sabes todavía lo que yo soy; Ya te
enterarás.
BDELICLEÓN.-Entra con el asno en casa.
FILOCLEÓN.-!Oh jueces compañeros míos, y tú, Cleón socorredme!
BDELICLEÓN.-(Encerrando a su padre.) Grita dentro, a puerta cerrada. (A
Sosias.) Pon tú una porción de piedras en la entrada; echa de nuevo el cerrojo; atraviesa
esa tranca, y, para mayor seguridad afiánzala con ese gran mortero.
SOSIAS.-!Ay! ¿De dónde me ha caído esta teja?
XANTIAS.-Quizá te la haya arrojado algún ratón.
SOSIAS.-¿Un ratón? ¡Ca! Es ese maldito juez, que se desliza por entre las tejas.
XANTIAS.-!Oh desgracia! Ese hombre se ha convertido en gorrión. Va a volar.
¿Dónde está, dónde está la red? (Como quien espanta un pájaro.) ¡Eh! ¡Pchist! !Pchist!
¿Fuera de ahí! ¡Pchist!
BDELICLEÓN.-Por Zeus, más quisiera guardar a Escione22 que a mi padre.
SOSIAS.-Puesto que le hemos espantado y ya no puede escapársenos
furtivamente, ¿por qué no dormimos un poco?
BDELICLEÓN.-Pero, desdichado, ¿no ves que dentro de poco vendrán a
llamarle sus compañeros de tribunal?
SOSIAS.-¿Qué dices? Si aún no ha amanecido.
BDELICLEÓN.-Es verdad además hoy se levantan más tarde de lo
acostumbrado, porque suelen venir con sus linternas a medianoche y le llaman cantando
dulces versos de las Fenicias del antiguo Frínico.
SOSIAS.-Pues, si es preciso, los apedreamos.
BDELICLEÓN.-No hay que ser temerarios; esa casta de viejos, cuando se la
enfurece, es como la de las avispas; pues en la rabadilla tienen un aguijón agudísimo
con el cual pican y saltan gritando y lo lanzan como una centella.
SOSIAS.-Pierde cuidado: tenga yo piedras y dispararé todo un enjambre de
jueces.
20 Alusión a cierto episodio de «La Odiseas
21 Es decir por una futileza.
22 Ciudad de Tracia, que por influencia de Brasidas se rebeló contra Atenas.
-7-
(Entran en la casa y poco después se presenta el Coro de jueces vestidos de avispas.
Unos niños les preceden con linternas).
EL CORIFEO.-(Llevando a los coreutas.) Adelante, paso firme. ¿Te retrasas,
Comias? Por Zeus, antes no eras así; al contrario, eras más duro que una correa de
perro: ahora Carínades te gana a andar. !Oh Estrimodoro de Contilo, el mejor de los
jueces! !Están ahí por casualidad Evergides y Cábes de Filios? Aquí tenéis cuanto queda
de aquella juventud que florecía cuando tú y yo hacíamos centinela en Bizancio:
entonces, en nuestras correrías nocturnas, le robamos su artesa a aquella panadera: la
hicimos astillas, y cocimos unas verdolagas. Pero apresurémonos, amigos: hoy es el
juicio de Laques23; todos dicen que tiene su colmena llena de dinero. Por eso Cleón,
nuestro patrono, nos mandó ayer que acudiéramos temprano, provistos para tres días de
terrible cólera contra él, a fin de vengarnos de sus injurias. Ea, aprisa, compañeros,
antes de que amanezca. Marchemos mirando a todas partes con ayuda de las linternas,
no caigamos por falta de precaución en algún lazo.
UN NIÑ0.-(Que lleva una linterna para iluminar la marcha de los viejos.) Padre,
padre, cuidado con esa charca.
EL CORIFEO.-Coge esa pajita del suelo y despabila la mecha.
EL NIÑO.-No; ya la despabilo con el dedo.
EL CORIFEO.-Niño, ¿no ves que con el dedo vas a alargar la mecha, ahora que
anda tan escaso el aceite? Bien se ve que no eres tú quien lo compra.
NIÑO.-Por Zeus, si continuáis amonestándonos así, apagamos las linternas y nos
vamos a casa. Entonces os quedaréis a Oscuras y andaréis removiendo barro, como si
fueseis patos.
EL CORIFEO.-Yo castigo a otros mayores. Pero me parece que voy pisando
barro. Mucho será que, a lo más, dentro de cuatro días, no llueva copiosamente. ¡Tanto
crece el pabilo de mi lámpara! Este suele ser signo de gran lluvia. Además, los frutos
tardíos están pidiendo el agua y el soplo del Bóreas. Pero ¿qué le habrá sucedido al
colega que vive '' en esa casa, que no sale a reunirse con nosotros? A fe que antes no
había que sacarle a remolque; él iba delante de nosotros cantando versos de Frínico,
pues es aficionado a la música. Pienso, compañeros, que debemos pararnos aquí, y
llamarle cantando; quizá la melodía de mi canción le haga salir.
EL CORO.-¿Por qué no se presenta el viejo delante de su puerta, y ni siquiera
nos responde? ¿Habrá perdido los zapatos? ¿Se habrá dado algún golpe en el pie
andando a oscuras y tendrá hinchado el tobillo? ¿Tendrá, quizá, algún bubón? Pues era
el más acérrimo de nosotros y el único inexorable. Si alguno le suplicaba, le decía,
bajando la cabeza: «Cueces un guijarro»24. Puede que haya tomado a pecho el
habérsenos escurrido con mentiras aquel acusado, proclamándose amigo de los
atenienses y primer revelador de lo ocurrido en Samos25; quizá esto le tenga con fiebre,
porque el hombre es así. Vamos, amigo mío, levántate, no te dejes acoquinar por las
adversidades. Hoy va a ser juzgado un hombre opulento de los que entregaron a Tracia.
Ven a condenarlo. Anda adelante, muchacho; anda adelante.
23 General ateniense que mandó la escuadra enviada a Sicilia en auxilio de los Leontinos.
24 Es decir: intentas un imposible.
25 Alusión a un episodio militar contemporáneo.
-8-
EL NIÑO.-Padre, si te pido una cosa ¿me la darás?
EL CORO.-¡Claro que sí, hijito mío! ¿Qué cosa buena quieres que te compre?
¿No será un juego de tabas?
EL NIÑO.-No papá; lo que quiero, son higos secos. Es más azucarado.
EL CORO.-Eso no, aunque te ahorques.
EL NIÑO.-Pues no te acompaño más.
EL CORO.-Con mi mezquino sueldo de juez tengo tres personas a quienes
comprar pan, leña y carne, ¿y aún me pides tú higos?
EL NIÑO.-Y bien, padre mío; si al arconte se le antoja que no haya hoy tribunal,
¿dónde compraremos la comida? ¿Puedes darme alguna nueva esperanza, o sólo
designarme el sagrado camino de Heles?26.
EL CORO.-La verdad es que no sé ¡ay! cómo cenaremos.
EL NIÑO.-¿Por qué me pariste, mi pobre madre, si tanto había de costarme
sostener mi vida?
EL CORO.-Para darse la pena de sustentarte.
EL NIÑO.-¡Oh bolsillito mío, ya sólo eres un adorno inútil.
EL CORO Y EL NIÑO.-Gimamos a coro.
FILOCLEÓN.-(Asomándose a la ventana.) Hace rato, amigos míos, que os oigo
desde esta ventana y deseo responderos; pero no me atrevo a cantar. ¿Qué haré? Estos
me tienen cerrado porque quiero ir con vosotros hasta las urnas para ejercer mi
severidad. ¡Oh Zeus, truena con furia y conviérteme de repente en humo, O en
Proxénides, o en el hijo de Selo27, charlatán infatigable! Compadecido de mi suerte,
otórgame esta gracia, Númen poderoso, o si no, redúceme a cenizas con tu ardiente
rayo, o arrástrame con tu impetuoso viento a una salmuera ácida e hirviente, O transfórmame
en aquella piedra sobre la cual se cuentan los votos.
EL CORO.-Pero ¿quién te secuestra, cerrando la puerta? Puedes decirlo, ya
sabes que hablas con amigos.
FILOCLEÓN.-ES mi propio hijo; pero no gritéis: duerme en la parte anterior de
la casa; hablad más bajo.
EL CORIFEO.-¿Y qué motivos tiene para obrar así? ¿Qué pretexto?
FILOCLEÓN.-NO quiere que yo vaya al tribunal, queridos amigos, y que
pronuncie penas; sólo desea que me dé buena vida y yo renuncio.
EL CORO.-¿Cómo se atreve a tanto ese tunante? Nunca hubiera tenido tal
osadía si nO- estuviera comprometido en alguna conspiración.
EL CORIFEO.-Pero puestas así las cosas tienes que intentar alguna nueva
estratagema para bajar aquí sin que te vea tu carcelero.
FILOCLEÓN.-¿Cómo? Inventadlo vosotros; a todo estoy dispuesto; tal es el
deseo que me abrasa de recorrer los bancos y de emitir mi voto.
CORO.-¿Hay, di, algún agujero que puedas ensanchar por dentro, para escurrirte
por él cubierto de andrajos como el ingenioso Ulises?
FILOCLEÓN.-Todo está obturado y sin el más mínimo agujero por donde
pudiera pasar un mosquito.
EL CORIFEO—¿Te acuerdas cuando en la toma de Naxos, estando de servicio,
te escapaste clavando en la muralla unos asadores que habías robado?
26 Es decir, el suicidio, arrojándose al mar.
27 Proxénides y el hijo de Selo (Esquines) eran dos hábiles charlatanes capaces con su locuacidad de salir
de los trances más apurados.
-9-
FILOCLEÓN.-Ya me acuerdo; pero ¿y qué? Ahora no es lo mismo. Entonces
era joven y estaba lleno de vigor y energía para robar; además, nadie me custodiaba y
podía huir seguramente. Ahora hay apostados en todas las salidas centinelas que me
espían: dos de ellos colocados junto a la puerta, me observan, con asadores en las
manos, como a un gato que ha robado carne.
EL CORO.-Pues inventa cuanto antes otro medio, que ya llega la aurora, querida
abeja.
FILOCLEÓN.-El medio más expeditivo será entonces roer la red. Que Artemis
me perdone lo que voy a hacer con este instrumento de caza.
EL CORO.-Eso es obrar como hombre amante de la libertad. Dale duro a las
mandíbulas.
FILOCLFÓN.-Ya está roído: pero no gritéis; mucho cuidado, no nos oiga
Bdelicleon.
EL CORO.-Nada temas, amigo mío, nada temas; si chista, le obligaré a
morderse su propio corazón y a combatir por su existencia, para que entienda que no se
conculcan impunemente las leyes de las dos diosas28 Ata una cuerda a la ventana,
sujétate con ella y baja henchido del furor de Diopites29.
FILOCLEÓN.-Sí; pero si mis guardianes advierten lo que hago y tiran de la
cuerda para llevarme adentro, ¿qué es lo que haréis?
EL CORIFEO.-Te defenderemos con todo el rigor de un corazón tallado en el
roble. No te mantendrán encarcelado. Eso es lo que haremos.
FILOCLEÓN.-Haré lo que decís, confiado en vosotros; mas acordaos si alguna
desgracia me sucede, de levantarme con vuestras manos y, después de regarme con
vuestras lágrimas, sepultadme bajo la cancela del tribunal.
EL CORIFEO.-Nada te sucederá, no temas; vamos, valiente, descuélgate sin
miedo invocando a los dioses de la patria.
FILOCLEÓN.-¡Oh! Lico30, mi señor, héroe y vecino mío! Tú, como yo, te
deleitas con las lágrimas perpetuas y los lamentos de los acusados; por oírlos, sin duda,
has elegido ese lugar, siendo el único de los héroes que has querido vivir junto a los
desgraciados: ten compasión de mí y salva a este tu vecino fiel. Nunca, te lo juro, nunca
mancharé tu verja de madera con ningún excremento como hacen otros.
BDELICLEÓN.-(Interpelando a Sosias desde lo alto del techo.) ¡Eh, tú, alerta!
SOSIAS.-¿Qué ocurre?
BDELICLEÓN.-Oigo una voz aquí cerca. ¿Será todavía el viejo que trata de
escurrirse?
SOSIAS.-No, por Zeus; no es eso lo que ocurre es que se está dejando caer a lo
largo de una cuerda.
BDELICLEÓN.-¿Qué haces, triple canalla? Pues no lograrás tu intento. (A
Sosias.) Date prisa para subir por el otro lado y coge esta rama para darle duro.
28 Deméter y Perséfone. La profanación de sus misterios era una de las acusaciones más frecuentes y
graves en Atenas.
29 Adivino, amigo de Nicias, acusado de robo al erario público, orador furibundo.
30 Los dioses tutelares de Atenas eran Zeus y Apolo, pero Aristófanes supone que lo es Lico, hijo de
Pandión, cuya estatua se elevaba junto al paraje donde se pagaba a los jueces el triple óbolo.
-10-
FILOCLEÓN.-(A sus amigos.) ¿No me socorréis, Esmicitión, Tisíades, Cremón,
Ferédipes y cuantos habéis de comparecer en los procesos de este año? ¿Cuándo me
auxiliaréis, si no es ahora, antes de que me arrastren allá dentro?
EL CORIFEO.-Decidme: ¿por qué tardamos en remover aquella bilis que hierve
furiosa contra todo el que ofende a nuestro enjambre?
EL CORO.-Enderecemos el aguijón vengador. Muchachos, pronto, arrojad
vuestro manto; corred, gritad, advertid a Cleón lo que sucede. Decidle que venga y que
castigue a ese hombre enemigo de la ciudad y digno del último suplicio, pues se atreve a
pedir la supresión de los tribunales.
BDELICLEÓN.-Buenos amigos, cesad en vuestros gritos y oíd lo que ocurre.
EL CORIFEO.-Pondremos el grito en el cielo.
BDELICLEÓN.-Podéis estar seguros de que no lo soltaré EL CORIFEO.-
¿NO es esto formidable? ¿No es pura tiranía?
EL CORO.-Yo os invoco, oh República: Teoros, tú el enemigo de los dioses y a
todos los charlatanes que nos gobernáis.
XANTIAS.-(A Bdelicleón.) ¡Socorro, Heracles! Están provistos de dardos. ¿No
los ves, mi amo?
BDELICLEÓN.-Son los que en el tribunal dieron muerte a Filipo, el discípulo
de Gorgias.
EL CORO.-Y los que te atravesarán a tí. Ea, dirijámonos todos contra él;
acometámosle con el aguijón desenvainado, en buen orden, llenos de ira y de furor, para
que conozca al fin a qué enjambre ha irritado.
XANTIAS.-¡Maldición! Va a haber pelea; tiemblo al ver esos aguijones.
EL CORO.-Suelta a nuestro amigo; si no, yo te aseguro que has de envidiar a las
tortugas la dureza de su concha.
FILOCLEÓN.-Ea, compañeros, rabiosas avispas, precipitaos unos con furia
sobre sus nalgas; picadle otros los ojos y las manos.
BDELICLEÓN.-(Llamando a sus esclavos.) ¡Midas, Frigio, Masintias, acudid!
¡Sujetadle y no le soltéis por nada del mundo; si no, ayunaréis en el cepo! Ya sé yo que
casi siempre es más el ruido que las nueces.
EL CORO.-Si no lo sueltas, te clavaré el aguijón.
FILOCLEÓN.-Cecrops, mi amo y señor, verdadero dragóntida con cola de
serpiente, ¿consentirás que así me traten estos bárbaros, a quienes he enseñado a llevar
su quénice con cuatro medidas de lágrimas?
EL CORO.-¡Qué terribles males afligen a la vejez! Ahora esos dos ingratos
sujetan a viva fuerza a su anciano señor, y no se acuerdan de las pieles y pequeñas
túnicas que les compró en otro tiempo, ni de las monteras de piel de perro, ni del
cuidado que tenía para que en el invierno no se les
enfriasen los pies; pero en su impudente mirada no se ve el menor agradecimiento por
los viejos zapatos.
FILOCLEÓN.-¿NO me soltarás, cochina bestia? ¿No te acuerdas de cuando te
sorprendí robando uvas y te até a un olivo y te vapuleé hasta el punto de que daba gloria
verte? Pero eres un ingrato, suéltame tú; y tú también, antes de que venga mi hijo.
EL CORO.-No tardaréis en pagar vuestro atrevimiento; así comprenderéis,
bribones, que os las habéis con hombres justicieros, iracundos, de terrible mirada.
BDELICLEÓN.-Sacúdeles, sacúdeles, Xantias; arroja de casa estas avispas.
XANTIAS.-Eso estoy haciendo; (a Sosias) ahuyéntalas tú también con una
densa humareda.
SOSIAS.-¿No os iréis al infierno? !Ah!, ¿no os largáis? Pues palo con ellos.
BDELICLEÓN.-Para acabar de ahumarlos echad a Esquines, hijo de Selarcio.
-11-
XANTIAS-(Viendo que el Coro cede resistencia.) Estaba seguro de que en fin
de cuentas llegaríamos a ponerlos en derrota.
BDELICLEÓN.-No lo hubiéramos conseguido tan fácilmente si hubiesen
comido versos de Filocles31.
EL CORO.-¿No está claro como la luz para todos los pobres que la tiranía se ha
introducido aprovechándose de nuestro descuido? Y tú, perverso y arrogante secuaz de
Aminias, nos arrebatas las leyes que rigen la ciudad y, como dueño absoluto, ni siquiera
disculpas tu usurpación con un pretexto o con una elegante arenga.
BDELICLEÓN.-¿No podríamos, sin golpes ni alharacas, conferenciar como
buenos amigos y hacer las paces?
EL CORIFEO-¿Conferenciar contigo, enemigo del pueblo, empedernido
monárquico, amigo de Brásidas32, que llevas franjas de la lana y cuyos largos bigotes no
conocen las tijeras?
BDELICLEÓN. Positivamente, más me valdría abandonar a mi padre que sufrir
todos los días semejantes borrascas.
EL CORIFEO.-Pues aún no está el perejil en la calle33, como dice el
proverbio. Hasta ahora no tienes de qué quejarte; pero ya verás, ya verás, cuando el
acusador publico te eche en cara todos esos crímenes y emplace a tus conjurados34.
BDELICLEÓN.-Pero, ¿no os iréis, por todos los dioses? Mirad que si no, estoy
resuelto a moleros a palos sin descanso.
EL CORO.-No, jamás, mientras me quede un soplo de vida. Bien claro veo tus
aspiraciones a la tiranía.
BDELICLEÓN.-Es fuerte cosa que, sea grande o pequeño el motivo, a todo lo
hemos de llamar tiranía y conspiración. Durante cincuenta años, ni una sola vez oí ese
dichoso nombre de tiranía; pero ahora es más común que el del pescado salado, y en el
mercado no se oye otra cosa. Si uno compra orfos y no quiere membradas, el que vende
estos peces en el puesto inmediato grita al momento: «Ese hombre quiere regalarse
como durante la tiranía.» Si otro pide puerros para sazonar las anchoas, la verdulera,
mirándote de soslayo, le dice: «Puerros, ¿eh? ¿Quieres restablecer la tiranía? ¿O piensas
que Atenas te ha de pagar los condimentos?»
XANTIAS.-Sin ir más lejos, yo entré ayer al mediodía en casa de una cortesana,
y porque la propuse ciertos ejercicios hípicos, me preguntó furiosa si quería restablecer
la tiranía de Hipias.
BDELICLEÓN.-Eso le agrada al pueblo, y a mí, porque quiero que mi padre
cambie de costumbres y dejándose de delaciones y pleitos y miserias, no salga de casa
al amanecer y viva espléndidamente como Morsicos35, me acusan de conjuración y
tiranía.
FILOCLEÓN.-Y te está muy bien empleado, pues ni por todas las delicias del
mundo dejaría yo este género de vida de que pretendes apartarme. A mi no me gustan
las rayas ni las anguilas; un pleito pequeñito cocido en su correspondiente tartera lo
encuentro mucho más sabroso.
31 poeta trágico, cuyos versos eran muy duros.
32 General lacedemonio.
33 Expresión proverbial que significa no haber empezado a sufrir aún los peores inconvenientes.
34 Las acusaciones de aspirar a la restauración de la tiranía eran frecuentes en Atenas.
35 Poeta trágico y gran gastrónomo
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BDELICLEÓN.-Claro está, como que te has acostumbrado a ello; pero si puedes
callar y escuchar con paciencia lo que te digo, creo que te demostraré cuán engañado
estás.
FILOCLEÓN.-¿Que yo me engaño cuando juzgo?
BDELICLEÓN.-¿Pero no estás viendo cómo se burlan de ti esos hombres36 a
quienes rindes culto y adoración? ¿Que no eres más que su esclavo?
FILOCLEÓN.-¡Esclavo yo! Yo, que mando a todo el mundo.
BDELICLEÓN.-No lo creas; te haces la ilusión de que mandas, y eres un
esclavo; y si no, dime, padre: ¿qué provechos obtienes de las recaudaciones que le
procuras a Grecia?
FILOCLEÓN.-Muchos provechos; apelo al testimonio de esos amigos.
BDELICLEÓN.-Acepto el arbitraje; (a los esclavos) soltadle. ya.
FILOCLEÓN. Dadme una espada. Si tus argumentos me vencen, me atravesaré
con ella.
BDELICLEÓN. -Y si no, ¿te conformas con la sentencia de esos árbitros?
FILOCLEÓN.-Jamás volveré a beber vino en honor del Buen Genio.
EL CORO.-Ahora, tú que formas parte de nuestra escuela, es preciso que
encuentres nuevas razones, a fin de...
BDELICLEÓN.-Traedme aquí cuanto antes unas tablillas pues quiero anotar
fielmente todo lo que va a decir, para tenerlo bien presente.
EL CORO.-Y no adoptes el estilo de ese joven. Ya ves la inmensa importancia
que tiene para tí este debate; es decisivo y tu adversario está resuelto a batirte, aunque
esperamos que no lo conseguirá.
FILOCLEÓN.-¿Y qué sucederá si sale él vencedor en esta controversia?
EL CORO.-La turba de los viejos no servirá para nada. En todas las calles se
burlarán de nosotros, llamándonos talóforos37 y mondaduras de pleitos. Tú, que vas a
defender nuestra soberanía, despliega, pues, atrevidamente, todos los recursos de tu
lengua.
FILOCLEÓN.-Empezaré por probar desde las primeras palabras que nuestro
poder no es menor que el de los reyes más poderosos. Pues ¿quién más afortunado,
quién más feliz que un juez? ¿Hay vida más deliciosa que la suya? ¿Existe algún animal
más temible, sobre todo si es viejo? Para cuando salto del lecho, ya me están esperando
unos hombres de cuatro codos que me escoltan hasta el tribunal; apenas me presento,
una mano delicada, que fué esquilmadora del erario, estrecha blandamente la mía; los
acusados abrazan suplicantes mis rodillas, y me dicen con lastimera voz: «Ten
compasión de mí, padre mío; te lo pido por los hurtos que hayas podido cometer en el
ejercicio de alguna magistratura o en el aprovisionamiento del ejército.» Pues bien, éste
a quien me refiero, no sabría siquiera si yo existía si no le hubiera absuelto la primera
vez.
BDELICLEÓN.-Tomo nota de lo que dices sobre los suplicantes.
FILOCLEÓN.-Entro después, abrumado de súplicas, y, calmada mi cólera, suelo
hacer en el tribunal todo lo contrario de lo que había prometido; pero escucho a una muchedumbre
de acusados que en todos los tonos piden la absolución. ¡Oh! ¡Cuántas
palabras de miel pueden oír allí los jueces! Unos lamentan su pobreza, y añaden males
fingidos a los verdaderos hasta lograr que sus desgracias igualen a las nuestras; otros
recitan fábulas; éstos nos refieren alguna gracia de Esopo; aquéllos dicen un chiste para
36 Por los demagogos y los oradores
37 Ancianos que llevaban ramas de olivo en las grandes Panateneas, y también los que sólo servían para
esta función.
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hacerme reír y desarmar mi ira. Cuando tales recursos no nos vencen, se presentan de
pronto trayendo sus hijos e hijas de la mano; yo presto atención; ellos, desgreñado el
cabello, prorrumpen en berridos; el padre, temblando, me suplica como a un dios que le
absuelva, siquiera por ellos. «Si te es grata la voz de los corderos, dice, compadécete de
la de mi hijo.» «Si te gusta más la de las cerditas procura conmoverte con la de mi hija.»
Entonces disminuímos un poco nuestro furor. ¿No es esto, decidme, un gran poder que
nos permite despreciar las riquezas?
BDELICLEÓN.-Nota segunda: el desprecio de las riquezas. Dime ahora cuáles
son esas ventajas por las cuales te crees señor de Grecia.
FILOCLEÓN.-También cuando se examina la edad de los niños tenemos el
privilegio de verlos desnudos. Si Eagro38 es citado a juicio, no consigue salir absuelto
hasta después de habernos recitado el más hermoso trozo de la Niobe39. Si gana un
flautista el pleito, en pago de la sentencia se pone delante de la boca la correa40, y nos
toca al salir el tribunal una marcha primorosa. Cuando muere un padre disponiendo con
quién ha de casarse su hija y única heredera, nosotros hacemos caso omiso del
testamento y de la conchita41 que con tanta gravedad cubre sus sellos, y entregamos la
hija a quien ha sabido ganarnos con sus súplicas. Y todo esto sin la menor
responsabilidad. Cítame otro cargo que tenga este privilegio.
BDELICLEÓN.-Te felicito por ese privilegio, que hasta ahora es el único; pero
eso de anular el testamento de la única heredera me parece injusto.
FILOCLEÓN.-Además, cuando el Consejo y la Asamblea del pueblo no saben
qué decir sobre algún grave asunto, dan un decreto para que los acusados comparezcan
ante los jueces. Entonces Evatlo42 y el ilustre Sleónimo, grande adulador y arrojador de
escudos, juran no abandonarnos nunca y combatir por la muchedumbre. Y dime, ante el
pueblo, ¿ha podido nunca orador alguno hacer prevalecer su opinión si no ha dicho
antes que los jueces deben retirarse en cuanto hayan sentenciado un solo pleito? El
mismo Cleón, que todo lo avasalla con sus alaridos, no se atreve a mordernos; al
contrario, vela por nosotros, nos acaricia y nos espanta las moscas. ¿Has hecho tú eso ni
una vez siquiera por tu padre? Pues, hijo mío, Teoro, el mismo Teoro, aunque no vale
menos que el ilustre Eufemio43, coge una esponja del barreño y nos limpia los zapatos.
Considera, pues, de qué bienes quieres excluirme y despojarme; mira si esto es servidumbre
y esclavitud, como decías.
BDELICLEÓN.-Desahógate a gusto; día llegará en que conozcas que esa tu
decantada autoridad se parece a un trasero sucio.
FILOCLEÓN.-Pero se me olvidaba lo más delicioso: cuando entro en casa con
el salario, todos corren a abrazarme, atraídos por el olorcillo del dinero; en seguida mi
hija me lava, me perfuma los pies y se inclina sobre mí para besarme; me llama «papá
querido» y me pesca con la lengua la moneda de tres óbolos que llevo en la boca.
Después mi mujercita, toda mimos y halagos, me presenta una tarta riquísima, se sienta
38 Célebre actor trágico.
39 Tragedia de Esquilo en que Eagro hacía el papel principal. 40 Costumbres de los flautistas.
40 Costumbres de los flautistas.
41 Se cubría el sello con la valva de un molusco para conservarlo mejor
42 Orador de mala reputación.
43 Vil adulador.
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a mi lado y me dice cariñosa: «Come esto, prueba esto otro.» Lo cual me deleita infinito
y me libra de miraros a la cara a tí ni al mayordomo, para ver cuándo os dignaréis
servirme la comida, gruñendo y maldiciéndome. Mas para cuando mi mujer no me trae
pronto la torta, tengo este quitapesares44, muralla en que se estrellan todos los dardos.
Por si no me das de beber, he traído este soberbio porrón con dos asas a modo de orejas
de asno. ¡Cómo rebuzna cuando, inclinándome hacia atrás, apuro su contenido! Sus
terribles cloqueos ahogan el ruido de tus odres. Mi poder es por lo menos igual, igual al
del padre de los dioses, pues hablan de mí como del propio Zeus. Cuando nos
alborotamos suelen decir todos los transeúntes: «Zeus soberano, cómo truena el
tribunal.» Y cuando lanzo el rayo de mi indignación, ¡oh! entonces es de ver cómo me
halagan todos y cómo el terror descompone el vientre a los más ricos y soberbios. Tú
mismo me temes más que ningún otro; sí, por Deméter, me tienes mucho miedo. Yo en
cambio, que me muera si tengo miedo de ti.
EL CORO.-Nunca habíamos oído hablar con tanta claridad e inteligencia.
FILOCLEÓN.-Sin duda; esperaba poder vendimiar una viña abandonada; pero
ignoraba que en ese terreno soy un maestro.
EL CORO.-!Qué bien lo ha dicho todo! ¡De nada se ha olvidado! Me
enorgullecía al oírle. Ya pensaba estar administrando justicia en las Islas Afortunadas.
¡Tal es el en. canto de su elocuencia!
FILOCLEÓN.-¡Ved ahora como gesticula! ¡Ya no cabe en el pellejo! Infeliz,
palabra de honor que hoy te haré trabar conocimiento con el látigo.
EL CORO.-Si quieres salir vencedor, preciso es que emplees todos tus ardides.
Difícil es templar mi cólera, sobre todo hablando en contra mía.
EL CORIFEO.-Por tanto, si nada bueno tienes que decir, ya puedes buscar una
muela buena y recién cortada para quebrantar nuestra ira.
BDELICLEóN.-Ardua, atrevida y superior a las fuerzas de un poeta cómico es
ciertamente la empresa de desarraigar de la ciudad un vicio tan inveterado. Sin
embargo, oh padre mío, hijo de Cronos...45
FILOCLEÓN.-Detente y nada de padre. Porque si sobre la marcha no me
manifiestas que soy un esclavo, no habrá para ti medio de librarte de la muerte, aunque
me vea privado de participar de los festines en los sacrificios46.
BDELICLEÓN.-Escucha, pues, querido padre, y desarruga un poco tu entrecejo.
Empieza por calcular no con piedrecillas, sino con los dedos (la cuenta no es difícil),
cuál es el total de los tributos que nos pagan las ciudades aliadas; a ellos agrega los
impuestos personales, los céntimos, las rentas, los derechos de los puertos y mercados y
el producto de los salarios y confiscaciones. En junto sumarán unos dos mil talentos.
Cuenta ahora el sueldo anual de los jueces, que son unos seis mil y hallarás que
asciende, si no me equivoco, a ciento cincuenta talentos.
FILOCLEÓN.-De modo que nuestro sueldo no llega a la décima parte de las
rentas.
BDELICLEÓN.-Ciertamente que no llega.
FILOCLEÓN.- ¿Y a dónde va a parar entonces el resto del dinero?
BDELICLEÓN.-A los que gritan: "Nunca haremos traición al pueblo ateniense;
siempre combatiremos por la democracia." Tú, padre mío, engañado por sus palabras,
44 Es decir, su salario
45 Cronos, nombre griego de Saturno. Personificación del tiempo.
46 Pena aneja a la que se imponía por el delito de homicidio.
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dejas que te dominen. Ellos, en tanto, arrancan a los aliados los talentos por
cincuentenas, aterrándoles con estas amenazas: «O me pagáis tributo o no dejo piedra
sobre piedra en vuestra ciudad.» Y tú te contentas con roer los zancajos que les sobran.
A los aliados, en tanto, viendo que la multitud ateniense vive miserablemente de su
salario de juez, les importa tanto de tí como del voto de Comio; mas a ellos les traen a
porfía orzas de conservas, vino, tapices, queso, miel, sésamo, cojines, frascos, túnicas
preciosas, coronas, collares, copas; en fin, cuanto contribuye a la salud y a la riqueza; y
a ti, que mandas en ellos, después de tus infinitos trabajos en mar y tierra, ni siquiera te
dan una cabeza de ajos para guisar pececillos.
FILOCLEÓN.-Efectivamente, eso es muy cierto, yo mismo he tenido que enviar
a casa de Eucárides47 a por tres cabezas. Pero me consumes no probándome esa
pretendida esclavitud.
BDELICLEÓN.-¿No es esclavitud, y grande, el ver a to-' dos esos bribones y a
sus aduladores ejerciendo las principales magistraturas y cobrando sueldos soberbios?
¡Tú, con tal que te den los tres Óbolos, ya estás tan contento! ¡Tú, que, has ganado para
ellos todos esos bienes, peleando por mar y tierra y sitiando ciudades! Pero lo que más
me irrita es que te obliguen a asistir al tribunal de orden ajena, cuando un jovenzuelo
disoluto, el hijo de Quéreas, por ejemplo, ese que anda con las piernas separadas y aire
afeminado y lascivo, entra en casa y te manda que vayas a juzgar muy temprano y a la
hora fijada, porque todo el que se presente después de la señal no cobrará el trióbolo. El,
en cambio, aunque llegue tarde, cobra un dracma como abogado público48. Después, si
un acusado le da algo, hace partícipe de ello a su colega, y ambos procuran arreglar
como puedan el negocio. Entonces es de ver cómo, a modo de aserradores de leña, uno
lo suelta y otro lo toma; y cómo tú te estás con la boca abierta y con los ojos fijos en el
pagador público, sin notar sus manejos.
FILOCLEÓN.-¡Eso hacen conmigo! ¿Pero qué dices? Me destrozas el corazón.
Ya no sé ni lo que pienso ni lo que digo.
BDELICLEÓN.-Considera, pues, que tú y todos tus colegas podíais
enriqueceros sin dificultad, si no os dejaseis arrastrar por esos aduladores que están
siempre alardeando de amor al pueblo. Tú, que imperas sobre mil ciudades desde la
Cerdeña al Ponto, sólo disfrutas del miserable sueldo que te dan, y aún eso te lo pagan
poco a poco, gota a gota, como aceite que se exprime de un vellón de lana; en fin, lo
preciso para que no te mueras de hambre. Quieren que seas pobre, y te diré la razón:
para que, reconociéndoles por tus bienhechores estés dispuesto, a la menor instigación,
a lanzarte como un perro furioso sobre cualquiera de sus enemigos. Como quieran, nada
les será más fácil que alimentar al pueblo. ¿No tenemos mil ciudades tributarias? Pues
impóngase a cada una la carga de mantener veinte hombres y veinte mil ciudadanos49
vivirán deliciosamente, comiendo carne de liebre, llenos de toda clase de coronas,
bebiendo la leche más pura, gozando, en una palabra, de todas las ventajas a que les dan
derecho nuestra patria y el triunfo de Maratón. En vez de eso, como si fuerais jornaleros
ocupados en recoger la aceituna, le vais pisando los talones al que lleva la paga.
FILOCLEÓN.-¡Ay! Súbito hielo entorpece mi mano; no puedo sostener la
espada; me siento desfallecer.
47 Músico que se había arruinado con sus prodigalidades.
48 Estos «Abogados públicos» recibían un dracma diario cuando estaban encargados de alguna defensa.
Constituían una especie de magistratura anual, compuesta de diez ciudadanos elegidos a suerte.
49 El censo de Atenas, sin incluir a los habitantes extranjeros.
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BDELICLEÓN.-Esos intrigantes, cuando cobran miedo, os dan la Eubea y
prometen distribuir cincuenta celemines de trigo; nunca te han dado, bien lo sabes, más
de cinco celemines, y ésos con mil molestias, midiéndolos uno por uno y exigiéndote,
previa justificación, de no ser extranjero. Ahí tienes por qué te tengo encerrado siempre,
con el deseo de ser yo mismo el que te mantenga y librarte de insolentes burlas.
Resuelto estoy a darte todo cuanto quieras, salvo a beber leche de alguacil.
EL CORIFEO.-¡Cuán sabio era el que dijo!: "No juzgues sin haber oído a ambas
partes." (A Bdelicleón). Ahora me parece que tú tienes sobrada razón. Mi cólera se
calma, y dejo caer este palo.
EL PRIMER SEMICORO.-(A Filocleón.) Cede, cede a sus consejos, colega y
contemporáneo nuestro; no seas obstinado ni hagas alarde de tenacidad inflexible.
¡Ojalá tuviera yo un pariente o amigo que así me aconsejase! Hoy, que se te aparece un
dios para socorrerte y colmarte de favores, recíbelos propicio.
BDELICLEÓN.-Sí, yo le mantendré y le daré cuanto un anciano puede desear:
sabrosas papillas, blancas túnicas, un fino manto y una cortesana que le frote los riñones
y el sexo. Pero se calla, con la lengua helada. Mala espina me da.
EL SEGUNDO SEMICORO.-Es que recobra la razón en el mismo punto en que
la había perdido; reconoce su culpa, y se arrepiente de haber desoído tanto tiempo tus
exhortaciones. Quizá ahora, más cuerdo, se propone mudar de costumbres y obedecerte
en todo.
FILOCLEON.-¡Ay de mí!
BDELICLEÓN.-¿Por qué esa exclamación?
FILOCLEÓN.-Déjate de promesas; lo que yo quisiera es estar allí, sentarme allí
donde el ugier grita: «El que no haya emitido todavía su voto, que se levante.» ¡Ah!,
¿por qué no me he de encontrar junto a las urnas y depositar en ellas el último mi voto?
¡Apresúrate, alma mía! Alma mía, ¿dónde estás? Tinieblas, abridme paso. ¡Oh¡, te juro,
por Heracles, que mi más vehemente deseo es sentarme hoy entre los jueces y atrapar a
Cleón con las manos en la masa.
BDELICLEÓN.-En nombre de los dioses, padre mío, escúchame.
FILOCLEÓN.-¿Escucharte qué? Pídeme a tu vez cuanto quieras, menos una
cosa.
BDELICLEÓN.-¿Qué cosa, di, di?
FILOCLEÓN.-El que no siga juzgando; antes de consentirlo, Hades me llevará.
BDELICLEÓN.-Entendido; ya que tanto te gusta administrar justicia,
adminístrala aquí y ejerce tu magistratura entre el personal de la casa. No necesitas
molestarte en ir al tribunal.
FILOCLEÓN.-¿Justicia aquí? ¿Y sobre qué? ¿Me crees idiota?
BDELICLEÓN.-En casa puedes hacer lo mismo que allí: si la criada abre
clandestinamente la puerta, la condenas a una simple multa; es decir, exactamente igual
que en el tribunal. Todo lo demás se hará también como allí, se acostumbra: cuando
caliente el sol, juzgarás desde la mañana sentado al sol; y cuando nieve o llueva,
sentado ante el hogar; así, aunque te levantes al mediodía ningún tesmoteta50 te
prohibirá la entrada en el tribunal.
FILOCLEÖN.-Eso me agrada.
BDELICLEÓN-Además, si un orador se lanza a discursear interminablemente
no tendrás que esperar rabiando de hambre a que concluya, con gran tormento tuyo y
del acusado que teme tu furor.
50 De los nueve arcontes, seis se llamaban tesmotetas, y presidían los tribunales de justicia.
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FILOCLEÓN.-Pero si como, ¿podré igual que antes juzgar con conocimiento de
causa?
BDELICLEóN.-Mejor que en ayunas. ¿No has oído decir a todo el mundo que
cuando los testigos mienten, los jueces sólo pueden comprender el asunto a fuerza de
rumiarlo?
FILOCLEÓN.-Me has convencido. Pero aún no me has dicho quién me pagará
los honorarios.
BDELICLEÓN,-Yo.
FILOCLEóN.-Bueno, así recibiré yo sólo mi paga y no en compañía de otro,
porque hace poco ese bufón de Lisístrato me jugó la peor pasada que puede imaginarse.
Había recibido un dracma para los dos y fuimos a la pescadería, donde lo cambió en
calderilla51; luego en vez de darme mi parte, me puso en la mano tres escamas; yo
creyendo que eran tres Óbolos, las escondí en la boca; pero ofendido por el olor las
arrojé enseguida y le cité a juicio.
BDELICLEóN.-¿Y qué dijo para defenderse?
FILOCLEÓN.-Pues dijo que yo tenía estómago de gallo. "Digieres fácilmente el
dinero", repetía, riéndose.
BDELICLEON.-¿Ves cuanto vas ganando hasta en eso? FILOCLEÓN.-No
poco, es verdad. Me declaro conforme: hágase tu voluntad. (Entrando.)
BDELICLEÓN.-Espera un momento; en seguida vuelvo aquí con todo lo
necesario.
FILOCLEÓN.-(Monologando.) ¡Mirad cómo se cumplen las predicciones! Yo
había oído decir, en efecto, que un día los atenienses administrarían justicia en su propia
casa y construirían en el vestíbulo un pequeño tribunal, como esas estatuillas de Hécate
que se colocan delante de las puertas.
BDELICLEÓN.-(Volviendo.) Héme aquí; ¿qué más quieres? Te traigo, como
ves, todo lo que te he prometido y aún algo más. Aquí tienes un bacín para cuando te
entren ganas de orinar. Te lo suspenderán de un clavo y al alcance de la mano.
FILOCLEÓN.-¡Feliz ocurrencia! ¡Excelente remedio para preservar a un viejo de la
retención de orina!
BDELICLEóN.-Aquí traigo además un hornillo encendido con una escudilla
llena de lentejas, por si se te ocurre comer.
FILOCLEÓN.-Muy bien, muy bien; de modo que cobraré mi salario, aunque
tenga calentura, y podré comer lentejas sin moverme de aquí. Mas, ¿para qué me traes
ese gallo?
BDELICLEÓN.-Para que si te duermes durante la vista de una causa, te
despierte cantando encima de ti.
FILOCLEÓN.-Todo está perfecto; sólo echo de menos una cosa.
BDELICLEÓN.-¿Cuál?
FILOCLEÓN.-La capilla de Lico. Quisiera que me la pudieran traer.
BDELICLEÓN.-(Enseñándole un cuadro.) Aquí la tienes delante de los ojos y
con el Señor en persona.
FILOCLEÓN.-¡Oh, Dueño y Señor, no alegras mucho la vista!
BDELICLEÓN.-Presenta exactamente el mismo aspecto que Cleónimo.
FILOCLEÓN.-En efecto, tampoco lleva armas.
BDELICLEÓN.-Si te das prisa en actuar, someteré en seguida a tu decisión una
causa.
FILOCLEÓN.-Puedes avisar; ya hace un siglo que estoy actuando.
51 Como el drama valía seis óbolos, solía darse uno para cada dos jueces.
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BDELICLEÓN.-Veamos: ¿por qué causa empezaremos? ¿Qué delito se ha
cometido en casa? ¡Ah! Tratta, la esclava, dejó quemar hace poco el puchero...
FILOCLEÓN.-¡Eh!, detente; me has puesto al borde del abismo. ¿Cómo
pretendes que actúe el tribunal sin balaustrada, que es precisamente el instrumento
principal de nuestras funciones?
BDELICLEóN.-Es verdad, por Zeus. No hay.
FILOCLEÓN.-(Entrando en la casa.) Voy corriendo yo mismo a buscar una.
BDELICLEÓN.-¡Qué enojoso, de todos modos! ¡Es terrible la nostalgia)
UN SERVIDOR.-(Saliendo de la casa.) !Maldito animal! ¿Es posible que demos de
comer a semejante perro?
BDELICLEÓN.-¿Se puede saber lo que ocurre?
EL SERVIDOR.-Nada. que Lábes, tu perro, se ha metido en la cocina, ha robado
un magnífico queso de Sicilia, y se lo ha engullido.
BDELICLEÓN,-Ya tenemos la primera causa en que ha de entender mi padre.
Comparece tú como acusador.
EL SERVIDOR.-Yo, no, por vida mía; que sea el otro perro el que mantenga la
acusación, si se instruye el proceso.
BDELICLEóN.-Bueno; tráetelos a los dos.
EL SERVIDOR.-(Entrando.) Al momento.
BDELICLEóN.-(A su padre que vuelve.) ¿Qué traes ahí? FILOCLEÓN. La
valla donde encerramos a los cerdos que cebamos para Hestia.
BDELICLEÓN.-Pero eso representa un robo sacrílego. FILOCLEÓN.-No;
puesto que será a Hestia la primera a quien sirva cuando destripe a la clientela; pero
empieza pronto a traer esa causa. Ya veo la pena que será preciso imponer.
BDELICLEÓN. Deja que te traiga las tablillas y la documentación (entra).
FILOCLEÓN.-¡Me mueles y me asesinas con tus dilaciones! Lo mismo me daría
escribir en la arena. BDELICLEóN.-(Volviendo.) Toma.
FILOCLEÓN.-Cita ya, pues.
BDELICLEÓN.-De acuerdo. Veamos quién viene a la cabeza de la lista.
FILOCLEÓN.-Pero ¡qué contratiempo! ¿Pues no me he olvidado de traer las
urnas?
BDELICLEóN.-¡Eh!, tú, ¿adónde vas?
FILOCLEÓN.-A por las urnas.
BDELICLEÓN.-No es menester; ahí tengo esos cubos. FILOCLEÓN.-Muy
bien; así ya tenemos a nuestra disposición todo lo necesario. ¡Pero no! Aún nos falta la
clepsidra.
BDELICLEÓN.-(Enseñándole el bacín.) ¿Y ésto qué es? Una clepsidra, si no me
equivoco.
FILOCLEÓN.-Veo que te las arreglas perfectamente para procurártelo todo con
lo que aquí hay.
BDELICLEÓN.-Pronto, traed fuego, mirtos e incienso para que empecemos por
invocar a los dioses.
EL CORIFEO.-Durante vuestras libaciones uniremos nuestros votos a los
vuestros, congratulándonos de que una reconciliación tan generosa haya seguido a
vuestras disputas y querellas. Y ahora, antes de empezar, recojámonos.
EL CORO.-¡Oh Febo Apolo Pitio! Haz que lo que va a resolverse delante de esa
puerta sea para bien de todos nosotros, libres ya de nuestros errores. ¡Oh Pean!
BDELICLEóN.-¡Oh mi Dueño y Señor Apolo Agieo, que velas ante el vestíbulo
de mi casa! Acepta este nuevo sacrificio que te ofrezco para que te dignes suavizar el
humor áspero e intratable de mi padre. ¡Oh rey!, endulza con algunas gotas de miel su
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avinagrado corazón; que sea en adelante clemente con los hombres; más compasivo con
los reos que con los acusadores; sensible a las súplicas, y que arranque las ortigas de su
vía, corrigiendo su malhumor.
EL CORO.-Nosotros unimos nuestras preces a las tuyas en favor del nuevo
magistrado. Pues te queremos, Bdelicleón, desde que nos has dado a conocer que amas
al pueblo como ningún otro joven.
BDELICLEóN.-Si hay algún juez fuera, que entre, pues en cuanto comience la
vista no se dejará entrar a nadie.
FILOCLEÓN.-¿Quién es el acusado?
BDELICLEÓN.-Aquí está.
FILOCLEÓN.-¡Y que le espera una bonita sentencia! BDELICLEÓN.-
(Como acusador.) Oíd el acta de acusación52. La formula un perro, nativo de Cidatenea,
contra Lábes, de Exona, al que acusa de haberse comido él solo, contra toda razón y
derecho, un queso de Sicilia. La pena que se solicita es un cepo de higuera.
FILOCLEÓN.-Una vez que se le haya reconocido culpable, debe morir, más
bien, como un perro.
BDELICLFÓN.-He aquí al susodicho Lábes en el banco de los acusados.
FILOCLEÓN.-¡Ah, maldito! ¡Qué traza de ladrón tienes! ¿Si creerá que me va a
engañar apretando los dientes? Pero ¿dónde está el querellante, el susodicho perro de
Cidatenea?
EL PERRO.-¡Guau! ¡Guau!
BDELICLEÓN.-Aquí está.
FILOCLEÓN.-Ese es otro Lábes.
BDELICLEÓN.-Por lo mucho que ladra, desde luego. FILOCLEÓN.-Y
por lo bien que lame el fondo de las ollas.
BDELICLEÓN.-Silencio, sentaos; (al perro) subíos a ese banco y comenzad la
acusación.
FILOCLEÓN.-Permitidme ahora que me sirva esto para absolverlo.
EL PERRO.-Ya habéis oído, señores jurados, el escrito de acusación que he
presentado contra Lábes: ha cometido contra mí y contra toda la "flota" la más indigna
felonía; se metió en un rincón oscuro, robó un enorme queso de Sicilia, y atracándose en
las tinieblas...
FILOCLEÓN.-Basta, basta; el hecho está probado: el gran canalla acaba de
soltar junto a mis narices un eructo que apesta a queso.
EL PERRO.-... se negó a darme parte. ¿Qué servicios podrá prestaros quien se
niega a darme a mí, que también soy perro, la menor cosa?
FILOCLEÓN.-¿No te ha dado nada? Tampoco a mí me ha dado ni el más
pequeño trozo. Te veo tan "cocido" como mis lentejas.
BDELICLEÓN.-Por los dioses, padre, no condenes por anticipado, antes al
menos de haber oído a las dos partes.
FILOCLEÓN.-Pero, querido, si la cosa está clara; si está clamando justicia.
EL PERRO.-Sobre todo no le absolváis; es el más egoísta y voraz de los perros;
recorre en un instante todo el molde de un queso, y se engulle hasta la costra como otros
le dan la vuelta a una isla para esquilmar a todas sus ciudades53.
FILOCLEÓN.-Ni siquiera me ha dejado con qué cerrar las grietas de mi urna.
52 En toda esta escena Aristófanes satiriza las fórmulas forenses.
53 El doble sentido de las palabras griegas hace que todo cuanto se dice del perro Lábes pueda aplicarse a
la rapacidad de ciertos personajes y a los abusos que habían cometido en Sicilia.
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EL PERRO.-Es preciso que le castiguéis. Un solo árbol no puede mantener dos
urracas. Es insuficiente. Espero no haber ladrado en vano y en el vacío... porque en este
caso ya no ladraré nunca más.
FILOCLEÓN.-¡Oh! ¡Oh! ¡Cuántas maldades! Ese individuo es la encarnación
misma del robo. ¿No te parece lo mismo, gallo mío? ¡Ah!, sí, se adhiere a mi opinión.
¡Eh, Tesmoteta! ¿Dónde estás? Pásame el bacín. BDELICLEÓN.-Descuélgalo tú
mismo, que yo estoy llamando a los testigos. Testigos de Lábes, compareced: son un
plato, una mano de mortero, un cuchillo, unas parrillas, una olla y otros utensilios medio
quemados. ¿Acabaste de hacer aguas y no vas a sentarte nunca?
FILOCLEÓN.-(Designando al acusado.) Tengo idea de que ese individuo va a
hacerlas mayores.
BDELICLEÓN.-¿Cuándo acabarás de mostrarte cruel con los acusados y de
enseñarles los dientes? (Al acusado.) Sube y defiéndete. ¿Por qué callas? Habla.
FILOCLEÓN.-Parece que no tiene nada que alegar.
BDELICLEÓN.-Sí; pero me figuro que le pasa lo que a Tucídides cuando, en
cierta ocasión, la sorpresa le cerró la boca. (Al perro.) Retírate: yo me encargo de tu
defensa. Ya comprenderéis, ¡oh jueces!, lo comprometido que es defender a un perro
acusado de crimen tan atroz. Hablaré, no obstante. En primer lugar es valiente y
ahuyenta los lobos. FILOCLEÓN.-¿De qué sirve eso, si devora los quesos?
BDELICLEÓN.-¿De qué? Se bate por defenderte, está de centinela en tu puerta
y manifiesta, además, otras cualidades excelentes... Si cometió algún hurto, hay que
perdonárselo. Evidentemente no sabe tocar la lira. FILOCLEÓN.-¡Ojalá tampoco
supiera escribir! Así no hubiera redactado esa defensa de pillastre.
BDELICLEÓN.-Escucha a nuestros testigos, diantre de hombre. Acércate, buen
cuchillo, y declara en voz alta. Tú eras entonces pagador. Responde claro. ¿No partiste
las porciones que debían ser distribuidas a los soldados? Dice que sí las partió.
FILOCLEÓN.-Pues miente el descarado.
BDELICLEÓN.-¿Ten piedad de los .humildes, diantre de hombre! ¡El infeliz
Lábes siempre come espinas y cabezas de pescados; no para un momento en un sitio.
Ese otro sólo sirve para guardar la casa, y ya sabe lo que se hace: así reclama una parte
de todo lo que traen, y al que no se la da, le clava el diente54.
FILOCLEÓN.-¡Ay! parece que me ablando, me pongo enfermo...
BDELICLEÓN.-¡Vamos! te lo ruego ten piedad de él, no le condenes.-¿Dónde
están sus hijos? Acercaos, infelices. Aullad, rezad, suplicad, llorad sin consuelo.
FILOCLEÓN.-Baja de la tribuna, baja, baja, baja pronto55. BDELICLEÓN.-
Bajaré, aunque esa palabra ya ha engañado a muchos. No obstante, bajaré.
FILOCLEÓN.-!Vete al infierno! ¿Por qué habré comido tan pronto? ¿Pues no he
llorado? Creo que esto me sucede por haberme atracado de lentejas.
BDELICLEÓN.-En definitiva ¿lo absuelves sí o no?
FILOCLEÓN.-Muy peliagudo es el caso.
BDELICLEóN.-Vamos, padre, sé más humano. Coge tu voto; da un paso atrás,
échalo en la segunda urna56, entornando los ojos. Absuélvelo, padre.
FILOCLEÓN.-No, no, nunca he sabido hacerlo.
BDELICLEÓN.-Ven, te llevaré yo mismo (le conduce ante la urna número dos).
54 Este pasaje está lleno de alusiones políticas
55 La frase de Filocleón indica que da por terminada la vista.
56 La de absolución.
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FILOCLEÓN.-¿Es esta la urna número uno?57
BDELICLEÓN.-La misma.
FILOCLEÓN.-Pues aquí echo mi voto.
BDELICLEÓN.-(Aparte.) Cayó en el lazo y lo absolvió sin saberlo. Procedamos
al escrutinio.
FILOCLEÓN.-¿Cuál es el resultado del juicio?
BDELICLEÓN.-Míralo. Lábes queda absuelto. !Padre! ¡Padre! ¿Qué te pasa?
!Agua! !Agua! Vamos, recóbrate. FILOCLEÓN.-Dime, ¿de veras ha quedado absuelto?
BDELICLEÓN.-Sí.
FILOCLEÓN.-Me siento morir.
BDELICLEÓN.-Valor, padre mío, no te aflijas.
FILOCLEÓN.-¿Cómo podré resistir la pena de haber absuelto a un procesado?
¿Qué va a ser de mí? !Oh venerables dioses, perdonadme! Lo hice a pesar mío y contra
mi costumbre.
BDELICLEóN.-No te desesperes así, padre mío; yo te daré una vida regalada; te
llevaré a cenas y convites; vendrás conmigo a todas las fiestas y pasarás agradablemente
el resto de tu existencia; ya no se burlará de tí Hipérbolo. Pero entremos.
FILOCLEÓN.-Sea; puesto que tú lo quieres.
(Queda solo el Coro, que se vuelve hacia los espectadores para recitar la parábasis.)
EL CORIFEO.-Idos, libres y alegres. Escuchad, en tanto, innumerables
espectadores, nuestros prudentes consejos y procurad que no caigan en saco roto: esa
falta es propia de un auditorio ignorante y que vosotros no podéis cometer.
Y ahora, si amáis la verdad desnuda y el lenguaje sin artificios, prestadme
atención. El poeta quiere haceros algunos cargos. Está quejoso de vosotros, que antes le
acogisteis tan bien cuando, imitando unas veces al espíritu profético oculto en el vientre
de Euricles58, hizo que otros os presentasen muchas comedias suyas59, y afrontando otras
cara a cara el peligro, dirigió por su mano sin ajeno auxilio los vuelos de su musa.
Colmado por vosotros de gloria y honores, como ningún otro vate, no creyó, sin
embargo, haber llegado a la cúspide de la perfección, ni se ensoberbeció por ello, ni
recorrió las palestras para corromper a la juventud, deslumbrada por sus triunfos.
Noblemente resuelto a que las musas que le inspiran no desciendan jamás al vil oficio
de alcahuetas, jamás consintió, por su sentido de las conveniencias, en ceder a las
instancias de algún amante despechado y deseoso de ver ridiculizado en escena al objeto
de su animadversión. E incluso la primera vez que hizo representar una obra no partió
en guerra contra el común de los mortales sino que atacó con furor de Heracles a los
más grandes y, en su primer ensayo, tuvo la audacia de medir sus fuerzas con el
monstruo de acerados colmillos, ese monstruo cuyos ojos, como los de Cinna60 lanzaban
miradas de terribles fulgores mientras que cien cabezas de cortesanas, con dolorosas
súplicas le lamían el cráneo puestas en círculo. Y la voz de ese monstruo era el de un
57 Es decir, la de absolver.
58 Adivino ventrílocuo, que respondía a las consultas haciendo creer que no era él quien hablaba, sino un
genio misterioso oculto en su vientre.
59 Aristófanes presentó varias de sus comedias con los nombres de los autores Filónides y Calístrato.
60 Cortesana célebre cuyas maldades está comparando Aristófanes con las de Cleón.
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torrente devastador. Hedía como una foca, tenía !as bolsas infectadas de una Lamia61 y
el trasero de un camello. Pues bien; nuestro autor declara que en presencia de ese
monstruo ni tuvo miedo ni accedió a venderse por dinero. Bien al contrario, todavía hoy
está combatiendo en vuestro favor. Añade que después de haber combatido a ese monstruo,
el año pasado atacó a esas pestes y cóleras62 que, por las noches, venían a
estrangular a los padres, ahogar a los abuelos y, abatiéndose sobre los lechos de los más
tranquilos de vosotros los aplastaban bajo un montón de declaraciones, citaciones y
testimonios. Con frecuencia, saltabais entonces de vuestras camas, temblando, para ir a
ver, precipitados, al Presidente del Tribunal.
Habiendo hallado en mi persona un desfacedor de entuertos un purificador del país, el
año último le abandonasteis cuando sembraba esas ideas nuevas cuyo desarrollo no
habéis sabido favorecer por no haberlas apreciado en su justo valor.
Y, sin embargo, el poeta os jura, con mil juramentos rociados de libaciones
sobre el altar de Dionysos, que jamás habéis oído una poesía cómica tan excelente. !Sea,
por consiguiente, la afrenta para los que no comprendisteis en el acto! Cerca de los
espíritus competentes, el poeta conserva intacta su reputación. El carro de sus
esperanzas se ha roto, pero ha sobrepasado a sus rivales.
En lo por venir, mis buenos amigos, sed más amables. más graciosos con esos
poetas que realizan un esfuerzo por hallar algo nuevo que deciros. Conservad sus
pensamientos y apretadlos en vuestros cofres con las manzanas. Si procedéis así, vuestra
ropa conservará todo el año un perfume espiritual.
PRIMER SEMICORO.-Pasaron los tiempos en que éramos valientes en los Coros,
valientes en los combates, los más bravos de los hombres, y así en todo. Así era antes,
si, antes. Ahora, se acabó y hoy podemos ver cómo nuestros cabellos florecen más
blancos que el plumaje de los cisnes. Mas a pesar de todo, es preciso que extraigamos
de esos restos un vigor juvenil pues creemos que nuestra vejez todavía aventaja al
amaneramiento de esa juventud compuesta de una multitud de invertidos, con los
cabellos ensortijados.
Si uno de vosotros, queridos espectadores, tras de haber examinado nuestra
conformación se extraña de comprobar que poseemos la talla de la avispa y se pregunta
qué significa este aguijón, nos será fácil enseñárselo, aunque jamás haya ido a la
escuela. Con este apéndice entre los muslos, somos los únicos áticos de pura sangre,
verdaderamente autóctonos, raza valiente por excelencia y que, en la guerra, rindió los
mayores servicios a la Patria, cuando la invasión de los bárbaros, cuando éstos cegaron
a la ciudad con las humaredas del incendio y con el designio de adueñarse por la fuerza
de nuestras colmenas. Sin la menor dilación dimos el salto afuera, el escudo en una
mano, la lanza en la otra, para presentarles combate, hirviendo en exaltada ira, codo con
codo y mordiéndonos los labios hasta saltar la sangre. Las flechas impedían ver el
menor trozo del cielo. Finalmente, con la ayuda de los dioses, les pusimos en fuga a la
caída de la noche. Antes de la batalla, había volado sobre nuestro ejército una lechuza.
Luego les perseguimos pinchándolos como a los atunes, a través de los calzones. Huían
con las mejillas y los ojos acribillados de picaduras de suerte que, ahora, entre todos los
bárbaros, la avispa es considerada como el parangón del valor viril.
SEGUNDO SEMICORO.-En aquel tiempo éramos terribles Nada nos
amedrentaba. A bordo de las trirremes exterminamos a nuestros enemigos. No nos
61 Monstruo que llevaba atributos machos.
62 Alusión a los sicofantes cuyas delaciones sembraban el terror entre los ciudadanos.
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cuidábamos entonces de perorar elegantemente ni de calumniar a nadie. Toda nuestra
ambición se cifraba en ser el mejor remero. Así fue como les ganamos a los persas
numerosas ciudades; y a nuestro valor se deben esos tributos que hoy despilfarran los
jóvenes. Si nos observáis con atención, veréis que nos asemejamos a las avispas en
nuestro estilo de vivir.
En primer lugar, cuando se nos irrita no hay animal más colérico e intratable, y en todo
lo demás hacemos lo que ellos. Reunidos en enjambres, nos repartimos en diferentes
avisperos: unos vamos a juzgar con el Arconte63; otros, al Odeón64; otros con los Once65;
y otros pegados a la pared66, con la cabeza baja y sin moverse apenas, nos parecemos a
las larvas encerradas en su capullo. El procurarnos la subsistencia nos es sumamente
fácil, pues nos basta para ello picar al primero que se presenta. Pero hay entre nosotros
zánganos desprovistos de aguijón, que se comen sin trabajar el fruto de nuestros afanes.
Y es doloroso, ciudadanos, que quien nunca peleó, quien nunca se hizo una ampolla
manejando el remo o la lanza en defensa de la ciudad se apodere así de nuestro salario.
Por tanto, opino que, en adelante, quien no tenga aguijón que no cobre los tres Óbolos.
(Salen Filocleón y Bdelicleón.) FILOCLEÓN.-(Rechazando una túnica de lana que le
presenta su hijo.) No; mientras viva nunca dejaré de llevar este manto, al que debí la
salvación en aquella batalla cuando el Bóreas se desencadenó furioso67.
BDELICLEÓN.-Veo que rechazas el bienestar.
FILOCLEÓN.-Ese vestido no me conviene en modo alguno. El otro día me
ensucié tanto atracándome de peces fritos, que tuve que pagar tres óbolos al
quitamanchas.
BDELICLEÓN.-Una vez que te has puesto en mis manos, ensaya este nuevo
género de vida y déjame cuidarte.
FILOCLEÓN.-Bueno, ¿qué quieres que haga?
BDELICLEÓN.-Quítate ese manto ordinario y ponte en su lugar este más fino.
FILOCLEÓN.-No valía la pena engendrar y criar hijos para que éste pretenda
ahora asfixiarme.
BDELICLEÓN.-Ea, póntelo y calla.
FILOCLEÓN.-Por los dioses, ¿qué especie de vestido es éste?
BDELICLEÓN.-Unos le llaman pérsida; otros, pelliza. FILOCLEÓN.-Yo
creí que era una manta de las que hacen en Timeta.
BDELICLEÓN.-No es extraño; como nunca has ido a Sardes... Si no, ya la
hubieras conocido.
FILOCLEÓN.-¿Yo? No, por Zeus; pero se me figura que a lo que más se parece
es a la hopalanda de Moricos68.
BDELICLEÓN.-Nada de eso; esto se teje en Ecbatana.
63 Este tribunal entendía de las tutelas y pleitos entre parientes.
64 Magnífico teatro construido por Pericles, donde tenían lugar los certámenes musicales, se hacían las
distribuciones de harina, lo cual daba lugar a disputas que exigían la presencia de los magistrados.
65 El Tribunal que entendía en los robos cometidos de día que no excediesen de cincuenta dracmas, y de
todos los de noche.
66 Parece referirse a los magistrados encargados de la construcción y preparación de las murallas.
67 Alusión al temporal que deshizo a la escuadra persa cerca de Artemisium.
68 Poeta ya citado por su glotonería y molicie.
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FILOCLEÓN.-¡Ah! Los carneros de Ecbatana dan lana en hilachas.
BDELICLEÓN.-No, hombre, no; esto lo fabrican los indígenas y les cuesta muy
caro. Quizá en esta túnica haya entrado un talento de lana.
FILOCLEÓN.-Entonces debía llamársela una tragalana en vez de una pelliza.
BDELICLEóN.-Bueno, padre, estate un poco quieto mientras te la pongo.
FILOCLEÓN.-¡ Pero qué sofoco tan horrible me da esta maldita túnica!
BDELICLEÓN.-¿Te la pones o no?
FILOCLEÓN.-No, por piedad; preferiría meterme en un horno.
BDELICLEÓN.-Vamos, yo te la pondré: ven acá.
FILOCLEÓN.-Coge, pues, ese gancho.
BDELICLEóN.-¿Para qué?
FILOCLEÓN.-Para sacarme antes de que me tueste.
BDELICLEÓN.-Quítate ahora esos zapatones y ponte este calzado lacedemonio.
FILOCLEÓN.-¿Crees que consentiré jamás caminar sobre las odiosas suelas de
un pueblo enemigo?
BDELICLEÓN.-Póntelos !pronto! y pon el pie sin vacilar en país adversario.
FILOCLEÓN.-Abusas, obligándome a poner pie en país enemigo.
BDELICLEÓN.-Ahora el otro.
FILOCLEÓN.-De ninguna manera: uno de estos dedos es enemigo mortal de los
espartanos.
BDELICLEÓN.-No hay otro remedio.
FILOCLEÓN.-¡ Infeliz de mí, que voy a tener sabañones en la vejez!
BDELICLEóN.-Vamos, pronto; ahora imita el paso cadencioso y negligente de
los ricos... Así, como yo.
FILOCLEÓN.-Como quieras. Y dime ¿a quién de los ricos me parezco más en
el andar?
BDELICLEÓN.-¿A quién? A un divieso cubierto de un emplasto de ajos69.
FILOCLEÓN.-¡Pues sí! Me entran ganas de remover las posaderas.
BDELICLEÓN.-Veamos otra cosa: ¿sabrías seguir una conversación en un
círculo de espíritus cultos y distinguidos?
FILOCLEÓN.-¡Claro que sí!
BDELICLEÓN.-¿De qué les hablarías?
FILOCLEÓN.-De un montón de cosas. Primero, de cómo Lámia, al verse
cogida, soltó una ventosidad; después de cómo Cardopión y su madre...
BDELICLEÓN.-Déjate de fábulas y háblanos de cosas humanas, de asuntos
frecuentes en las conversaciones de familia.
FILOCLEÓN.-También estoy fuerte en el género familiar: había en otro tiempo
un ratón y una comadreja...
BDELICLEÓN.-«Estúpido e ignorante», como decía furioso Teógenes a un
limpialetrinas, «Te atreverás a hablar en sociedad de ratones y comadrejas?»
FILOCLEÓN.-Pues ¿de qué hay que hablar?
BDELICLEÓN.-Sólo de grandezas: por ejemplo, de la excelentísima diputación
en la que fuiste parte con Clistenes y Androcles70 .
FILOCLEÓN.-¡En diputación! ¡Pero si yo jamás he ido a ninguna parte, como
no haya sido a Paros, lo cual me valió dos Óbolos!
69 Frase que se empleaba para indicar dos cosas que no pueden ir juntas.
70 Clistenes y Androcles son citados burlescamente puesto que se trataba de dos personajes muy
desacreditados.
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BDELICLEóN.-Cuenta, por lo menos, como Efudion luchó al pancracio
valerosamente con Ascondas; y aunque viejo encanecido, conservaba puños y riñones
de hierro, robustos flancos y una fortísima coraza.
FILOCLEÓN.-Basta, basta; que no sabes lo que dices. ¿Dónde se ha visto luchar
al pancracio71 con coraza?
BDELICLEóN.-Pues así suelen hablar las gentes cultas. Ahora dime otra cosa.
Cuando estés en un festín con extranjeros, ¿qué hazaña de tu juventud preferirás
contarles?
FILOCLEÓN.-¡Oh! ¡Ya sé, ya sé! Mi más famosa hazaña fué aquella cuando le
robé a Ergasión los rodrigones.
BDELICLEóN.-!Vete al infierno con tus rodrigones! Eso es ridículo. Lo mejor
es que hables de tus cacerías de liebres o jabalíes, o de alguna carrera de antorchas en
que tomaste parte; en fin, de cualquier hecho que revele tu valor juvenil.
FILOCLEÓN.-Ahora recuerdo uno de los más atrevidos: siendo todavía un
muchacho, demandé a Failo, el andarín, por injurias y le vencí por dos votos.
BDELICLEÓN.-Basta; reclínate ahí para que aprendas la manera de conducirte
en los banquetes y conversaciones.
FILOCLEÓN.-¿Cómo me reclino? Vamos, di.
BDELICLEóN.-Con decencia.
FILOCLEÓN.-¿Quieres que me recline así?
BDELICLEÓN.-No, no es así, en absoluto.
FILOCLEÓN.-Pues ¿cómo?
BDELICLEÓN.-Estira las piernas y déjate caer blandamente sobre los
almohadones como un ligero gimnasta; elogia después los vasos de bronce que haya por
allí; admira las cortinas del patio72. En esto presentan agua para las manos; traen las
mesas; comemos; nos lavamos; empiezan las libaciones73 ...
FILOCLEÓN.-En nombre de los dioses; es un sueño ese festín.
BDELICLEÓN.-La flautista preludia; los convidados son Teoro, Esquines,
Cleón, Acéstor y, al lado de éste, otro a quien no conozco. Tú estás con ellos. ¿Sabrás
cantar con la melodía que interpretan?74.
FILOCLEÓN.-Ya lo creo; mejor que cualquier montañés. BDELICLEÓN.-
Veamos: yo soy Cleón: el primero canta
el Harmodio; tú continuarás: "Nunca hubo en Atenas un hombre..."
FILOCLEÓN.-"Tan canalla y tan ladrón..."
BDELICLEÓN.-¿Eso piensas contestar desdichado? Te cubrirán de invectivas;
Cleón amenazará con destruirte, exterminarte, deportarte.
FILOCLEÓN.-Pues si se enfada le cantaré esta otra: "En tu desatinada ambición
del supremo mando, acabarás por arruinar al país, que ya empieza a tambalearse".
71 En el pancracio los atletas luchaban completamente desnudos
72 Era de buen tono no ponerse inmediatamente a la mesa.
73 Descripción abreviada de una comida ateniense.
74 Era costumbre cantar al fin de las comidas.
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BDELICLEóN.-Y cuando Teoro, tendido a los pies de Cleón le cante cogiéndole
la mano: «Amigo, tú que conoces la historia de Admeto, honra a los valientes,» ¿qué
contestarás?
FILOCLEÓN.-Lo siguiente: «No tengo el alma del zorro, que se hace amigos en
cada corro.»
BDELICLEÓN.-A continuación, Esquines, hijo de Selo, hombre distinguido y
artista, cantará: «Fortuna y buena vida, ven amigo Clitágoras, los hallarás conmigo bajo
el hermoso cielo de la Tesalia.»
FILOCLEÓN.-«Mucha hemos derrochado tú y yo.»
BDELICLEÓN.-Eso lo entiendo perfectamente. Pero ya va siendo hora de ir a
cenar a casa de Filoctemón. (Llamando.) ¡Criso, muchacho! Prepáranos cena para los
dos en una cesta; hoy vamos a embriagarnos.
FILOCLEÓN.-No, no; que la embriaguez es una plaga. Después del vino se
rompen las puertas y llueven bofetones y pedradas, y al día siguiente, cuando se han
dormido los tragos, se encuentra uno que hay que pagar los excesos de la víspera.
BDELICLEÓN.-No temas tal cuando se trata de hombres honrados y corteses. O
te excusan ellos mismos con el ofendido o tú aplicas a lo ocurrido algún chistoso cuento
esópico o sibarítico de los que has oído en la mesa: la cosa se toma a risa y no pasa
adelante.
FILOCLEÓN.-Pues vale la pena que yo aprenda muchos cuentos de esos para
que alguno de ellos me libre de pagar el daño que cause. Vámonos ya y que nadie nos
detenga.
EL CORO.-Muchas veces he dado prueba de agudo ingenio, y jamás de
estupidez; pero me gana Aminias, ese hijo de Selo, a quien ví un día ir a cenar con
Leógares75 llevando por junto una manzana y una granada, y cuenta que es más
hambriento que Antifón76. Ya fue de embajador a Farsalia77, pero allí sólo podía reunirse
con los Penestas78, padeciendo él mayor penuria que ninguno.
¡Afortunado Autómenes, cuánto envidiamos tu felicidad) Tus hijos son los más hábiles
artistas. El primero, querido de todos, canta admirablemente al son de la cítara, y la gracia
le acompaña; el segundo, es un actor cuyo mérito nunca se ponderará bastante; pero
el talento del último, de Arifrades, digo, deja muy atrás al de los otros. Su padre jura
que lo ha aprendido todo por sí propio, sin necesidad de maestro, y que sólo a su talento
natural debe la invención de sus inmundas prácticas en los lupanares. Algunos han
dicho que yo me había reconciliado con Cleón porque me perseguía encarnizadamente y
me martirizaba con sus ultrajes. Ved lo que hay de cierto: cuando yo lanzaba dolorosos
gritos, vosotros os reíais a placer, y en vez de compadecerme, sólo anhelabais que la
angustia me inspirase algún chiste mordaz y divertido. Al notar esto, cejé un poco y le
hice algunas caricias. He ahí por qué «a la cepa le falta ahora su rodrigón.»79
UN SERVIDOR.-(Que entra dando gritos.) ¡Oh tortugas tres veces
bienaventuradas! ¡Cuánto envidio la dura concha que defiende vuestro cuerpo) ¡Qué
75 Una especie de Lúculo ateniense.
76 Rico arruinado.
77 Ciudad de Tesalia.
78 Mercenarios tesalios
79 Proverbio que se aplicaba a los que habían visto frustradas sus esperanzas.
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sabias y previsoras fuisteis al cubriros la espalda con un impenetrable escudo. ¡Pobres
espaldas mías, sin protección para los garrotazos)
EL CORO. ¿Qué sucede, muchacho? Porque hasta al anciano se le puede llamar
muchacho cuando se deja pegar..
EL SERVIDOR.-Sucede que nuestro viejo es la peor de ¡as calamidades. Ha
sido el más procaz de todos los convidados, y cuenta que allí estaban Hipilo, Antifón
Lico, Lisístrato, Teofrasto y Frínico; pues, sin embargo, a todos los dejó chicos su
insolencia. En cuanto se atracó de los mejores platos, empezó a saltar, a reír, a eructar
como un pollino harto de cebada y a sacudirme de lo lindo, gritándome: «¡Muchacho,
muchachito!» Lisístrato, al verlo así, le lanzó esta comparación: «Anciano, pareces un
piojo reavivado o un burro que corre a la paja.» Y él, atronándonos los oídos, le replicó
así: «Y tú te pareces a una langosta, de cuyo manto se pueden contar todos los hilos80 y
a Estenelo81 despojado de su guardarropa.» Todos aplaudieron, menos Teofrasto, que se
mordió los labios como hombre bien educado. Entonces, encarándosele nuestro viejo, le
dijo: «Di tú ¿a qué te das tanto tono y te las echas de persona importante cuando todos
sabemos que vives a costa de los ricos a fuerza de bufonadas.» Así continuó dirigiendo
insultos semejantes a todos, diciendo los chistes más groseros, contando historias necias
e importunas. Después se ha dirigido hacia aquí, completamente ebrio, pegando a
cuantos encuentra. Mirad, ahí viene haciendo eses. Yo me largo, para evitar nuevos
golpes.
FILOCLEÓN.-(Entrando con una tea encendida en la mano y acompañado de
una flautista desnuda.) Dejadme: marchaos. Voy a dar que sentir a algunos de los que se
obstinan en perseguirme. ¿Os largareis, bribones? Si no, os tuesto con esta antorcha.
UNO DE LOS CONVIDADOS.-A pesar de tus balandronadas juveniles, te juro
que mañana nos has de pagar tus atropellos. Vendremos en masa a citarte a juicio.
FILOCLEÓN.-¡Ja! ¡Ja! ¡Citarme a juicio! ¡Qué vejeces! ¿No sabéis que ya ni
puedo oír hablar de pleitos? ¡Ja! ¡Ja! Ahora tengo otros gustos: tirad las urnas. ¿No os
vais? ¿Dónde está el juez? Decidle que se ahorque. (A la cortesana.) Sube, manzanita de
oro, sube agarrada a esta cuerda; cógela, pero con precaución, que está algo gastada; sin
embargo, aún le gusta que la froten. ¿No has visto con qué astucia te he sustraído a las
torpes exigencias de los convidados? Debes probarme tu gratitud. Pero no lo harás,
demasiado lo sé; ni siquiera lo intentarás; me engañarás y te reirás en mis narices, como
lo has hecho con tantos otros. Oye, si me quieres y me tratas bien, cuando muera mi hijo
me comprometo a sacarte del lupanar y tomarte por concubina. Ahora no puedo
disponer de mis bienes; soy joven y me atan corto: mi hijito no me pierde de vista; es
gruñón, insoportable y tacaño hasta partir en dos un comino y aprovechar la pelusilla de
los berros. Su único miedo es que me eche a perder, pues no tiene más padre que yo.
Pero ahí está. Se dirige apresuradamente hacia nosotros. Hazle frente: coge esas teas;
voy a jugarle una partida de muchacho, como él a mí antes de iniciarme en los
misterios.
BDELICLEÓN.-(Que llega.) !Hola! ¡Hola, viejo verde! Parece que nos gustan
los cofrecillos de las muchachas; pero te juro por Apolo, que te costará caro conducirte
así.
FILOCLEÓN.-Te gustaría más un proceso a la vinagreta.
80 Por lo usado y raído.
81 Actor trágico, cuyo guardarropa había sido vendido por sus acreedores.
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BDELICLEÓN.-¿No es una grosería burlarse como acabas de hacerlo, de los
convidados y arrebatarles su flautista?
FILOCLEÓN.-¿Qué flautista? ¿Has perdido el juicio o sales de algún panteón?
BDELICLEÓN.-Pero ¡calla! Ahí está ante nosotros la dardaniense82.
FILOCLEÓN.-¡Cá! es una antorcha83 encendida por los dioses en la plaza
pública.
BDELICLEÓN.-¿Con que una antorcha? ¿No ves que es de diversos colores?
FILOCLEÓN.-¡Claro que sí! Una antorcha.
BDELICLEÓN.-¿Y esa raja negra que se le ve en medio?
FILOCLEÓN.-La pez, que se derrite al quemarse.
BDELICLEÓN.-Y lo de la parte posterior, ¿no es un trasero?
FILOCLEÓN.-No; es un nudo de la tea en forma de hinchazón.
BDELICLEÓN.-¿Cómo un nudo? ¿Qué cuento es ese? (A la flautista.) Tú, ven
aquí.
FILOCLEÓN.-¡Eh, eh! ¿Qué intentas?
BDELICLEÓN.-Quitártela y llevármela pues presumo que ya no tienes bastante
vigor para obtener un resultado.
FILOCLEÓN.-Escucha un momento. Asistía yo a los juegos olímpicos cuando
Efudión, aunque viejo, luchó valerosamente con Ascondas, y el anciano acabó por
hundir de un puñetazo al joven. Sírvate de aviso, por si se me ocurriese reventarte un
ojo.
BDELICLEÓN.-¡Por Zeus! No ignoras nada de los juegos olímpicos.
UNA PANADERA.-(Dirigiéndose a Bdelicleón.) Ampárame, por favor, en
nombre de los dioses. Este hombre me ha arruinado; al pasar, blandiendo torpemente su
antorcha, me ha echado a rodar por la plaza diez Óbolos de pan y cuatro de otras
mercancías.
BDELICLEÓN.-¿Ves lo que has hecho? Más historias y procesos a cuestas por
culpa de tu intemperancia.
FILOCLEÓN.-No lo creas: un cuentecillo alegre lo arreglará todo; verás como
me reconcilio con ésta.
LA PANADERA.-¡Ah, no¡ Has de pagármelo a mí, Mirtia, hija de Ancilión y de
Sóstrata. ¡Estropearme así todo el género que llevaba!
FILOCLEÓN.-Escucha mujer; voy a contarte una historia muy divertida.
LA PANADERA.-¿A mí con historias, vejestorio?
FILOCLEÓN.-Verás. Al volver una noche Esopo de un banquete le ladró,
atrevida, cierta mujer que iba borracha: «!Ah perra, -le dijo entonces-, si cambiases tu
maldita lengua por una medida de trigo, me parecerías más sensata!»
LA PANADERA.-¡Cómo! ¿Te burlas de mí? Pues bien, quienquiera que seas, te
cito ante los comisarios del mercado, para que me indemnices daños y perjuicios.
Querofón84, que está ahí, será mi testigo.
FILOCLEÓN.-Pero, por mi vida, oye al menos lo que voy a decirte: quizá te
agrade más. Laso y Simónides85, se disputaban en cierta ocasión la palma en un
certamen poético y Laso dijo: ¿Y a mí que más me da?
82 Muchas jóvenes de Dardania se dedicaban a la música.
83 Otro nombre de las cortesanas.
84 Discípulo de Sócrates.
85 Poetas líricos, rivales entre sí.
-29-
LA PANADERA.-(A Querofón.) ¿No es verdad que lo harás?
FILOCLEÓN.-Y tú, Querofón, ¿serás testigo de esa mujer amarillenta, de esa
no, precipitándose desde una roca a los pies de Eurípides?
BDELICLEóN.-Ahí se acerca otro: parece ser que también viene a demandarte,
pues trae su testigo.
UN HOMBRE.-(Que llega con señales de haber sido apedreado.) !Desdichado
de mí! !Voy a perseguirte por ultrajes!
BDELICLEÓN.-¿Por ultrajes? !Ah! No, por los dioses, basta de demandas. Yo
te pagaré por él la indemnización que desees, y aún así te quedaré agradecido.
FILOCLEÓN.-Yo también quiero reconciliarme con él: confieso francamente
que le he pegado y apedreado. Pero acércate más: ¿me permites que yo solo señale la
cantidad que debe dársete como indemnización y que en adelante sea amigo tuyo, o
prefieres fijarla tú?
EL ACUSADOR.-Habla tú, pues detesto los pleitos y negocios.
FILOCLEÓN.-Un habitante de Síbaris se cayó de un cerro y se causó una grave
herida en la cabeza: es de advertir que no entendía gran cosa de equitación. Acercósele
entonces uno de sus amigos y le dijo: «Ejercítese cada cual en el arte que sepa»; por
tanto, corre a casa de Píttalo para que te cure.
BDELICLEÓN,-(A Filocleón.) Persistes en tus simplezas.
EL HOMBRE.-(A su testigo.) No se te olvide la respuesta que acaba de darme.
FILOCLEÓN.-Oye, no te vayas. En cierta ocasión una mujer de Síbaris aplasta
un erizo.
EL HOMBRE.-(A su testigo.) También te tomo por testigo de lo que está
diciendo.
FILOCLEÓN.-(Al Acusador.) Y el erizo toma a un compañero por testigo; a lo
que la mujer de Síbaris le dice: «Por Perséfone, si en lugar de ocuparte en tener un
testigo te hubieras apresurado a comprar cuerda para recomponerte, habrías dado
pruebas de más inteligencia.»
EL HOMBRE.-Sigue haciéndote el insolente hasta que el arconte te llame a
juicio.
BDELICLEÓN.-¡Por Deméter, no estarás aquí más tiempo! Voy a llevarte a la
fuerza.
FILOCLEÓN.-¿Qué haces?
BDELICLEÓN.-¿Qué hago? Llevarte adentro. De otro modo, no va a haber
testigos suficientes para todos los que te demanden.
FILOCLEÓN.-Estando un día Esopo entre los délficos...
BDELICLEÓN.-Me importa un bledo.
FILOCLEÓN.-... le acusaron de haber robado un vaso
en el templo de Apolo; entonces él contó cómo en cierta ocasión el escarabajo...
BDELICLEóN.-(Llevándose a su padre hacia el interior.) Voy a aplastarte
!palabra! a ti y a tus escarabajos.
EL CORO.-Envidio tu felicidad, anciano. !Qué cambio en su áspera existencial
Siguiendo prudentes consejos, vas a vivir entre placeres y delicias. Quizá los
desatiendas, porque es difícil modificar el carácter que se tuvo desde la cuna. Aunque
fueron muchos los que lo consiguieron. !Cuántas alabanzas no se atraerá, por ello en mi
opinión y en la de los sabios, el hijo de Filocleón, tan discreto y cariñoso con su padre!
Jamás he visto un joven tan comedido, de tan amables costumbres. Ninguno me ha
regocijado como él. En todas las respuestas que daba a su padre resplandecía la razón y
el deseo de inspirarle más decorosas aficiones.
-30-
UN SERVIDOR.-(Saliendo de la casa.) ¡Por Dionysos! Sin duda algún dios ha
revuelto y embrollado nuestra casa. El viejo, después de beber y de oír largo rato la
flauta, ebrio de placer, repite toda la noche las antiguas danzas que Tespis hacía ejecutar
a sus coros. Pretende demostrar, bailando incesantemente, que los trágicos modernos
son todos unos perfectos imbéciles.
FILOCLEÓN.-(Saliendo de la casa acompañado de su hijo.) ¿Quién ha osado
sentarse en los umbrales de esta casa?
EL SERVIDOR.-¡Vaya! Ahí está esa calamidad.
FILOCLEÓN.-Apartad las vallas, que va a empezar el baile...
EL SERVIDOR.-La locura, querrás decir...
FILOCLEÓN.-Ese ímpetu que pliega mis costillas. ¡Cómo mugen mis narices!
¡Cómo suenan mis vértebras!...
EL SERVIDOR.-Tómate una porción de eléboro...
FILOCLEÓN.-Frínico se encoge como un gallo...
EL SERVIDOR.-Van a lloverte piedras.
FILOCLEÓN.-Alza su pierna hasta tocar el cielo.
EL SERVIDOR.-¡Eh!, mira dónde pisas.
FILOCLEÓN.-Mira cómo las articulaciones de mis caderas se mueven con
facilidad. ¡Qué bien juegan!
EL SERVIDOR.-Nada de eso; lo que pareces es un verdadero loco.
FILOCLEÓN.-Ahora desafío a todos mis rivales. Si hay algún artista que se
precie de danzar bien, que venga por acá a competir conmigo. ¿Lo hay o no?
EL SERVIDOR.-(Designando a un danzante enano disfrazado de cangrejo.) No
hay más que uno: éste.
FILOCLEÓN.-¿Y quién es ese pobre desgraciado?
EL SERVIDOR.-Un hijo de Carcino86, el menor.
FILOCLEÓN.-No tengo con él ni para un diente. Lo aplastaré bajo una buena
danza de puñetazos; no tiene el menor sentido del ritmo.
EL SERVIDOR.-Pero, ¡infeliz!, justamente, ahí viene su hermano, otro hijo de
Carcino.
FILOCLEÓN.-Con esto ya tendré algo que llevarme a la boca.
EL SERVIDOR.-Sí, pero todos serán cangrejos, porque ahí llega un tercer hijo
de Carcino.
FILOCLEÓN.-¿Y eso que se arrastra a tu lado, ¿es cangrejo o camarón?
BDELICLEÓN.-Es un cangrejillo; el más pequeño de la familia, el que
compone tragedias.
FILOCLEÓN.-¡Oh Carcino, padre feliz de tan hermosa progenitura! ¡Qué
bandada de reyezuelos se abate sobre mí! Fuerza, es, ¡ay triste!, que me bata con ellos.
Eh tú, prepara la salsa para comérmelos, después de la lucha.
EL CORO.-¿Vamos, ilustres hijos de los mares! Saltad, hermanos de los
langostinos sobre la arena, al borde del mar que no se vendimia. Haced virar vuestros
pies rápidos, alzad la pierna como Frinicos y los espectadores os mostrarán su
admiración. Girad formando redondeles, golpeaos el vientre, convertíos en torbellinos.
Aquí tenéis a vuestro padre, señor y soberano de los mares, que avanza reptante,
orgulloso de sus hijos los tres reyezuelos de la danza. ¡Vamos! Guiadnos hacia la salida,
por favor, y a ritmo de paso ligero. Nunca se ha visto que la comedia concluya con un
"ballet".
86 Carcino era un mal poeta trágico, cuyos hijos tenían pequeña estatura y ejecutaban danzas trágicas.

"Las Aves" Aristófanes



"Las Aves"
Aristófanes



PERSONAJES:
EVELPIDES.
PISTETERO.
ABUBILLA.
UN PARRICIDA.
EL CORO DE LAS AVES.
UN SACERDOTE.
UN POETA.
UN INSPECTOR.
UN VENDEDOR.
MENSAJERO PRIMERO.
MENSAJERO SEGUNDO.
IRIS.
UN HERALDO.
UN PARRICIDA.
CINESIAS, poeta ditriámbico.
UN SICOFANTE.
PROMETEO.
POESEIDÓN.
TRIBADO.
HERACLES.
3
País agreste, lleno de zarzales y peñascos. Al fondo, una selva; a un
lado una roca, morada de Abubilla.
En escenas
EVÉLPIDES, llevando un grajo sobre el puño.
PISTETERO, llevando igualmente una corneja; y los dos en busca
del reino de las Aves.
EVÉLPIDES.-(Al grajo que le sirve de guía.) ¿Me dices que vaya en
línea recta hacia aquel árbol?
PISTETERO.-(A la corneja que trae en la mano.) !Peste de
avechucho! Ahora grazna que retrocedamos.
EVÉLPIDES.-Pero infeliz la qué andar errantes en todos sentidos?
Con estas idas y venidas nos derrengamos inútilmente.
PISTETERO.-¡Qué imbécil he sido al dejarme guiar por esta
corneja! Me ha hecho correr más de mil estadios.
EVÉLPIDES. -¿Mayor dicha que la de llevar de guía a este grajo,
que me ha destrozado hasta las uñas de los pies?
PISTETERO.-Ni siquiera sé en qué lugar de la tierra estamos.
EVÉLPIDES.-¿No podrías tú averiguar desde aquí dónde cae
nuestra patria?
PISTETERO.-No, por cierto; ni Execéstides1 la suya.
EVÉLPIDES.-¡Ay!
PISTETERO.-Tú, amigo mío, sigue esa senda.
EVÉLPIDES.-¡Terrible engaño el que nos ha hecho Filócrates, ese
atrabiliario vendedor de pájaros! Nos aseguró que estas dos aves nos
1 Extranjero que quería pasar por ateniense.
4
guiarían mejor que ninguna otra a la morada de Tereo2 la Abubilla, que
fue transformado en pájaro, y nos vendió este grajo, hijo de Tarrélides,
por un óbolo, y por tres aquella corneja, que sólo saben darnos picotazos.
(Al grajo.) ¿Por qué me miras con el pico abierto? ¿Quieres precipitarnos
desde esas rocas? Por ahí no hay camino.
PISTETERO.-Ni senda tampoco, por Zeus.
EVÉLPIDES.-¿No dice nada tu corneja sobré el camino que hay que
seguir?
PISTETERO.-Sigue graznando, por Zeus, las mismas cosas que
antes.
EVÉLPIDES.-Pero, en fin, ¿qué dice a propósito del camino?
PISTETERO.-¿Qué ha de decir, sino que a fuerza de roer acabará
por comérseme los dedos?
EVÉLPIDES.-¡Esto es insoportable! Queremos irnos a los cuervos3;
ponemos para conseguirlo cuanto está en nuestra mano, y no logramos
hallar el camino. Porque habéis de saber, oyentes míos, que nuestra
enfermedad es completamente distinta de la que aflige a Saccas: éste,
que no es ciudadano, se obstina en serlo, y nosotros que lo somos, y de
familias distinguidas, aunque nadie nos expulsa, huimos a toda prisa de
nuestra patria. No es que aborrezcamos a una ciudad tan célebre y
afortunada, siempre abierta a todo el que desee arruinarse con litigios;
porque es una triste verdad que si las cigarras sólo cantan uno o dos
meses entre las ramas de los árboles, en cambio los atenienses cantan
toda la vida posados sobre los procesos. Esto es lo que nos ha obligado a
emprender este viaje y a buscar, cargados del canastillo, la olla y las
ramas de mirto, un país libre de pleitos, donde pasar tranquilamente la
vida. T es el objeto con que nos dirigimos a Tereo la Abubilla para preguntarle
si en las comarcas que ha recorrido v ]ando, ha visto alguna
ciudad como la que deseamos.
PISTETERO.-¡Eh, tú!
2 Rey legendario de Tracia, cambiado en abubilla tras de haber intentado seducir a su cuñada Filomela.
3 «irse al infierno» o «al diablo.»
5
EVÉLPIDES.-¿Qué hay?
PISTETERO.-Ya hace unos momentos que la corneja me indica que
hay que subir un poco.
EVÉLPIDES.-También mi grajo mira con el pico abierto en la
misma dirección, como si quisiera señalarme alguna cosa: no puede
menos de haber aves por aquí. Pronto lo sabremos haciendo ruido.
PISTETERO. ¿Sabes lo que has de hacer? Dale con el pie a la roca.
EVÉLPIDES.-Y tú, con la cabeza, para que el ruido sea doble.
PISTETERO.-O mejor, coge esa piedra y llama.
EVÉLPIDES.-¡Habrá que hacerlo, claro está! !Esclavo! ¡Esclavo!
PISTETERO. Pero ¿qué haces? Para llamar a la Abubilla, gritas:
!Esclavo! ¡Esclavo! En vez de esclavo debes gritar: ¡Epopoi! ¡Epopoi!4.
EVÉLPIDES.-¡Epopoi! Tendré que llamar otra vez. ¡Epa poi!
Un criado de Abubilla, Pistetero y Evélpides.
EL CRIADO.-(Representando a un pájaro.) ¿Quién va? ¿Quién
llama a mi dueño?
EVÉLPIDES.-¡Apolo nos asista! ¡Qué enorme pico!5.
EL CRIADO.-¡Horror! ¡Son cazadores)
EVÉLPIDES. Me causa un miedo indecible.
EL CRIADO.-¡Moriréis!
EVÉLPIDES.-Pero si no somos hombres.
EL CRIADO.-¿Pues qué sois?
EVÉLPIDES.-Yo soy el Tímido, ave de Libia.
EL CRIADO.-¡A otro con esas!
EVÉLPIDES.-Pregúntaselo a toda la caca que llevo en los pies.
EL CRIADO.-Y ese otro, ¿qué pájaro es? Contesta.
PISTETERO.-El Ensuciado, ave de Fasos.
EVÉLPIDES.-Y tú, ¿qué clase de animal eres, en nombre de los
dioses?
4 Grito que imita al de la abubilla.
5 Los actores salían con máscaras y trajes imitando a las aves que representaban.
6
EL CRIADO.-YO soy un pájaro doméstico.
EVÉLPIDES.-¿Te ha domesticado algún gallo?
EL CRIADO.-No; pero cuando mi dueño quedó convertido en
abubilla quiso que yo también me transformase en pájaro, para tener
quien le siguiese y sirviese.
EVÉLPIDES.-¿Pero es que las aves necesitan criados?
EL CRIADO.-Este sí, tal vez porque fué antes hombre. Cuando se
le antojan anchoas del Falero, yo cojo una escudilla y corro a por
anchoas; cuando quiere comer puré como se necesitan una cuchara y una
olla, corro a por la cuchara.
EVÉLPIDES.-Por las señas, este pájaro es un recadero. ¿Sabes lo
que has de hacer, recadero? Llamar a tu señor.
EL CRIADO.-Acaba de dormirse, después de haber comido bayas
de mirto y algunos gusanos.
EVÉLPIDES.-No importa, despiértale.
EL CRIADO.-Estoy seguro de que se va a enfadar; pero lo haré por
complaceros.
PISTETERO.-(Por el pájaro-criado.) Que el cielo te confunda, ¡pues
no me has dado mal susto!
EVÉLPIDES.-¡Oh desgracia! ¡De miedo se me ha escapado el grajo!
PISTETERO.-¡Grandísimo cobarde! Has dejado escapar el grajo por
miedo.
EVÉLPIDES.-Y tú, ¿no has dejado marchar la corneja al caer?
PISTETERO. Yo no, por Zeus, no.
EVÉLPIDES.-Pues, ¿dónde está?
PISTETERO.-Voló.
EVÉLPIDES.-¿Y no se te ha escapad ? ¡Vaya un valiente!
ABUBILLA.-(Desde dentro.) Abre a selva para que salgas6.
EVÉLPIDES.-Por Heracles ¿qué animal es éste? ¡Qué alas! ¡Qué
triple cresta! ¿visitantes?
son estos visitantes?
7
EVÉLPIDES.-Sin duda, los doce grandes dioses te han maltratado.
ABUBILLA.-¿Acaso os burláis de la forma de mis alas? Sabed,
extranjeros, que antes he sido hombre.
EVÉLPIDES. No nos burlamos de tí.
ABUBILLA.-¿Pues de quién?
PISTETERO.-Es tu pico lo que nos da risa.
ABUBILLA.-Esas son, sin embargo, las injurias con que me cubre
Sófocles, en sus tragedias a mí, Tereo.
EVÉLPIDES.-Pero Zeres Tereo, o un ave, o un pavo real?
ABUBILLA.-Soy un ave.
EVÉLPIDES.-¿Y las alas?
ABUBILLA.-Se me han caído.
EVÉLPIDES.-¿Alguna enfermedad?
ABUBILLA.-No; pero en el invierno mudan todas las aves, y les
salen después nuevas plumas. Y vosotros, ¿qué sois?
EVÉLPIDES.-¿Nosotros? Dos mortales.
ABUBILLA.-¿De qué país?
EVÉLPIDES.-Del de las bellas trirremes.
ABUBILLA.-¿Seréis acaso jueces
EVÉLPIDES.-Nada de eso: somos antijueces.
ABUBILLA.-¿Se siembra ese grano en vuestro país?
EVÉLPIDES.-Rebuscando en todo el campo, aún se encuentra un
poco.
ABUBILLA.-¿Y qué os trae por aquí?
EVÉLPIDES.-El deseo de hablarte.
ABUBILLA.-¿Para qué?
EVÉLPIDES.-Porque en otro tiempo fuiste hombre, como nosotros;
en otro tiempo tuviste deudas, como nosotros, y en otro tiempo te
gustaba no pagarlas, como a nosotros; después, cuando fuiste
transformado en ave, recorriste en tu vuelo todos los mares y tierras, y
llegaste a reunir la experiencia del pájaro y la del hombre. Esto nos trae a
6 Los nombres griegos de selva y puerta sólo difieren en una letra.
8
tí para suplicarte que nos indiques alguna pacífica ciudad donde podamos
vivir blanda y sosegadamente, como el que se acuesta sobre mullidos
cojines.
ABUBILLA.-¿Buscas, pues, una ciudad más grande que la de
Cranao? 7.
EVÉLPIDES.-Más grande, no; pero sí algo más cómoda.
ABUBILLA.-Claro está que tratas de vivir bajo un régimen
aristocrático.
EVÉLPIDES.-¿Yo? En absoluto; detesto al hijo de Escelio8.
ABUBILLA.-¿Pues en qué ciudad quisierais vivir?
EVÉLPIDES.-En una donde los negocios más importantes sean, por
ejemplo, venir muy de mañana a mi puerta un amigo y decirme: "Te
ruego por Zeus olímpico que al salir del baño vengáis a mi casa tú y tus
hijos, pues voy a dar un banquete de bodas. ¡Cuidado con faltar¡ ¡Cómo
no vengas, no tienes que poner los pies en mi casa hasta que me
abandone la fortuna!
ABUBILLA.-Vamos, veo que tienes afición a las desgracias. ¿Y tú?
PISTETERO.-Tengo los mismos gustos.
ABUBILLA.-¿Cuáles?
PISTETERO.-Quisiera una ciudad en la que al verme el padre de un
hermoso muchacho, me dijese como si le hubiera ofendido: «¡Muy bien,
muy bien, Estilbónides! Te encontraste ayer con mi hijo que volvía del
baño y del gimnasio, y no fuiste para darle un beso, ni hablarle, ni
acariciarle los testículos. ¿Quién dirá que eres amigo mío?»
ABUBILLA.-¡Hola, hola! Pues no es nada las desdichas que
apeteces, buen hombre. En la costa del Mar Rojo, hay una ciudad,
afortunada como la que deseáis.
EVÉLPIDES.-¡Ah! No me hables de ciudades marítimas; el mejor
día amanecería la galera de Salamina9 trayendo un alguacil. ¿No puede
indicarnos alguna ciudad helénica?
7 Es decir, que la de Atenas.
8 El hijo de Escelio, político oligarca se llamaba Aristócratas.
9
EVÉLPIDES.-¡Por todos os dioses! Aunque no he visto a Lepreo, lo
aborrezco a causa de Melantio10.
ABUBILLA.-Hay también en Locrida la ciudad de Opuncio, donde
podréis vivir muy bien.
EVÉLPIDES.-NO quisiera ser Opuncio11 ni por un talento de oro.
Pero ¿qué tal pasan la vida los pájaros? Tú debes saberlo bien.
ABUBILLA.-La vida no es desagradable; en primer lugar, hay que
prescindir del monedero.
EVÉLPIDES.-Lo que representa reducir considerablemente la
corrupción.
ABUBILLA.-Picoteamos en los jardines sésamo blanco, mirto,
amapolas y menta.
EVÉLPIDES. ¿De modo que vivís como recién casados?12
PISTETERO.-¡Oh! ¡Oh! ¡Qué magnífica idea se me ha ocurrido para
la gente alada! Seríais omnipotentes si me obedecierais.
ABUBILLA.-¡Obedecerte! ¿En qué?
PISTETERO.-Lo primero, en no andar revoloteando por todas
partes con el pico abierto: es indecoroso. Entre nosotros, cuando vemos a
uno de esos botarates que no paran un instante, acostumbramos a
preguntar: «¿Quién es ese chorlito?» Y Teleas responde: «Es un
inconstante; tiene siempre la cabeza a pájaros: no se está quieto un
momento.
ABUBILLA.-Tienes razón, por Dionysos. ¿Qué hemos de hacer?
PISTETERO.-Fundad una ciudad.
ABUBILLA.-¿Y qué ciudad podríamos fundar nosotras, las aves?
PISTETERO.-En verdad que es bien necia tu pregunta. Mira a tus
pies.
ABUBILLA.-Ya miro.
PISTETERO.-Mira ahora hacia arriba.
9 Galera que sólo se empleaba en las necesidades más apremiantes. Destinábase principalmente a traer a Atenas
los ciudadanos fugitivos que habían de ser juzgados.
10 Poeta trágico, que padecía de lepra.
11 Es decir, tuerto; porque Opuncio, contemporáneo de Aristófanes, tenía este defecto.
10
ABUBILLA.-Ya miro.
PISTETERO.-Ahora vuelve la cabeza a un lado y a otro.
ABUBILLA. ¿Qué voy a sacar, por Zeus, de retorcerme así el
pescuezo?
PISTETERO.-¿Has visto algo?
ABUBILLA.-Sí; las nubes y el cielo.
PISTETERO.-¿No es ese el polo de las aves?
ABUBILLA.-¿El polo? ¿Qué es eso de polo?
PISTETERO.-Como si dijéramos el país; se llama polo13. Porque
gira y atraviesa todo el mundo. Si fundáis en él una ciudad y la rodeáis de
murallas, en vez de polo se llamará población14; entonces reinaréis sobre
los hombres, como ahora sobre los saltamontes y haréis morir a los
dioses de un hambre como la de Melos15.
ABUBILLA.-¿Cómo?
PISTETERO.-El aire está entre el cielo y la tierra, y del mismo
modo que cuando nosotros queremos ir a Delfos pedimos permiso a los
beocios para pasar, así vosotros, cuando los hombres hagan sacrificios a
los dioses, si éstos no os pagan tributo, podréis impedir que el humo de
las Víctimas atraviese Vuestra ciudad y Vuestro espacio.
ABUBILLA.-¡Oh! ¡Oh! Por la Tierra, las Nubes, Los Lazos y las
Redes, que jamás he oído una idea más ingeniosa. Estoy dispuesto a
fundar contigo esa ciudad, si los demás pájaros comparten mi opinión.
PISTETERO.-¿Quién podrá exponerles el proyecto?
ABUBILLA.-Tú mismo. Antes eran bárbaros, pero en el largo
tiempo que he estado en su compañía les he enseñado a hablar.
PISTETERO.-¿Cómo les Vas a convocar?
12 Los recién casados se coronaban de esas plantas y comían tortas de sésamo.
13 Polo, de griego, girar.
14 Las palabras polo y población son muy parecidas en griego.
15 Frase comente en tiempo de Aristófanes, para expresar una necesidad extremada. Su origen fué el hambre
horrible que sufrieron los habitantes de Melos durante el asedio de los atenienses, en el año diez y seis de la
guerra
11
ABUBILLA.-Muy fácilmente. Voy a entrar en esa espesura,
despertaré a mi dulce ruiseñor y les llamaremos; en cuanto oigan nuestra
Voz acudirán sin detenerse.
PISTETERO.-¡Oh tú, el más querido de los pájaros, no te quedes
ahí plantado! Te lo suplico, intérnate pronto en la espesura y despierta a
Filomena16.
ABUBILLA.-(Llamando a Filomena) Despierta, dulce compañera de
mi Vida; entona esos himnos sagrados que, como armoniosos suspiros,
brotan de tu divina garganta cuando con melodiosa y pura Voz deploras la
triste suerte de nuestro llorado Itis. Tu sonoro canto sube, atravesando
los copudos tejos, hasta el trono de Zeus, junto al que Febo, de áurea
cabellera, responde con los acordes de su lira de marfil a tus plañideras
endechas y reúne los coros de los dioses y de sus bocas inmortales brota
un celestial aplauso17.
(Se oye una flauta dentro)
PISTETERO.-¡Zeus soberano! ¡Qué garganta la de ese pajarito! Ha
llenado de miel toda la espesura.
EVÉLPIDES.-¡Eh! ¡Tú!
PISTETERO.-¿Qué hay?
EVÉLPIDES.-¿No callarás?
PISTETERO.-¿Por qué?
EVÉLPIDES.-Abubilla se prepara a cantar a su Vez.
ABUBILLA.-Esopopoi, popoi, popopopoi... Venid, Venid; Venid,
Venid, alados compañeros. Todos cuantos taláis las fértiles campiñas,
tribus innumerables que recogéis y devoráis los granos de cebada,
catervas infinitas de rápido Vuelo y melodioso canto, acudid, acudid;
Vosotros, los que posados en un terrón os complacéis en gorjear
16 La dulce compañera de Tereo Abubilla, metamorfoseada también en pájaro
17 Parodia de ciertos pasajes de Sófocles y Eurípides, en que se pondera el canto del ruiseñor.
12
débilmente entre los surcos: tio, tio, tio, tio, tio; tio; tio; tio; los que en
los jardines saltáis sobre las hiedras o en las montañas picoteáis el madroño
u la silvestre aceituna, acudid a mi voz: trioto, trioto, toto brix.
Vosotros también, los que devoráis punzadores mosquitos en los Valles
pantanosos; los que pobláis los prados húmedos de rocío y el campo
ameno de Maratón; francolines de matizadas alas; aves que revoloteáis
con los alciones sobre las alborotadas olas del mar, Venid a escuchar la
grata nueva: congréguense aquí las aves de largo cuello. Sabed que ha
Venido un anciano ingenioso, autor de una nueva idea, que pretende
realizar audaces proyectos. Venid todos a deliberar aquí.
Torotorotorotorotix. Kiccabau, kiccabau. Torotorotorotorolililix.
(Pistetero, Evélpides, Abubilla, Coro de Aves)
PISTETERO.-¿Ves algún pájaro?
EVÉLPIDES.-Ninguno, por Apolo, aunque estoy mirando al cielo
con la boca abierta.
PISTETERO.-Me parece que ha sido inútil que Abubilla imitando al
pardal18, se haya metido en el bosque como a empollar huevos.
UN AVE.-(De la familia de las zancudas.) Torotix, torotix.
PISTETERO.-¡Ah! muchacho, ya Viere alguna.
EVÉLPIDES.-Ya la ves, sí, por Zeus, pero ¿cuál? ¿Será acaso el
pavo real?19.
PISTETERO.-Este nos lo dirá (Por Abubilla.) ¿Qué ave es ésa?
ABUBILLA.-No es de esas aves domésticas que veis todos los días;
es un ave acuática.
PISTETERO.-!Qué hermoso color de púrpura fenicia¡
ABUBILLA.-Es verdad; por eso se llama el fenicóptero20.
EVÉLPIDES.-¡Eh! ¡Eh! ¡Tú!
18 Pájaro que hace su nido en los agujeros de las peñas.
19 En tiempo de Aristófanes los pavos reales eran muy poco conocidos en Atenas y se enseñaban por dinero,
como animales raros.
20 Es decir, flamenco.
13
PISTETERO.-¿Por qué grita?
EVÉLPIDES.-Ahí viene otra.
PISTETERO.-Cierto; y exótica al parecer. ¿Cómo se llama esa ave
montañesa, de aspecto tan solemne como estúpido?
ABUBILLA.-Se llama el pájaro meda.
PISTETERO.-¡El Meda? ¿Y cómo, gran Heracles, siendo de Media
ha podido venir sin camello?
EVÉLPIDES.-Ahí se presenta otra con una buena cresta.
PISTETERO.-¿Qué prodigio es éste? No eres tú la única abubilla,
puesto que hay esa otra.
ABUBILLA.-Esa abubilla es hija de Filocles, hijo de una Abubilla y
yo soy su abuela, como si dijéramos Hipónico de Calas y Calias de
Hipónico 21.
PISTETERO.-¿Luego Calias es un pájaro? ¡Oh, y cómo se le caen
las plumas!22.
ABUBILLA.-Es generoso; por eso los sicofantes le despluman y las
pájaras le arrancan las alas.
PISTETERO.-¡Oh, Poseidón! Un nuevo pájaro de diversos colores.
¿Cómo se llama ése?
ABUBILLA.-El glotón.
PISTETERO.-¿Hay, pues, otro glotón además de Cleónimo?
EVÉLPIDES.-Pero si es Cleónimo ¿cómo ha podido conservar la
cresta?23
PISTETERO.-¿Qué significan todas esas crestas? ¿Quizá acuden
estas aves a disputar el premio del doble estadio?24.
ABUBILLA.-Son como los carios, que no abandonan las crestas de
las montañas para estar más seguros.
21 Con frecuencia en Atenas al nieto le daban el nombre de su abuelo. La Abubilla, es, pues, la abuela del ave en
cuestión. Pero el texto griego dice «abuelo« puesto que epops (la abubilla) es masculino en griego. En cuanto a
Filocles, éste era un poeta trágico de gran fealdad, autor de una tragedia titulada Terco y que no era sino un
plagia de la obra de Sófocles de igual título.
22 Personaje que se había arruinado por mala conducta.
23 Nueva alusión, tan reiterada en Aristófanes, a la cobardía de Cleónimo.
24 Los que corrían en el diaulo o doble estadio llevaban un penacho.
14
PISTETERO.-¡Oh, Poseidón! !Mira, mira cuántas aves agoreras se
reúnen!
EVÉLPIDES.-i Soberano Apolo! ¡Qué invasión¡ ¡Oh! ¡Oh! Sus alas
no dejan ver la boca de la escena.
PISTETERO.-Esa es la perdiz; aquél, el francolín; ése, el penélope;
el otro, el alción.
EVÉLPIDES.-¿Y aquel que viene detrás del alción?
PISTETERO.-¿Ese? El rapista.
EVÉLPIDES.-¿Cómo? ¿El barbero es pájaro? Un pájaro rapista
PISTETERO.-¿Pues no lo es Espórgilo, y de los de cuenta?25 Ahí
viene la lechuza.
EVÉLPIDES.-¿Qué dices? ¿Quién trae una lechuza a Atenas?26.
PISTETERO.-Mira, mira, la urraca, la tórtola, la alondra; el eleos,
la hipatimis, la paloma, el nerto; el azor; la torcaz; el cuco, el eritropo, la
ceclepiris, el porfirión, el cernícalo; el somormujo, la ampelis, el
quebrantahuesos, el pico.
EVÉLPIDES.-¡Oh! ¡Oh! ¡Cuántas aves¡ ¡Cuántos mirlos¡ ¡Cómo pían
y corren con estrépito! Pero ¿qué nos amenazan? ¡Ay¡ ¡Cómo abren los
picos y nos miran!
PISTETERO.-Eso me parece.
EL CORIFEO.-Po po po po po ¿por dónde anda el que me llamó?
¿Dónde se encuentra?
ABUBILLA.-Estoy aquí hace tiempo; yo nunca abandono a los
amigos.
EL CORO.-Ti ti ti ti ti ti ¿tienes algo bueno que decirme?
ABUBILLA.-Un asunto de interés común, seguro, justo, agradable,
útil. Dos lógicos sutiles han venido a buscarme.
EL CORO.-¿Dónde? ¿Cómo? ¿Qué dices?
ABUBILLA.-Digo que dos ancianos han venido del país de los
hombres a proponernos una empresa prodigiosa.
25 Barbero de Atenas, cuyo establecimiento gozaba de mala fama.
26 Frase proverbial, equivalente a «llevar agua al río
15
EL CORIFEO.-! Oh, tú que perpetraste el mayor crimen de que he
oído hablar en mi vida! ¿Qué es lo que estás diciendo?
ABUBILLA.-NO te asustes de mis palabras. .
EL CORIFEO.-¿Qué has hecho?
ABUBILLA.-Acoger a dos hombres que desean vivir con nosotros.
EL GORIFEO.-¿Y te has atrevido?
ABUBILLA.-Sí; y me encanta haberlo hecho.
EL CORIFEO.-¿Y están ya entre nosotros?
ABUBILLA.-Como yo lo estoy.
EL CORO.-¡Ay, ay, estamos vendidos; somos víctimas de la traición
más negra! Nuestro amigo, el que compartía con nosotros el fruto de los
campos ha hollado nuestras antiguas leyes, ha quebrantado los
juramentos de las aves; nos ha atraído a una trampa, nos ha puesto en
manos de una raza impía con la que estamos en guerra desde que vimos
la luz. Tú, traidor, nos darás luego cuenta de tus actos; pero primero
castiguemos a esos hombres. ¡Ea! ¡A despedazarlos!
PISTETERO.-¡Ahora sí que estamos perdidos!
EVÉLPIDES.-Tú sólo tienes la culpa de lo que nos pasa. ¿Para qué
me trajiste?
PISTETERO.-Para tenerte a mi lado.
EVÉLPIDES.-Mejor dirás que para hacerme llorar todas las
lágrimas de los ojos.
PISTETERO.-No delires; ¿cómo has de llorar cuando te hayan
sacado los ojos?27.
EL CORO.-¡Io! ¡Io! ¡Sus al enemigo¡ ¡Hiérele mortalmente;
despliega tus alas; envuelve con ellas a esos hombres; que paguen su
culpa y den alimento a nuestros picos. Nada podrá librarles de mi furor;
ni las sombrías montañas, ni las etéreas nubes, ni el piélago espumoso.
EL CORIFEO.-¡Ea, caigamos sobre ellos y desgarrémosles sin
tardanza! ¿Dónde está el taxiarco? Que haga avanzar el ala derecha.
27 Alusión a los trágicos, que hacían derramar lágrimas a Edipo después de haberse arrancado los ojos.
16
EVÉLPIDES.-Llegó el momento supremo. ¿A dónde huir, pobre de
mí?
PISTETERO.-! Eh! Firme en tu puesto.
EVÉLPIDES.-¿Para que me hagan trizas?
PISTETERO.-Pues ¿cómo piensas escaparte?
EVÉLPIDES.-No lo sé.
PISTETERO.-Pues yo te digo: es preciso resistir a pie firme y
batirse con las ollas en la mano.
EVÉLPIDES.-¿De qué nos servirán las ollas?
PISTETERO.-La lechuza no nos atacará28.
EVÉLPIDES.-¿Y contra esas de uñas tan ganchudas?
PISTETERO.-Coge el asador y ponlo en ristre.
EVÉLPIDES.-¿Y para proteger los ojos?
PISTETERO.-Defiéndelos con un plato o con la vinagrera.
EVÉLPIDES.-¡Qué ingenio! !Qué habilidad, digna de un general
consumado! Sabes más estrategia que Nicias29.
EL CORIFEO.-¡Eleleleu! Adelante30 y con el pico bajo; no vaciléis.
Picad, desgarrad, herid, arrancad; romped primero la olla.
ABUBILLA.-Deteneos y decidme: ¿por qué, crueles, queréis matar
y despedazar a dos hombres que ningún mal os han hecho, y que son,
además, de la misma tribu y familia que mi esposa?
EL CORIFEO.-Pues qué, ¿se perdona a los lobos? ¿No son nuestros
más feroces enemigos? Nunca encontraremos otros más dignos de
castigo.
ABUBILLA.-Si la naturaleza los hizo enemigos, su intención les
hace amigos, y vienen aquí a darnos un consejo útil.
EL CORIFEO.-¿Qué consejo útil pueden damos ni decirnos los
enemigos de nuestros abuelos?
ABUBILLA.-Los sabios aprenden muchas cosas de sus enemigos.
La desconfianza es la madre de la seguridad. Con un amigo jamás
28 Porque los reconocerá como atenienses.
29 Las estratagemas empleadas recientemente por Nicias en el sitio de Melos le habían dado celebridad.
17
aprenderíamos a ser cautos, al paso que un enemigo nos obliga a serlo;
las ciudades, en un principio, aprendieron de sus enemigos, y no de sus
amigos, a rodearse de altas murallas y a construir grandes naves, y con
esta lección, a defender hijos, casas y haciendas.
EL CORIFEO.-Sea; me parece que podrá ser útil el oírles antes;
puede recibirse alguna buena lección de un enemigo.
PISTETERO.-Su cólera parece calmarse. Retrocede un paso.
ABUBILLA.-Es muy justo; debéis de estarme agradecidos.
PISTETERO.-Cada vez se manifiestan más pacíficos; por
consiguiente, deja en el suelo la olla y los platos; ahora, con la lanza
terciada, digo, con el asador, paseémonos dentro del campamento, junto
a la olla, y sin perderla de vista. No debemos huir.
EVÉLPIDES.-Tienes razón. Y si morimos, Len qué punto del globo
nos enterrarán?
EVELPIDES.-En el Cerámico. Para que nos entierren por cuenta del
Estado, diremos que hemos muerto peleando con los enemigos junto a
Orneas31.
EL CORIFEO.-¿Quiénes son esos hombres, y de dónde vienen?
ABUBILLA.-Son dos extranjeros de la sabia Hélade.
EL CORIFEO.-¿Qué buen viento les trae a la morada de las aves?
ABUBILLA.-La afición a vuestra vida y costumbres y el deseo de
compartirlas y vivir con nosotros.
EL CORIFEO.-!Será verdad! ¿Y cuáles son sus proyectos?
ABUBILLA.-Increíbles, inauditos.
EL CORIFEO.-¿Hallan alguna ventaja en habitar aquí, o esperan
que viviendo con nosotros podrán vencer a su enemigo y favorecer a sus
amigos?
ABUBILLA.-Nos anuncian una felicidad inmensa, indecible e
increible, y demuestran con irrefutables argumentos que cuanto hay aquí
y allí, y en todas partes, todo nos pertenece.
30 ¡Eleleleul, grito de guerra.
18
EL CORIFEO.-¿Estarán locos?
ABUBILLA.-Su discreción no es para dicha.
EL CORIFEO.-¿Tienen talento?
ABUBILLA.-Son dos zorros redomados la astucia personificada,
gente muy corrida e ingeniosa.
EL CORIFEO.-Diles, diles que vengan a hablarnos. Sin más que oír
tus palabras, ya vuelo de gozo.
ABUBILLA.-(Dirigiéndose a los criados.) Recoged vosotros esas
armas y colgadlas de nuevo en la cocina, junto al hogar, bajo la
protección de los dioses domésticos. (A Pistetero.) Expón y demuestra a
la Asamblea el objeto para el que ha sido convocada.
PISTETERO.-No, por Apolo; nada diré mientras no prometan, como
aquel mono armero a su mujer, no morderme, ni desgarrarme, ni
taladrarme el...
EL CORIFEO.-Nada temas.
PISTETERO.-Ni los ojos.
EL CORIFEO.-Lo prometo.
PISTETERO-Júralo.
EL CORIFEO.-Lo juro, a condición de que estén de mi parte todos
los jueces y espectadores.
PISTETERO.-Convenido.
EL CORIFEO.-Y si no lo cumplo, que gane por un solo voto.
PISTETERO.-¿Pueblos, escuchad! Que los hoplitas recojan sus
armas y vuelvan a sus hogares e infórmense de las órdenes que se fijen
en los tablones32.
EL CORO.-El hombre es un ser siempre y en todo falso; habla tú,
sin embargo. Quizá me reveles algún proyecto que te parezca útil, o un
medio de aumentar mi poder que a mí se me haya pasado por alto y que
tú hayas visto. Habla; en inteligencia de que lo haces para el bien
general, porque los bienes que me procures los dividiré contigo.
31 Ciudad del Peloponeso, entre Corinto y Sicione, cuyo nombre significa pájaro. Poco antes de la
representación de Las Aves, los atenienses habían sido derrotados en sus inmediaciones.
19
EL CORIFEO.-Manifiesta confiadamente los proyectos que te han
traído aquí, pues bajo ningún pretexto romperé la tregua que contigo he
pactado.
PISTETERO.-No deseo otra cosa; la masa de mi discurso está ya
dispuesta, y sólo me falta amasarla. Esclavo, tráeme una corona y agua
para las manos; pero pronto.
EVÉLPIDES.-¿Pero es que vamos a cenar?33.
PISTETERO.-No, por Zeus; estoy buscando algunas palabras
magníficas y sustanciosas para ablandar sus ánimos.
(Dirigiéndose al Coro.) Sufro tanto por vosotros, que en otro tiempo
fuisteis reyes...
EL CORIFEO.-¿Nosotros reyes? ¿De quién?
PISTETERO.-Reyes de todo cuanto existe: de mí, en primer lugar;
de éste; del mismo Zeus, porque sois anteriores a Cronos, a los Titanes y
a la Tierra.
CORO.-¿A la Tierra?
PISTETERO.-Sí, por Apolo.
ABUBILLA.-He ahí, por Zeus, algo que yo ignoraba.
PISTETERO.-Es que sois ignorantes y descuidados y no habéis
manoseado a Esopo. Esopo dice que la alondra nació antes que todos los
seres y que la misma Tierra; su padre murió de enfermedad, cuando la
Tierra aún no existía; permaneció cinco días insepulto, hasta que la
alondra, ingeniosa por la fuerza de la necesidad, enterró a su padre en su
cabeza.
EVÉLPIDES.-POr eso el padre de la alondra yace ahora en Céfale34.
PISTETERO.-De modo que si las aves son anteriores a la Tierra y a
los dioses, a ellas les pertenecerá el mando por derecho de antigüedad.
EVÉLPIDES.-Sí, por Apolo; procura, por tanto, fortificar tu pico,
pues Zeus no devolverá así como así su cetro al pito real.
32 Fórmula empleada para la promulgación de las leyes.
33 Los preparativos para pronunciar un discurso y ponerse a la mesa eran muy parecidos.
34 Nombre de un demo del Atica, que significa cabeza.
20
PISTETERO.-Hay infinitas pruebas de que las aves, y no los dioses,
reinaron sobre los hombres en la más remota antigüedad. Empezaré por
citaros al gallo, que reinó sobre todos los persas antes que todos sus
monarcas, antes que Darío y Megabises; y en memoria de su reinado se
le llama todavía el ave pérsica.
EVÉLPIDES.-¡Ah, comprendo! Por eso es la única de las aves que
anda majestuosamente, como el Gran Rey, con la tiara recta sobre la
cabeza.
PISTETERO.-Fué tan grande su poder y tan respetada su
autoridad, que hoy mismo, como un vestigio de su dignidad antigua, en
cuanto canta al amanecer, corren al trabajo y se calzan en la oscuridad
todos los herreros, alfareros, curtidores, zapateros, bañeros, panaderos y
fabricantes de liras y de escudos.
EVÉLPIDES.-Pregúntamelo a mí; precisamente un gallo tuvo la
culpa de que perdiese un fino manto de lana frigia. Estaba yo en la ciudad
convidado a un banquete que se daba para celebrar el acto de poner
nombre a un niño, bebí algo y empecé a dormitar; en esto, y antes de
que los demás convidados se sentasen a la mesa, se le ocurre cantar a un
gallo; creyendo que era de día, marcho en dirección a Alimunte35; apenas
salgo extramuros, un ladrón me asesta en la espalda un terrible
garrotazo; caigo al suelo; voy a pedir socorro; pero era tarde; ya había
desaparecido con mi manto.
PISTETERO.-El milano fue antiguamente jefe y rey de los helenos.
EL CORIFEO.-¿De los helenos?
PISTETERO.-Durante su reinado él fue quién les enseñó a
arrodillarse a la vista de los milanos.
EVÉLPIDES.-Sí, por Dionysos; un día que me prosterné en
presencia de uno de ellos, me eché al suelo con la boca abierta y me
tragué un óbolo36, por lo cual volví a casa con mi saco vacío37.
35 Demo del Atica.
36 De los que llevaban en la boca, según costumbre muy generalizada.
37 Sin duda, el saco que llevaba para comprar la harina con el óbolo pagado.
21
PISTETERO.-El cuco fue rey de Egipto y de toda la Fenicia; así es
que cuando cantaba ¡cu-cu! todos los fenicios iban al campa a segar el
trigo y la cebada.
EVÉLPIDES.-De ahí, sin duda, viene el proverbio: ¡Cu cu!, los
circuncidados, al campo38.
PISTETERO.- Tan grande fué el poder de la gente alada, que los
reyes de las ciudades griegas, Agamenón y Menelao, llevaban en el
extremo de su cetro una ave que participaba de sus presentes.
EVÉLPIDES.-No sabía yo eso; así es que me admiraba cuando
Príamo se presentaba en las tragedias con un pájaro que observaba
fijamente a Lisícrates39 y los regalos con que se deja sobornar.
PISTETERO.-Pero oíd la prueba más contundente: Zeus, que ahora
reina, lleva sobre su cabeza un águila, atributo de su soberanía; su hija
lleva una lechuza, y Apolo, su ministro un azor.
EVÉLPIDES.-¡Es verdad, por la venerable Deméter! Mas ¿para qué
llevan esas aves?
PISTETERO.-Para que en los sacrificios, cuando según el rito, se
ofrecen las entrañas a los dioses, las aves reciban su parte antes que
Zeus. Entonces ningún hombre juraba por los dioses, sino todos por las
aves.
EVELPIDES.-Lampón aún jura por el ganso, cuando quiere
engañar40.
PISTETERO.-¡En tanta estima y veneración tenían entonces a los
que ahora sois considerados como imbéciles y esclavos viles! Hoy os
apedrean como a los dementes; hoy os arrojan de los templos; hoy
infinitos cazadores os tienden lazos y preparan contra vosotros varetas,
cepos, hilos, redes y pihuelas; hoy os venden a granel después de
cogidos, y ¡oh, colmo de ignominia¡, los compradores Os tantean para ver
si estáis gordos. ¡Y si se contentasen al menos con asaros! Pero hacen un
menudo picadillo de silfio y queso, aceite y vinagre; le agregan otros
38 Los egipcios y fenicios practicaban la circuncisión.
39 General ateniense, ambicioso y venal.
22
condimentos dulces y crasos y derraman sobre vosotros esta salsa
hirviente, comO si fué seis carnes corrompidas.
EL CORO.-Acabas de hacernos, hombre querido, un triste,
tristísimo relato. ¡Cuánto deploro la incuria de mis padres que, lejos de
transmitirme los honores heredados de sus abuelos, consintieron que
fuesen abolidos¡ Pero, sin duda, algún numen propicio te envía para que
me salves; a tí me entrego, pues, confiadamente con mis pobres
polluelos. Dinos lo que hay que hacer; porque seríamos indignos de vivir,
si no reconquistásemos por cualquier medio nuestra soberanía.
PISTETERO.-Opino primeramente que todas las aves se reúnan en
una sola ciudad, y que las llanuras del aire y de este inmenso espacio se
circunden de un muro de grandes ladrillos cocidos, como los de Babilonia.
ABUBILLA.-¡Oh!, Cebrión; ¡oh!, Porfirión41, ¡qué terrible plaza
fuerte!
PISTETERO.-Cuando hayáis construido esa muralla, reclamaréis el
mando a Zeus; y si se obstina en no acceder declaradle una guerra
sagrada y prohibid a los dioses que atraviesen como antes vuestros
dominios y que desciendan a la tierra, enardecidos por su adúltero amor a
las Alcmenas, Alopes y Semeles; y si se presentan, hay que ponerles un
anillo alrededor del glande para que no puedan unirse a ellas. Enviad en
seguida otro alado embajador a los hombres para que les haga entender
que, siendo las aves dueñas del mundo, a ellas deben ofrecer primero sus
sacrificios y después a los dioses, y que deberán agregar a cada divinidad
el ave que le convenga; si, por ejemplo, sacrifican a Afrodita, ofrecerán al
mismo tiempo cebada a la picaza marítima; si matan una oveja en honor
de Poseidón, presentarán granos de trigo al ánade; si un buey a Heracles,
tortas con miel a la gaviota; si inmolan un carnero en las aras de Zeus-
Rey, rey es también el reyezuelo y, por consiguiente, habrá de
consagrársele, antes que al mismo Zeus, un mosquito macho.
40 Lampón era un adivino. En griego sólo hay una letra de diferencia entre el nombre de Zeus y la voz de ganso.
41 Nombres de pájaros y de gigantes.
23
EVELPIDES.-Me agrada ese sacrificio de un mosquito. ¡Que truene
ahora el gran Zeus!
ABUBILLA.-Pero ¿cómo nos tendrán los hombres por dioses, y no
pOr grajos, al ver que volamos y tenemos alas?
PISTETERO.-No sabes lo que dices; Hermes, que es todo un dios,
tiene alas y vuela, y lo mismo otras muchas divinidades: la Victoria vuela
con alas de oro, el Amor tiene las suyas, y Homero compara a Iris cOn
una tímida paloma.
ABUBILLA.-¿No tronará Zeus? ¿No lanzará contra nosotros su
alígero rayo?
PISTETERO.-Si los hombres, en su ceguedad, se obstinan en
despreciaros y en tener por dioses sólo a los del Olimpo, lanzad sobre la
tierra una nube de gorriones que arrebaten de los surcos las semillas;
veremos si Deméter baja a distribuir trigo a los hambrientos.
EVÉLPIDES.-No lo hará, de seguro; veréis cómo alega mil
pretextos.
PISTETERO.-Además, que los cuervos, para probar que sois
dioses, saquen los ojos a los bueyes de labranza y a Otros ganados, y que
enseguida los cure Apolo, que es médico; para eso le pagan.
EVÉLPIDES.-¡Eh, no! Aguarda a que haya vendido mi parejita.
PISTETERO-Por el contrario, si los hombres os tienen a tí por un
dios, a tí por la vida, a tí por Cronos, a tí por Poseidón, lloverán sobre
ellos todos los bienes.
ABUBILLA.-Dime siquiera uno de ellos.
PISTETERO.-En primer lugar, los saltamontes no devorarán las
flores de sus viñas, porque un solo escuadrón de lechuzas y cernícalos
dará buena cuenta de ellas. Después sus higos estarán libres de
mosquitos y cínifes que serán devorados por un escuadrón de tordos.
ABUBILLA.-¿Pero cómo les daremos las riquezas, que es lo que
más quieren?
PISTETERO.-Cuando consulten a las aves, indicaréis al adivino las
minas más ricas y los tráficos más lucrativos; ni un marino perecerá.
24
ABUBILLA.-¿Por qué no perecerá?
PISTETERO.-Porque cuando consulte los auspicios sobre la
navegación no faltará nunca un ave que le diga: «No te embarques, habrá
tempestad»; o «embárcate, tendrás ganancias.»
EVÉLPIDES.-Compro un navío y me lanzo al mar; no quiero ya
vivir con vosotros.
PISTETERO.-Revelaréis también a los hombres el lugar donde se
ocultan los tesoros enterrados por sus padres; porque todos lo sabéis. De
aquí el proverbio: «Nadie sabe dónde está mi tesoro, como no sea algún
pájaro.»
EVÉLPIDES.-(Aparte.) Vendo mi barco; compro un azadón, y la
desenterrar ollas de oro¡
ABUBILLA.-¿Y cómo darles la salud de que gozan los dioses?
PISTETERO.-¿Qué mejor salud que la felicidad? Créeme, un
hombre desgraciado nunca está bueno.
ABUBILLA.-Pero ¿cómo llegarán a la vejez? Porque como ésta
habita en el Olimpo, habrán de morir en la infancia.
PISTETERO.-Todo lo contrario; las aves prolongaréis su vida
trescientos años.
ABUBILLA.-¿De quién los tomaremos?
PISTETERO.-¿De quién? De vosotros mismos. ¿Ignoras que la
graznadora corneja vive cinco vidas de hombre?
EVÉLPIDES.-¡Ah, cuánto más grato será su imperio que el de
Zeus!
PISTETERO.-¿Quién lo duda? En primer lugar, no tendremos que
consagrarles templos de piedra cerrados con puertas de oro, porque
habitarán entre el follaje de las encinas; un olivo será el templo de las
aves más veneradas; además, para ofrecerles sacrificios no habrá que
hacer ningún viaje a Delfos o Amnon42, sino que parándonos delante de
los madroños y acebuches, les presentaremos un puñado de trigo o de
cebada, suplicándoles, con las manos extendidas, que nos concedan parte
25
de sus bienes, y los conseguiremos sin más dispendios que un poquillo de
grano.
EL CORIFEO.-¡Oh, anciano, que después de haberme sido tan
odioso me eres ahora tan querido, nunca por mi voluntad me apartaré de
tus consejos!
EL CORO.-Animado por tus palabras, he prometido y jurado que si
tú, fiel a tus promesas, te unes a mí, sin dolo alguno para atacar a los
dioses, éstos no conservarán mucho tiempo el cetro que me pertenece.
Todo lo que dependa de la fuerza queda a nuestro cargo, y al tuyo lo que
exija habilidad y consejo.
ABUBILLA.-¡Por Zeus! Que no es tiempo de dormirse v dar largas
a la manera de Nicias, sino de obrar con energía y rapidez. Entrad en mi
nido de pajas y ramaje y decidnos vuestros nombres.
PISTETERO.-Es fácil; me llamo Pistetero.
ABUBILLA.-¿Y ése?
PISTETERO.-Evélpides, de la aldea de Crisa.
ABUBILLA.-Sed ambos bienvenidos.
PISTETERO.-Aceptamos el augurio.
ABUBILLA.-Entrad, pues.
PISTETERO.-Vamos, dirígenos tú.
ABUBILLA.-Venid.
PISTETERO.-¡Ah, cielos! Ven, vuelve acá. ¿Cómo éste y yo, que no
tenemos alas, os hemos de seguir cuando voléis?
ABUBILLA.-Muy fácilmente.
PISTETERO.-Piénsalo bien; mira que Esopo dice en sus fábulas que
a la zorra le causó grave perjuicio su alianza con el águila.
ABUBILLA.-Nada temas; hay una raíz que os dará alas en cuanto
la comáis.
PISTETERO.-Entremos cOn esa condición. Ea, Xantias, y tú,
Manodoro43, coged nuestro equipaje.
42 Templo y oráculo de Zeus en Libia.
43 Nombres de esclavos.
26
EL CORIFEO.-¡Hola¡ ¡Eh, Abubilla! A tí te llamo.
ABUBILLA.-¡Qué me quieres?
EL CORIFEO.-Llévate a ésos y dales bien de comer, pero déjanos
aquí al melodioso ruiseñor, de canto tan suave como el de las musas; que
venga para que juguemos con ella44.
PISTETERO.-Sí, por Zeus cede a sus deseos; hazla salir de entre
las floridas gañas. Por los dioses te pido que la llames para que
contemplemos también nosotros al ruiseñor.
ABUBILLA.-Puesto que lo deseáis, fuerza es obedeceros: sal,
Procne, y muéstrate a nuestros huéspedes.
(Sale Procne)
PISTETERO-¡Oh, venerado Zeus! ¡Qué linda avecilla¡ ¡Qué tierna!
Qué brillante!
EVÉLPIDES.-¡Con qué placer la abriría yo de piernas¡
PISTETERO.-¡Cuánto oro! Parece una virgen.
EVÉLPIDES.-Tentado estoy de darle un beso.
PISTETERO.-Pero, desdichado, ¿no ves que tiene por pico dos
asadores?
EVÉLPIDES.-¿Qué importa? ¿Hay más que quitarle la cascarilla que
le cubre la cabeza, como si fuese un huevo, y besarla después?
ABUBILLA.-Vamos.
PISTETERO.-Guíanos en hora buena. Sé nuestra guía y la buena
suerte de los dos.
EL CORO.-Amable avecilla, el más querido de mis alados
compañeros, mi señor, que presides nuestros cantos; al fin viniste a mi
presencia; viniste para dejar oír tu suavísimo gorjeo. Tú, que en la flauta
armoniosa tañes primaverales melodías, preludia nuestros anapestos.
EL CORIFEO.-Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera,
impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que,
27
privados de alas, pasáis vuestra vida fugaz como vanas sombras o
ensueños mentirosos, escuchad a las aves, seres inmortales y eternos,
aéreos, exentos de la vejez y ocupados siempre en pensamientos
perdurables; nosotros os daremos a conocer los fenómenos celestes, la
naturaleza de las aves y el verdadero origen de los dioses, de los ríos, del
Erebo y del Caos; con tal enseñanza podréis causar envidia al mismo
Pródigo45. En el principio sólo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y
el profundo Tártaro; la tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía;
al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo
sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido
Amor con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El
Amor, uniéndose en los abismos del Tártaro al Caos alado y tenebroso,
engendró nuestra raza, la primera que nació a la luz. La de los inmortales
no existía antes de que el Amor mezclase los gérmenes de todas las
cosas; pero, al confundirlos, brotaron de tan sublime unión el Cielo, la
Tierra, el Océano y la raza eterna de las deidades bienaventuradas. He
aquí cómo nosotros somos muchísimo más antiguos que los dioses. Nosotros
somos hijos del Amor; mil pruebas lo confirman; volamos como él
y favorecemos a los amantes. ¡Cuántos lindos muchachos habiendo
jurado ser insensibles, se rindieron a sus amantes al declinar su edad
florida, vencidos por el regalo de una codorniz, de un porfirión, de un
ánade o de un gallo¡ Nos deben los mortales sus mayores bienes. En
primer lugar, anunciamos las estaciones; la primavera, el invierno y' el
otoño; la grulla, al emigrar a Libia, advierte al labrador que siembre; al
piloto, que cuelgue el timón y se entregue al descanso; a Orestes, que se
mande tejer un manto para que el frío no le incite a robárselo a los transeúntes.
El milano anuncia, al aparecer, otra estación y el momento
Oportuno de trasquilar los primaverales vellones; y la golondrina dice que
ya es preciso abandonar el manto y vestirse una túnica ligera. Las aves
reemplazamos para vosotros a Anmon, a Delfos, a Dodona y a Apolo.
44 ya hemos dicho que el ruiseñor en cuestión era Procne, la propia amada de Abubilla.
45 Filósofo de gran notoriedad.
28
Para todo negocio comercial, O compra de víveres, o matrimonios nos
consultáis previamente y dáis el nombre de auspicios a todo cuanto sirve
para revelaros el porvenir; una palabra es un auspicio; un estornudo es
un auspicio; un encuentro es un auspicio. Una voz es un auspicio, el
nombre de un esclavo es un auspicio; un asno es un auspicio. ¿No está
claro que somos para vosotros el fatídico Apolo? Si nos reconocéis por
dioses, hallaréis en nosotros las Musas proféticas, los vientos suaves, las
estaciones, el invierno el estío, un calor moderado; no iremos, como
Zeus, a posarnos orgullosos sobre las nubes, sino que, viviendo a nuestro
lado, os dispensaremos a vosotros y a vuestros hijos, y a los hijos de
vuestros hijos, riquezas y salud, felicidad, larga vida; juventud; risas;
danzas; banquetes; delicias increíbles, en fin, tal abundancia de bienes
que llegaréis a saciaros. ¡Tan ricos seréis todos!
Musa silvestre de variados tonos, tio, tio, tio, tio; tio; tio; tio, tix, yo
canto contigo en las selvas y en la cumbre de los montes: tio, tio, tio, tio,
tix; posado entre el follaje de un copudo fresno; tio, tio, tio, tio, tix;
exhalo de mi delicada garganta himnos sagrados; tio, tio, tio, tix; que se
unen en las montañas a los augustos coros en honor de Pan y la madre
de los dioses; to, to, to, to, to; to; to; to; to; tix. En ellos, a modo de
abeja, liba Frínico el néctar de sus inmortales versos y de sus dulcísimas
canciones, tio, tio, tio, tio, tix.
EL CORIFEO.-(A los espectadores.) Si alguno de vosotros quiere
pasar dulcemente su existencia viviendo con las aves, que acuda a
nosotros. Todo lo que en la tierra es torpe y se halla prohibido por las
leyes, goza entre la gente alígera de un pequeño honor. Entre los
hombres, por ejemplo, es un crimen odioso el pegar a su padre; entre las
aves, nada más bello que acometerle gritando: si riñes, coge tu espolón.
El siervo prófugo, marcado con infamante estigma, pasa aquí por pintado
francolín; un bárbaro, un frigio, tal como Espíntaro, será entre nosotros el
frigilo, de la familia de Filemón; un esclavo de Caria, Execéstides, por
ejemplo, podrá proveerse entre las aves de abuelos y parientes. ¿Qué
más? ¿Quiere el hijo de Pisias abrir las puertas a los infames? Pues
29
transfórmese en perdiz, digno hijo de su padre, que por acá no es
deshonroso escaparse como la perdiz.
EL CORO.-Así, los cisnes, tío, tio, tio; tio; tio; tio; tio, tix, uniendo
sus voces y batiendo las alas, cantan a Apolo, tio, tio, tio, tix;
deteniéndose en las orillas del Hebro, tio: tio; tio, tix, sus acentos
atraviesan las etéreas nubes, escúchanlos las fieras arrobadas y el mar
serenando sus olas, to, to, to, to, to, to, to; tio; tio; tix; todo el Olimpo
resuena; los dioses inmortales las Musas y las Gracias repiten gozosos
aquella melodía: tio, tio, tio, tix.
EL CORIFEO.-Nada mejor, nada hay más agradable que tener alas.
Si uno de vosotros las tuviese, podría, cuando asistiendo impaciente y
malhumorado a una interminable tragedia, se sintiese desfallecer de
hambre, volar a su casa, comer y regresar satisfecho su apetito. Si
Patróclides se viera acosado en el teatro por una apremiante necesidad,
no tendría que ensuciar su manto, pues volaría a otra parte, y después de
desahogarse, tornaría a su asiento recobradas las fuerzas. Aún más; si
alguno de vosotros, no importa quién, abrasado por adúltera llama,
distinguía al marido de su amante en las gradas de los Senadores, podría,
extendiendo sus alas, trasladarse a la amorosa cita, y satisfecha su
pasión, volver a su puesto. ¿Comprendéis ahora las inmensas ventajas de
ser alado? Por eso Diitrefes46, aunque sólo tiene alas de mimbre, ha sido
nombrado filarco primero; después hiparco; y de hombre de nada, se ha
convertido en gran personaje, y hoy es ya el gallito de su tribu.
PISTETERO.-(Que vuelve provisto de alas, lo mismo que
Evélpides.) Ya está.
EVÉLPIDES.-POr Zeus, nunca vi nada tan cómico.
PISTETERO.-¿De qué te ríes?
EVÉLPIDES.-De tus alas. ¿Sabes lo que pareces con ellas?
PISTETERO.-Tú sí; a un ganso pintado de brocha gorda.
EVÉLPIDES.-Y tú un mirlo tonsurado.
46 Cestero, que se enriqueció fabricando botellas de mimbre.
30
PISTETERO.-Nosotros lo hemos querido; y como dice Esquilo: «No
son plumas de otro, sino nuestras.»
EL CORIFEO.-Pero veamos, ¿qué hemos de hacer?
PISTETERO.-Lo primero, darle a nuestra ciudad un nombre ilustre
y pomposo; después, ofrecer un sacrificio a los dioses.
EVÉLPIDES.-Lo mismo digo yo.
EL CORIFEO.-¿Qué nombre le pondremos a nuestra ciudad?
PISTETERO.-¿Queréis que le demos uno magnífico, tomado de
Lacedemonia? ¿Queréis que la llamemos Esparta?
EVÉLPIDES.-¡Por Heracles! ¿Esparta mi ciudad? Cuando ni siquiera
consiento que sea de esparto mi lecho, aunque sólo tenga una estera de
junco.
PISTETERO.-¿Pues qué nombre le daremos?
EVELPIDES.-Uno magnífico, tomado de las nubes y de estas
elevadas esferas.
PISTETERO.-¿Te gusta el de Nefelococigia?47.
ABUBILLA.-¡Oh! ¡Oh! Ese sí que es bello y grandioso.
EVÉLPIDES.-¿No es en Nefelococigia donde están todas las
grandes riquezas de Teógenes y Esquines?48.
PISTETERO.-No; donde están es en el llano de Flegra,49 en el que
los dioses aniquilaron la arrogancia de los gigantes.
EVÉLPIDES.-Será una ciudad hermosísima. Pero ¿cuál será su
divinidad protectora? ¿Para quién tejeremos el peplo?
PISTETERO.-¿Por qué no escogemos a Atenea Polias?
EVÉLPIDES.-¿Cómo podrá reinar buen orden en una ciudad donde
una diosa lleve una panoplia y Clistenes... una rueca?
EL CORIFEO.-¿Quién guardará el muro pelárgico de la ciudad?50
PISTETERO.-Un ave.
EL CORIFEO.-¿Uno de nosotros? ¿De qué raza?
47 Significa ciudad de las nubes y los cucos.
48 Ciudadanos que se jactaban de tener riquezas, siendo pobrísimos.
49 Otro lugar imaginario.
50 Pelárgico y no pelásgfco. Literalmente muro de las cigüeñas. Rodeaba a la antigua ciudadela de Atenas.
31
PISTETERO.-De la raza pérsica, que es el más valiente de todos;
un ave de Ares51.
EVÉLPIDES.-¡Oh gallo y señor! ¡Es un dios a propósito para vivir
entre las rocas!
PISTETERO.-Ea, vete al aire, a ayudar a los albañiles que
construyen la muralla: llévales morrillos; desnúdate y haz mortero; sube
la gamella; cáete de la escala; pon centinelas; guarda el fuego bajo la
ceniza; ronda con tu campanilla, y duérmete; envía luego dos heraldos:
uno, arriba, a los dioses; otro, abajo, a los hombres, y después vuelve a
mi lado. EVÉLPIDES.-Tú quédate aquí, y revienta.
PISTETERO.- Anda, amigo mío, adonde te envío; nada de cuanto
te he dicho puede hacerse sin tí. Yo voy a ofrecer un sacrificio a los
nuevos dioses, y a llamar al sacerdote para que presida la procesión. ¡Eh,
tú, esclavo!, trae el canastillo y el agua lustral.
EL CORO.-Yo uno a las tuyas mis fuerzas y mi voluntad, y te
exhorto a dirigir a los dioses súplicas espléndidas y solemnes, y a inmolar
una víctima en acción de gracias. Entonemos en honor del dios canciones
píticas acompañadas por la flauta de Queris.
PISTETERO.-(Primero al flautista y luego al sacerdote.) Tú, deja de
soplar. ¡Heracles! ¿Qué veo? Por Zeus, muchos prodigios he visto, pero
nunca a un cuervo con bozal52. Sacerdote cumple tu deber y sacrifica a los
nuevos dioses.
EL SACERDOTE.-Lo haré. ¿Dónde está el que lleva el canastillo?
Rogad a la Hera de las aves, al milano protector del hogar y a todos los
pájaros, olímpicos y olímpicas, dioses y diosas...
PISTETERO.-¡Salve, gavilán protector de Sunio, rey pelásgico!
EL SACERDOTE.-Al cisne Pítico y Delio; a Leto, madre de las
codornices; a Artemis, Jilguero...
PISTETERO.-En adelante no habrá Artemis Colenis, sino Artemis-
Jilguero.
51 El gallo.
52 Los flautistas se colocaban una correa delante de la boca.
32
EL SACERDOTE.- ...Y al frigilo Sabacio53, a Cibeles avestruz,
augusta madre de los dioses y los hombres...
PISTETERO.-¡Oh poderosa Cibeles avestruz, madre de Cleócrito54.
EL SACERDOTE.-Que den salud y felicidad a los nefelococigios y a
sus aliados de Quíos55.
PISTETERO.-Me gusta ver en todas partes a los de Quíos.
EL SACERDOTE.-A los héroes, a las aves, a los hijos de los héroes,
al porfirión, al pelícano, al pelecino, al fléxide; al tetraón, al pavo real, al
elea, a la cerceta, al elasa; a la garza, al mergo, al becafigo, al pavo...
PISETERO.-Acaba, hombre infernal; acaba tus invocaciones.
Desdichado, ¿a qué víctimas llamas a los buitres y a las águilas de mar?
¿No ves que un milano basta para devorar estas viandas? ¡Lárgate de
aquí con tus ínfulas! Ofreceré yo solo el sacrificio.
EL SACERDOTE.-Es preciso que para la aspersión entone un nuevo
himno sacro y piadoso, e invoque a los dioses, a uno siquiera, si es que
tenéis bastantes provisiones, pues vuestras decantadas víctimas veo que
se reducen a barbas y cuernos.
PISTETERO.-Oremos al sacrificar a los dioses alados.
UN POETA.-(Que sale recitando.) Celebra, oh Musa, con tus
himnos y canciones a la feliz Nefelococigia.
PISTETERO.-¿De dónde sale éste? Di, ¿quién eres tú?
EL POETA.-Soy un aedo melifluo, un trabajoso servidor de las
Musas, como dice Homero.
PISTETERO.-Si eres esclavo, ¿cómo llevas largo el cabello?56.
EL POETA.-No es eso; todos los poetas somos trabajosos
servidores de las Musas, al decir de Homero.
PISTETERO.-Ya no me asombro: tu manto demuestra muchos
años de servicio. Pero, desdichado poeta, ¿qué mal viento te ha traído
aquí?
53 Dionysos.
54 Alude a la traza de avestruz de Cleócrito.
55 Quíos era una de las aliadas más fieles de Atenas.
56 Los esclavos llevaban la cabeza rapada. .
33
EL POETA.- -He compuesto en honor de vuestra Nefelococigia varios
cantos, hermosos ditirambos y partenias57, y algunas odas al estilo de
Simónides.
PISTETERO.-¿Cómo has compuesto esas cosas? ¿Y desde cuándo?
EL POETA.-Hace mucho, mucho tiempo que canto las alabanzas de
esta ciudad.
PISTETERO.-¡Pero si en este instante celebro la fiesta de su
fundación, y acabo de ponerla un nombre como a los niños de diez días!58.
EL POETA.-¡Qué importa! La voz de las Musas vuela como los más
rápidos corceles. ¡Oh tú, padre mío, fundador del Etna; tú, cuyo nombre
recuerda los divinos templos, otórgame propicio los bienes que para tí
desearías!
PISTETERO.-No nos vamos a quitar de encima esta calamidad, si
no le damos alguna cosa. Tú (dirigiéndose a uno de los presentes,) que
tienes ese abrigo sobre la túnica, quítatelo y dáselo a este discretísimo
poeta. (Al poeta.) Toma este abrigo, pues me parece que estás tiritando.
EL POETA.-Mi Musa acepta regocijada este presente. Pero escucha
estos versos pindáricos...
PISTETERO.-¿Cuándo acabará por marcharse este importuno?
EL POETA.- Sin vestido de lino
Vaga Estratón en el confín helado
Del errabundo escita:
Burdo manto le han dado,
Pero aún túnica fina necesita.
¿Comprendes lo que quiero decir?
PISTETERO.-¡Vaya si comprendo! Quieres que te regale una túnica
(A un criado.) Quítatela: es preciso obsequiar a los poetas (Al poeta.)
Tómala y vete.
57 Versos cantados por coros de doncellas
58 A los diez días de su nacimiento se ponía nombre a los niños, celebrándose este suceso con un banquete.
34
EL POETA.-Me voy; pero al marcharme, compongo estos versos
en honor de vuestra ciudad:
Númen de áureo trono,
Celebra esta ciudad
Que tirita a los soplos De un céfiro glacial.
Yo su campiña fértil
Vengo de visitar,
Alfombrada de nieve.
¡Tralalá, tralalá!
(Vase.)
PISTETERO.-Sí, pero te escapas de estos helados campos con una
buena túnica. Jamás hubiera creído, Zeus soberano, que ese maldito
poeta pudiera adquirir tan pronto noticias de esta ciudad. (Al Sacerdote.)
Coge la vasija59 y da vuelta al altar.
EL SACERDOTE.-¡Silencio¡
EL ADIVINO.-(Entrando y dirigiéndose al Sacerdote.) No empieces
inmolando al chivo.
PISTETERO.-Y tú quién eres?
EL ADIVINO.-¿Qué quién soy? Un adivino.
PISETERO.-Entonces, ¡lárgate de aquí!
EL ADIVINO.-Amigo mío, no desprecies las cosas divinas: hay una
profecía de Bacis que se refiere claramente a Nefelococigia.
PISTETERO.-¿Por qué no me hablaste de ese oráculo antes de
fundar la ciudad?
EL ADIVINO.-La Divinidad me lo impedía.
PISTETERO.-No hay inconveniente en que oigamos el vaticinio.
EL ADIVINO.-(Leyendo en un papiro.) «Cuando los lobos y las
blancas palomas habiten juntos entre Corinto y Sicione... »
PISTETERO.-Pero ¿qué tenemos que ver nosotros con los
Corintios?
35
EL ADIVINO.-Al expresarse de ese modo Bacis, se refería al aire.
«Sacrificad primeramente a Pandora un blanco vellocino, y después
regalad al profeta que interprete mis oráculos un buen vestido y zapatos
nuevos...»
PISTETERO.-¿También zapatos?
EL ADIVINO.-Toma y lee. «Y dadle, además, una copa y un buen
trozo de las entrañas de la víctima.»
PISTETERO.-¿También dice «darle un trozo de las entrañas»?
EL ADIVINO.-Toma y lee. «Joven divino, si obedecieres mis
mandatos, serás un águila en las nubes; si no le das nada, ni tórtola, ni
águila, ni pito real.»
PISTETERO.-¿También dice eso?
EL ADIVINO.-Toma y lee.
PISTETERO.- Pero tu oráculo en nada se parece a otro que escribí
yo mismo bajo la inspiración de Apolo. Escucha: «Cuando, sin que nadie
le llame, venga un charlatán a molestarte mientras estás ofreciendo un
sacrificio y pida una porción de las entrañas, deberás molerle las costillas
a palos.»
EL ADIVINO.-Supongo que bromeas.
PISTETERO.-Toma y lee. (Y no le perdones, aunque sea un águila
en las nubes, aunque sea Lampón, aunque sea el gran Diopites.»
EL ADIVINO.-¿También dice eso?
PISTETERO.-Toma lee y ¡lárgate... a los cuervos!
EL ADIVINO.-¡Ay, pobre de mí!
PISTETERO.-¿Vas a largarte rápido y vaciar en otra parte tus
oráculos?
METÓN.-(Geómetra.) Vengo a veros para...
PISTETERO.-Otro importuno. ¿Qué te trae aquí? ¿Cuáles son tus
proyectos? ¿Qué te propones viniendo tan encopetado con tus coturnos?
METÓN.-Quiero medir las llanuras aéreas, y dividirlas en parcelas.
PISTETERO.-En nombre de los dioses, quién eres?
59 Es decir, la que contiene el agua lustral.
36
METÓN.-¿Quién soy? Metón, conocido en toda la Hélade y en la
aldea de Colona.
PISTETERO.-Dime, ¿qué es eso que traes ahí?
METÓN.-Reglas para medir el aire. Pues todo el aire, en su forma
general, es enteramente parecido a un horno. Por tanto, aplicando por
arriba esta línea curva y ajustando el compás... ¿Comprendes?
PISTETERO.-Ni una palabra.
METÓN.-Con esta otra regla trazo una línea recta, inscribo un
cuadrado en el círculo y coloco en su centro el Agora; a ella afluirán de
todas partes calles derechas, del mismo modo que del sol, aunque es
circular, parten rayos rectos en todas direcciones.
PISTETERO.-¡Este hombre es un Táles... Metón!
METÓN.-¿Qué?
PISTETERO.-Ya sabes que te quiero; pero voy a darte un buen
consejo: márchate cuanto antes.
METÓN.-¿Qué peligro corro?
PISTETERO.-Aquí, como en Lacedemonia, es costumbre expulsar a
los extranjeros, y en toda la ciudad llueven garrotazos sobre ellos.
METÓN-¿Es que, por acaso, estáis en revolución?
PISTETERO.-No, ciertamente, por Zeus.
METÓN. ¿Qué ocurre entonces?
PISTETERO.-Que hemos tomado por unanimidad la decisión de
pulverizar a todos los impostores.
METÓN.-En este caso, voy a largarme.
PISTETERO.-Sí, por Zeus; y aún no sé si podrás escapar, pues
aquí está ya la tormenta. (Le pega.)
METÒN.-(Huyendo.) ¡Desdichado de mí!
PISTETERO.-¿No te lo decía hace tiempo? Vete con tus medidas a
otra parte y bien lejos de aquí.
37
UN INSPECTOR.-(Que llega mientras Metón huye.) ¿Dónde están
los próxenos?60.
PISTETERO.-¿Quién es este Sardanápalo?
EL INSPECTOR.-Soy un inspector, designado por la suerte para
ejercer mi vigilancia en Nefelococigia.
PISTETERO—¡Un inspector! ¿Y quién te ha enviado?
EL INSPECTOR.-Un maldito oráculo de Teleas.
PISTETERO.-¿Quieres recibir tu paga y marcharte, sin más
historias.
EL INSPECTOR.-Sí, por los dioses; precisamente tenía hoy
necesidad de estar en Atenas para asistir a la Asamblea: tengo un asunto
de Farnaces61.
PISTETERO.-Toma y vete; aquí tienes tu paga (Le pega.)
EL INSPECTOR.-¿Qué es esto?
PISTETERO.-Es la Asamblea en que has de defender a Farnaces.
EL INSPECTOR—¡Sed testigos de que me pega! ¡A mí! ¡A un
inspector)
PISTETERO.-¿No te irás con tus malditas urnas judiciales? Esto es
el colmo: ¡enviar inspectores a una ciudad antes de haber terminado los
sacrificios de los dioses!
(El inspector huye. Llega un vendedor de decretos.)
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-«Todo ciudadano de Nefelococigia
que produjese daños a uno de Atenas...»
PISTETERO.-¿Qué nueva calamidad es ésta, cargada de
pergaminos?
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-Soy un vendedor de decretos, y
vengo a venderos leyes nuevas.
PISTETERO.-¿Cuáles?
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-«Los habitantes de Nefelococigia
tendrán las mismas leyes, pesos y medidas que los Olofixios62.
60 Magistrados encargados de recibir a los extranjeros que venían a Atenas.
61 Agente del Rey de Persia en Atenas.
38
PISTETERO.-Ahora vas a conocer las de los Ototixios 63.
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-Pero ¿qué te pasa, hombre?
PISTETERO.-Si no te largas con tus decretos te voy a aplicar otros
bien duros.
EL INSPECTOR.-(Volviendo.) Cito en justicia y por injurias a
Pistetero para el mes muniquión64.
PISTETERO.-!Cómo! ¿Aún estabas ahí?
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-«El que expulsase a un magistrado
y no le recibiese como prescribe el edicto fijado en la columna...»
PISTETERO.-(Al Inspector.) ¡Oh desdicha! ¿Ahí estabas también
tú?
EL INSPECTOR.-¡Ya me las pagarás) He de hacer que te condenen
a mil dracmas de multa.
PISTETERO.-Yo haré pedazos tus urnas.
EL INSPECTOR.-¿Te acuerdas de aquella tarde en que hiciste tus
necesidades junto a la columna de los edictos?
PISTETERO.-¡Ea! Echadle mano a ése. ¡Hola! Parece que no te
quedas.
EL SACERDOTE.-Marchémonos de aquí cuanto antes y
sacrifiquemos dentro, el macho cabrío.
(Vanse todos)
EL CORO.-En adelante, todos los mortales me ofrecerán sus votos
y sacrificios a mí, que todo lo inspecciono y gobierno. Porque con mi vista
abarco el mundo entero y conservo los frutos en flor, destruyendo las
infinitas castas de animales que en el seno de la tierra o en las ramas de
los árboles los devoran antes de que hayan brotado del tierno cáliz. Yo
mato los insectos que corrompen con su fétido contacto los perfumados
62 Habitantes de Olofixo, ciudad situada al pie del monte Athos, dependientes de Atenas; Nefelococigia es
considerada por los atenienses como una colonia suya, y por eso tratan de imponerle las leyes de la metrópoli.
63 Pueblo imaginario de Aristófanes, cuya radical significa «llorar»
39
huertos; y todos los reptiles y venenosos sapos mueren al golpe de mis
forzudas alas.
EL CORIFEO.- Hoy que se pregona principalmente este edicto: «El
que matase a Diágoras Meliense65, recibirá un talento, el «que matase a
uno de nuestros tiranos, recibirá un talento», queremos nosotros
promulgar también este decreto: «El que matare a Filócrates el pajarero
recibirá un talento; cuatro, el que lo traiga vivo: él es quien ata los
pinzones de siete en siete y los vende por un óbolo: él es quien
atormenta a los tordos inflándolos para que parezcan más gordos; él
atraviesa con plumas el pico de los mirlos: él reúne palomas y las
encierra, obligándolas a reclamar a otras y atraerlas a sus redes. Este es
nuestro edicto: mandamos además que todo el que tenga aves
encerradas en su patio, las suelte inmediatamente. El que no obedeciere
será apresado por las aves y servirá, cargado de cadenas, para señuelo
de otros hombres.»
EL CORO.-¡Oh raza afortunada la de las aves! Ni en invierno
tenemos necesidad de túnicas ni en estío nos molestan los abrasadores
rayos de un sol canicular. En los valles floridos, a la sombra del tupido
follaje, hallo fresco reposo, mientras la divina cigarra enfurecida por el
calor del mediodía, deja oír su agudo canto; cuevas profundas, en que jugueteo
con las ninfas de los montes, me abrigan en invierno, y en
primavera picoteo las blancas y virginales bayas del mirto, y saqueo los
huertecillos de las Gracias.
Queremos decirles a los jueces una palabra sobre el premio, si no le
adjudican, les otorgaremos toda clase de bienes; bienes más preciosos
que los que recibió el mismo Paris66. En primer lugar, cosa la más
apetecida por todos los jueces, las lechuzas de Laurium67 no os
abandonarán jamás; habitarán dentro de vuestras casas, anidarán en
64 Este mes empezaba, según el ciclo de Harpalo, el 6 de mayo, y según el de Meton, el 28 de marzo. Llamábase
así por las fiestas muniquias en honor de Artemis.
65 Diágoras, después de la destrucción de Melos, su patria, se estableció en Atenas, distinguiéndose por su
impiedad.
66 Después de su juicio para la adjudicación de la manzana de oro.
67 Las monedas atenienses tenían grabada una figura de lechuza. Estas monedas acabaron por llamarse lechuzas.
40
vuestros bolsillos y empollarán en ellos pequeñas moneditas. Además
vuestras habitaciones parecerán templos magníficos, porque elevaremos
sus techos en forma de alas de águila. Si conseguís una magistratura y
queréis robar algo, armaremos vuestras manos con las garras veloces del
azor. Y si váis a un banquete, os proveeremos de espaciosos buches. Pero
si no nos adjudicáis el premio, ya podéis proveeros de sombrillas como
las de las estatuas68: que el que no la lleve nos las pagará todas juntas.
Pues cuando salga ostentando su túnica blanca, todas las aves se la
mancharemos con nuestras inmundicias.
PISTETERO.-El sacrificio, aves, ha sido favorable; pero me extraña
que no venga de la muralla ningún mensajero para anunciarnos cómo va
la obra. ¡Ah! Ahí viene uno, corriendo sin aliento.
MENSAJERO PRIMERO.-¿Dónde, dónde está? ¿Dónde, dónde,
dónde está? ¿Dónde está Pistetero, nuestro jefe?
PISTETERO.- Aquí estoy.
MENSAJERO PRIMERO.-Ya están en pie las murallas.
PISTETERO.-Excelente noticia.
MENSAJERO PRIMERO.-Es una obra soberbia y hermosíma: la
anchura del muro es tan grande, que si Proxénides, el fanfarrón y
Teógenes se encontrasen sobre él dirigiendo dos carros tirados por
caballos tan grandes como los de Troya, pasarían sin dificultad.
PISTETERO.-¡Oh, Heracles!
MENSAJERO PRIMERO.-Su altura, que yo mismo he medido, es
de cien orgías69.
PISTETERO.-¡Por Poseidón! ¡que altura! ¿Quiénes han construido
tan gigantesca muralla?
MENSAJERO PRIMERO.-Las aves, y nadie más que las aves; allí
no ha habido ni albañiles egipcios, ni canteros; todo lo han hecho por sí
mismas con una habilidad asombrosa. De África vinieron cerca de treinta
mil grullas que descargaron su lastre de piedras, las cuales, después de
68 Era costumbre colocar sobre las estatuas unas cubiertas de metal para librarlas de las inmundicias de los
pájaros.
41
arregladas por el pico de los rascones, han servido para los cimientos.
Diez mil cigüeñas fabricaron los ladrillos. Los chorlitos y demás aves
fluviales subían al aire el agua de la tierra.
PISTETERO.-¿Quiénes traían el mortero?
MENSAJERO PRIMERO.-Las garzas, en gamellas.
PISFETERO.-Pero ¿cómo pudieron echarlo en las gamellas?
MENSAJERO PRIMERO.-Es una invención ingeniosísima. Los
gansos revolvían con sus patas, a guisa de paletas, el mortero, y después
lo echaban en las gamellas.
PISTETERO.-¡Qué no hubieran hecho con manos!
MENSAJERO PRIMERO.-Era de ver cómo traían ladrillos los
ánades. También ayudaban a la faena las golondrinas, trayendo mortero
en el pico y la llana en la cola, como si fuesen niños.
PISTETERO.-¿Qué necesidad habrá ya de pagar operarios? Pero
dime: ¿Quiénes labraron las maderas necesarias?
MENSAJERO PRIMERO.-Los pelícanos, como habilísimos
carpinteros, arreglaron con sus picos las jambas de las puertas: cuando
desbastaban las maderas, se oía un ruido parecido al de los arsenales.
Ahora está ya todo cerrado con puertas y cerrojos, y cuidadosamente
guardado: las rondas recorren el recinto con sus campanillas; hay
centinelas en todas partes, y antorchas en las torres. Pero corro a
lavarme; a tí te toca terminar la obra.
EL CORO.-¿Qué te ocurre? ¿Te admiras de la presteza con que el
muro ha sido construido?
PISTETERO.-Sí, por cierto; es cosa digna de admiración: parece
una fábula. Pero ahí viene uno de los centinelas de la ciudad, con marcial
continente.
MENSAJERO SEGUNDO,-Iu, iu, iu, iu; iu.
PISTETERO.-¿Qué pasa?
69 Unos 185 metros.
42
MENSAJERO SEGUNDO.-Algo muy indigno. Uno de los dioses de la
corte de Zeus, después de atravesar las puertas, ha penetrado en el aire,
burlando la vigilancia de los grajos que dan la guardia de día.
PISTETERO.-¡Oh indigno y criminal atentado! ¿Qué dios es ese?
MENSAJERO SEGUNDO,-Lo ignoramos; sólo sabemos que tiene
alas.
PISTETERO.-¿Por qué no habéis lanzado en seguida guardias en su
persecución?
MENSAJERO SEGUNDO.-Hemos enviado tres mil azores, arqueros
de caballería: todas las aves de ganchudas uñas, cernícalos, gerifaltes,
buitres, águilas y gavilanes vuelan en su busca, haciendo resonar el aire
con el rápido batir de sus alas. El dios no debe estar lejos; si no me
engaño, helo ahí.
PISTETERO.-¡Aprestemos la honda y el arco! Aquí, amigos;
disparad todos vuestras saetas; dadme una honda.
EL CORIFEO.-Declárase una guerra, una guerra inaudita entre los
dioses y yo. Hijos del Erebo, guardad cuidadosos
el aire y las nubes que le entoldan, para que ningún dios las atraviese:
vigilad todo el circuito. Ya se oye cerca un ruido de alas, como el de un
inmortal cuando vuela.
PISTETERO.-¡Eh, tú! ¿Adónde vuelas? Estate quieta, inmóvil. ¡Alto!
Detente. ¿Quién eres? ¿De qué país? Es preciso que digas de dónde
vienes.
IRIS.-(Que llega en forma de una joven, con aureola y provista de
alas.) Vengo de la mansión de los dioses olímpicos.
PISTETERO.-¿Cómo te llamas, navío o casco?70.
IRIS.-Iris la rápida.
PISTETERO.-¿De Paralos o de Salamina?
IRIS.-¿Qué quieres decir?
70 Navío, por las alas que le sirven de velas o de remos; y casco por el penacho.
43
PISTETERO.- Digo si no habrá por ahí un buen macho que se
abata volando sobre tí para cubrirte.
IRIS.-¿Qué se abata sobre mí? ¿Qué significan estos ultrajes?
PISTETERO.-Vas a llorar a mares.
IRIS.-Pero esto es absurdo.
PISTETERO.-¿Por qué puerta has penetrado en la ciudad, gran
impura?
IRIS,-¿Por qué puerta? Lo ignoro.
PISTETERO.-¿Oís cómo se burla de nosotros? ¿Te has presentado
al capitán de los grajos? Responde. ¿Traes un pasaporte autorizado con el
sello de las cigüeñas?
IRIS.-¿Qué calamidad es esa?
PISTETERO.-¿No lo traes?
IRIS.-Tú no debes estar en tu sano juicio.
PISTETERO.-¿No te ha enviado un salvoconducto algún jefe de las
aves?
IRIS.-No, por Zeus; nadie me ha dado ningún pase.
PISTETERO.-¿Y es así, en silencio como te has atrevido a llegar
por el aire a una ciudad extranjera?
IRIS.-¿Pues por dónde hemos de pasar los dioses?
PISTETERO.-No lo sé, por Zeus; pero no por aquí. Lo cierto es que
has delinquido. ¿Sabes que si te aplicase la pena merecida nos
apoderaríamos de tí y moriría la bella Iris?
IRIS.-Pero yo soy inmortal.
PISTETERO.-No por eso dejarías de morir. Esto es insoportable;
mandamos en todos los seres del mundo, y ahora nos vienen los dioses
echándoselas de insolentes y negándose a obedecer a los más fuertes.
Vamos, contesta: ¿adónde dirigías tu vuelo?
IRIS.-¿Yo? Traigo encargo de mi padre de ordenar a los hombres
que ofrezcan víctimas a los dioses del Olimpo; que inmolen bueyes y
ovejas, y llenen las calles con el humo de los sacrificios.
PISTETERO.-¿Qué dices? ¿A qué dioses?
44
IRIS.-¿A qué dioses? A nosotros, a los dioses del cielo.
PISTETERO.-Pero ¿vosotros sois dioses?
IRIS.-Pues qué, ¿hay otros?
PISTETERO.-Sí; las aves son ahora los dioses de los hombres; y es
a ellas a quienes, por Zeus, han de ofrecerse los sacrificios y no a Zeus.
IRIS.-¡Ah, insensato! No desencadenes las terribles pasiones de los
dioses; guárdate de que la Justicia, armada del terrible azadón de Zeus
no extirpe de raíz toda tu raza; cuida de que sus rayos vengadores no te
reduzcan a cenizas con todos tus palacios.
PISTETERO.-¡Bueno! Ahórrate esas tiradas enfáticas y no te
muevas. ¿Crees que me vas a espantar con ese lenguaje, como si fuese
algún esclavo lidio o de la Frigia? Sabe que si Zeus me sigue molestando,
enviaré águilas igníferas que incendien su morada y el palacio de Anfión.
Entérate de que puedo mandar al cielo contra él más de seiscientos
alados porfiriones71, cubiertos con pieles de leopardos. Y cuenta que uno
sólo le dio mucho que hacer. En cuanto a tí, como sigas con tus
impertinencias te levantaré las piernas, te separaré los muslos y, por muy
Iris que seas, te asombrarás del vigor con que, a pesar de mis muchos
años, puedo encajarte tres veces el espolón.
IRIS.-¡Así revientes, viejo estúpido, con tus palabras!
PISTETERO.-¿Te marchas o no? ¡Largo de aquí!
IRIS.-Ten la seguridad de que mi padre pondrá fin a tus
insolencias.
PISTETERO.-¡Ay, qué miedo! ¡Vuela, vuela, vete a turbar con el
humo y el hollín de tus rayos a otros más jóvenes que yo!
EL CORO.-Queda prohibido a los dioses, hijos de Zeus, el paso por
nuestra ciudad, prohíbese también a los mortales, cuando les ofrezcan
sacrificios, que hagan atravesar por aquí el humo de sus víctimas.
PISTETERO.-Es extraño que el heraldo que envié a los hombres,
aún no esté de vuelta.
71 Nombre de un pájaro y de un gigante.
45
UN HERALDO.-(Que llega con una corona de oro.) ¡Oh, feliz
Pistetero! ¡Oh, sapientísimo! ¡Oh, celebérrimo! ¡Oh, hermosísimo! ¡Oh,
felicísimo! ¡Oh ...! Déjame hablar.
PISTETERO.-¿Qué estás diciendo?
EL HERALDO.-Todos los pueblos, admirados de tu sabiduría, te
ofrecen esta corona de oro.
PISTETERO.-La acepto; pero ¿por qué los pueblos me confieren
tan señalado honor?
EL HERALDO.-Tú no sabes, ilustre fundador de una ciudad aérea,
la inmensa estimación en que te tienen los mortales, y la afición
extraordinaria que se ha desarrollado por este país. Antes de que echases
los cimientos de esta célebre ciudad, todos los hombres, atacados de
lacomanía, se dejaban crecer el cabello, ayunaban, iban sucios, vivían
socráticamente, y llevaban bastones espartanos; ahora ha cambiado la
moda y les domina la manía por las aves, complaciéndose en imitar su
modo de vivir. En cuanto apunta el alba saltan todos a la vez del lecho y
vuelan, como nosotros, a su pasto habitual; después se dirigen a los
carteles y se atracan de decretos. Su manía por las aves es tan grande,
que muchos llevan nombres de volátiles; un tabernero cojo, se llama
perdiz; Meuipo, golondrina; Opucio, cuervo tuerto; Filo, cles, alondra;
Teógenes; ganso-zorro; Licurgo, ibis; Querofón, murciélago; Siracosio,
urraca y Midias se llama codorniz, porque, en efecto, tiene toda la traza
de una codorniz muerta de un porrazo en la cabeza. La pasión por las
aves hace que se canten versos, donde es de rigor hablar de golondrinas,
de penélopes, de gansos, de palomas o, por lo menos, algo de plumaje.
Así anda la cosa. ¡Ah!, te advierto que pronto vendrán aquí más de diez
mil personas pidiéndote alas y garras ganchudas; por consiguiente, ya
puedes hacer provisión de plumas para los nuevos huéspedes.
PISTETERO.-Entonces no hay tiempo que perder. Anda,
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llena de alas todos los cestos y cestillos, y dile a Manes72, que me los
traiga aquí. Yo me encargo de recibir a los que vengan.
CORO.-Nuestra ciudad no tardará en llamarse «La Populosa.»
PISTETERO.-¡Que la fortuna nos favorezca!
CORO.-El amor a nuestra ciudad se propaga.
PISTETERO.-(A1 esclavo.) Trae eso pronto.
CORO.-¿Qué falta en ella de cuanto puede hacer grata su mansión?
Aquí se encuentran la Sabiduría, el Amor, las Gracias inmortales y el
plácido semblante de la querida Paz.
PISTETERO.-¡Qué calma, justo cielo! Trae eso pronto.
CORO.-Sí, traed pronto un cesto lleno de alas; y tú hazle moverse
a palos, como lo hago yo; es más pesado que un asno.
PISTETERO.-Sí, Manes es un perezoso.
CORO.-Tú, pon en orden esas alas, las musicales, las proféticas, las
marítimas. Procura después que cada cual se lleve las que le convengan.
PISTETERO.-(A Manes) ¡Ah, lo juro por los cernícalos! Esta no te la
perdono, si continúas tan perezoso y tardón. (Golpea a Manes y éste
huye.)
UN PARRICIDA.-¡Quién fuera el águila de altísimo vuelo para
cernerse sobre las ondas cerúleas del estéril mar!
PISTETERO.-Veo que el mensajero dijo la verdad; ahí viene no sé
quién cantando a las águilas.
EL PARRICIDA.-¡Oh, nada tan delicioso como volar! Yo adoro las
leyes de los pájaros; la afición a las aves me enajena; yo vuelo, yo quiero
vivir con vosotros; me apasionan vuestras leyes.
PISTETERO.-¿Cuáles? Porque las aves tienen muchas clases de
leyes.
EL PARRICIDA.-Todas; pero principalmente una en virtud de la
cual es lícito a un pájaro morder a su padre y retorcerle el pescuezo.
PISTETERO.-Es verdad; nosotros tenemos por muy valiente al que
pollito aún, le pega a su padre.
72 Nombre de esclavo.
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EL PARRICIDA.-Por eso he emigrado a esta región; deseo
estrangular a mi padre para heredar todos sus bienes.
PISTETERO.-Pero tenemos también otra ley inscrita en la columna
de edictos de las cigüeñas: «Cuando la cigüeña haya criado a sus hijos y
los haya puesto en disposición de volar, éstos tendrán a su vez obligación
de alimentar a sus padres.»
EL PARRICIDA.-¡Pues bastante he ganado con venir, si tengo que
sostener a mi padre!
PISTETERO.-No, no; ya que con tan benévolas intenciones has
acudido a nosotros, te emplumaré como conviene a un pájaro huérfano.
Además, pobre joven, te daré un buen consejo que aprendí en mi niñez.
No maltrates a tu padre; coge esta ala en una mano y ese espolón en la
otra; figúrate que tienes una cresta de gallo, y haz guardias; vete a la
guerra, vive de tu estipendio, y deja en paz a tu padre. Ya que eres tan
belicoso dirige tu vuelo a Tracia y combate allí.
EL PARRICIDA.-¡Por Dionysos! Tu consejo me parece excelente, y
lo seguiré. (Se va.)
PISTETERO.-Obrarás discretamente, por Zeus.
CINESIAS.-(Poeta ditirámbico, saliendo.) Vuelo al Olimpo con
ligeras alas; y a su batir resuelto voy cruzando las sendas de la alegre
poesía...
PISTETERO.-Este va a necesitar un fardo entero de alas.
CINESIAS.-Otras nuevas buscando,
Mi cuerpo y mi indomable fantasía...
PISTETERO.-Un abrazo a Cinesias, el Tilo. ¿A qué vienes dando
vueltas a tu pie cojo?
CINESIAS.-Quiero, ansío ser ave,
Ser ruiseñor, y con gorjeo suave...
PISTETERO.-Basta de música, y explícame tus deseos.
CINESIAS.-Ponme alas, pues anhelo subir por los aires
y recoger de las nubes nuevos cantos, aéreos y caliginosos.
PISTETERO.-¿Cantos en las nubes?
48
CINESIAS.-Sí; en ellas estriba hoy todo nuestro arte. Los más
brillantes ditirambos son aéreos, caliginosos, tenebrosos, alados. Pronto
lo verás; escucha.
PISTETERO.-No, no oigo nada.
CINESIAS.-Pues oirás, mal que te pese:
En forma de volátil,
Cuyo ondulante cuello
Surca del éter fúlgido La azul inmensidad,
Recorreré los aires,
Que te obedecen ya.
PISTETERO.-¡Eh, hop! ¡Basta!
CINESIAS.-¡Ah! ¡Quién con vuelo rápido!
Al hálito vehemente
Cediendo de los ímpetus
De indómito Aquilón,
Pudiera sobre el piélago
Cernerse bramador!
PISTETERO.-¡Ya reprimiré yo tus hálitos e ímpetus...!
CINESIAS.-Y ora hacia el Noto cálido
Enderezando el vuelo,
Ora a la región frígida
Del Bóreas glacial,
El oleaje férvido
Del éter...
(A Pistetero, que le apalea.) ¡Anciano! ¡Anciano¡ ¡Vaya una hábil e
ingeniosa invención¡
PLSTETERO.-¿No deseabas volar?
CINESIAS.-¿Así tratas a un poeta ditirámbico que se disputan
todas las tribus?
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PISTETERO.- ¿Quieres quedarte con nosotros y enseñar a la tribu
Ceropia un coro de aves voladoras, tan ligero como el espirituado
Leotrófides?73.
CINESIAS.-Te burlas de mí, está claro. Pero no importa; ten
presente que no descansaré un momento hasta que surque los aires,
transformado en pájaro.
UN SICOFANTE.-(Es decir, un delator.)
Dí, golondrina de alas esplendentes
Por la Febea luz tornasolada,
¿Quiénes son esas aves indigentes
De tan varios plumajes adornadas?
PISTETERO.-El mal toma serias proporciones. Otro, que se acerca
zumbando.
EL SICOFANTE. Por la Feba luz tornasolada, repito.
PISTETERO.-Creo que esa canción la dirige a su manto, porque
parece que tiene necesidad urgente de la vuelta de la golondrina74.
EL SICOFANTE.-¿Quién distribuye alas a los recién llegados?
PISTETERO.-YO mismo; pero es preciso decir para qué.
EL SICOFANTE.-¡Alas! ¡Necesito alas! No me preguntes más.
PISTETERO.-¿Acaso quieres volar en línea recta a Pelene?
EL SICOFANTE.-No, por Zeus; soy acusador de las islas, un
delator...
PISTETERO.-¡Buen oficio!
EL SICOFANTE.-E investigador de pleitos. Quiero tener alas para
girar con rapidez mi visita a las ciudades y citar a los acusados.
PISTETERO.-¿Los citarás mejor teniendo alas?
EL SICOFANTE.-No, por Zeus; pero podré librarme de ladrones y
volveré como las grullas, trayendo por lastre infinitos procesos.
PISTETERO.-¿Y ésa es tu ocupación? ¿Cómo siendo joven y
robusto, te dedicas a delatar extranjero?
73 Leotrófides era un poeta ditirámbico notable por su flacura y palidez.
74 Es decir, de la primavera, porque su raído manto no le podía librar del frío.
50
PISTETERO.-Pero, por Zeus, hay otras ocupaciones con las cuales
un hombre de tu edad puede ganarse honradamente la vida, sin acudir al
vil oficio de zurcidor de procesos.
EL SICOFANTE.-Amigo mío, no te pido consejos, sino alas.
PISTETERO.-Ya te doy alas con mis palabras.
EL SICOFANTE.-¿Cómo puedes con palabras dar alas a un
hombre?
PISTETERO.-Las palabras dan alas a todos.
EL SICOFANTE.-¿A todos?
PISTETERO.-¿No has oído muchas veces en las barberías a los
padres decir hablando de los jóvenes: «Son terribles las alas para la
equitación que le han dado a mi hijo las palabras de Diitrefes»75. «Pues
yo, dice otro, tengo un hijo que en alas de la imaginación ha dirigido su
vuelo a la tragedia.»
EL SICOFANTE.-¿Luego las palabras dan alas?
PISTETERO.-Ya te he dicho que sí; ellas elevan el espíritu y
levantan al hombre. He ahí por qué con mis útiles consejos pretendo yo
levantar tu vuelo a una profesión más honrada.
EL SICOFANTE.-Pero yo no quiero.
PISTETERO.-Pues ¿qué harás?
EL SICOFANTE.-No quiero desmerecer de mi raza; el oficio de
delator está vinculado a mi familia. Dame, pues, rápidas y ligeras alas de
gavilán o cernícalo para que, en cuanto haya citado a los isleños, pueda
regresar a Atenas a sostener la acusación y volar en seguida a las islas.
PISTETERO.-Comprendo: a fin de que el isleño sea condenado aquí
antes de llegar.
EL SICOFANTE.-Precisamente.
PISTETERO.-Y después, mientras él navega en esta dirección,
volar tú allá y arrebatarle todos sus bienes.
EL SICOFANTE.-Exacto. Deseo ser una verdadera peonza.
75 Diitrefes era un rico ateniense que tenía muchos caballos.
51
PISTETERO.-A propósito de peonzas; tengo aquí unas excelentes
alas de Corcira76.
EL SICOFANTE.-¿Pobre de mí! ¡Es un azote!
PISTETERO.-¡Fuera de aquí volando! ¡Lárgate pronto, canalla
insoportable! Ya te haré sentir lo que se gana corrompiendo la justicia. (Al
esclavo.) Recojamos las alas y partamos.
CORO.-En nuestro vuelo hemos visto mil maravillas, mil increíbles
prodigios. Hay lejos de Cardias77 un árbol muy extraño llamado Cleónimo,
completamente inútil, aunque grande y tembloroso. En primavera
produce siempre, en vez de yemas, delaciones; y en invierno, en vez de
hojas, deja caer escudos. Hay también un país, junto a la región de las
sombras en los desiertos oscuros, donde los hombres comen y hablan con
los héroes, excepto por la noche; cuando ésta llega, su encuentro es
peligroso. Pues si algún mortal tropezare entonces con Orestes78, sería
despojado de sus vestidos y molido a palos de pies a cabeza.
(Llega Prometeo ocultando el rostro.)
PROMETEO.-¿ Desgraciado de mí! Procuremos que no me vea
Zeus. ¿Dónde está Pistetero?
PISTETERO.-¡Oh! ¿Qué es ésto? ¿Qué significa ese disfraz?
PROMETEO..-Ves algún dios detrás de mí?
PISTETERO.-Ninguno, por Zeus, no veo ninguno; pero tú ¿quién
eres?
PROMETEO..-¿En qué momento del día nos encontramos?
PISTETERO.-Es algo más del medio día; pero tú ¿quién eres?
PROMETEO..-¿Es el declinar del día o más tarde?
PISTETERO.-!Pero qué hombre más fastidioso!
76 Esto se lo dice Pistetero enseñándole al Sicofante unos azotes de cuero. Los de Corcira tenían fama.
77 Cardias era una ciudad de Tracia, cuyo nombre significa corazón o valor. Esto y lo siguiente son burlas sobre
la cobardía de Cleónimo, tantas veces mencionada.
78 Célebre ladrón, cuyo encuentro era peligroso de noche.
52
PROMETEO.-¿Qué hace Zeus? ¿Disipa o amontona las nubes?79.
PISTETERO.-¿Déjame en paz!
PROMETEO.-Entonces, me descubriré.
PISTETERO.-(Reconociéndole.) ¡Oh, mi querido Prometeo!
PROMETEO..-!Cuidado! ¡Cuidado! ¡No grites!
PISTETERO—¿Qué ocurre?
PROMETEO.-¡Silencio! No pronuncies mi nombre; si Zeus llega a
verme aquí, estoy perdido. Cúbreme la cabeza con esta sombrilla, para
que no me vean los dioses y te contaré todo lo que pasa en el Olimpo.
PISTETERO.-Excelente idea, digna de Prometeo. Métete pronto
aquí debajo, y habla sin temor.
PROMETEO.-Escucha, pues.
PISTETERO.-Habla; te escucho.
PROMETEO.-Zeus está perdido.
PISTETERO.-¿Desde cuándo?
PROMETEO..-Desde que fundasteis esta ciudad en el aire. Ningún
mortal ofrece ya sacrificios a los dioses, ni sube hasta nosotros el humo
de las víctimas. Privados de todas sus ofrendas, ayunamos como en las
Tesmoforias80. Los dioses bárbaros, enfurecidos por el hambre, gritan
como los ¡lirios, y amenazan bajar contra Zeus, si no hace que vuelvan a
abrirse los mercados para que puedan introducirse las entrañas de las
víctimas.
PISTETERO.-Luego ¿hay dioses bárbaros que están sobre
vosotros?
PROMETEO.-Pues si no hubiese dioses bárbaros, ¿cuál podría ser el
patrón de Execéstides?81.
PISTETERO.-¿Y cómo se llaman esos dioses?
PROMETEO.-¿Cómo? Tribalos82.
79 Prometeo trata de saber si está el cielo cubierto o despejado.
80 Fiestas en honor de Deméter; duraban cinco días y se ayunaba el tercero.
81 Apolo era el patrono de los ciudadanos de Atenas; como Execéstides era extranjero, su patrono debía de serlo
también.
82 Nombre de un pueblo de Tracia, cuyos pobladores eran considerados por los atenienses como salvajes.
53
PISTETERO.-Comprendo. De ahí, sin duda, viene la frase: «Ojalá
te trituren»83.
PROMETEO..-Está claro. Te aseguro que pronto bajará para
estipular las condiciones de paz una embajada de Zeus y de los Tribalos
superiores; pero vosotros no debéis concertar pacto alguno mientras Zeus
no restituya el cetro a las aves y te dé por esposa a la Realeza.
PISTETERO.-¿Quién es la Realeza?
PROMETEO..-Una hermosísima doncella que maneja los rayos de
Zeus, y a cuyo cargo están todas las demás cosas: la prudencia, la
equidad, la modestia, la marina; las calumnias, la tesorería y el pago del
trióbolo.
PISTETERO.-¿Es, pues, una intendente general?
PROMETEO.-Precisamente. De suerte que si te la otorga, serás
dueño de todo. He venido para darte este consejo, pues siempre he
querido mucho a los hombres.
PISTETERO.-Es verdad; tú eres el único dios a quien debemos el
carbón para hacer nuestros asados.
PROMETEO.-Sabes también que aborrezco a todos los dioses.
PISTETERO.-Sí, por Zeus; tú fuiste siempre su enemigo.
PROMETEO.-Un verdadero Timón84 para ellos. Pero dame la
sombrilla para que me vaya cuanto antes; si Zeus me ve así desde el
cielo, creerá que voy siguiendo a una canéfora.
PISTETERO.-Para fingir mejor, coge este asiento y llévatelo con la
sombrilla.
CORO.-En los confines de los Esciápodas85 es hay un pantano donde
evoca los espíritus el desaseado Sócrates; allá fué también Pisandro86,
pidiendo ver su alma, que le había abandonado en vida; traía un camello
por víctima en vez de un cordero, y cuando lo degolló, dio un paso atrás
83 Triturar en griego tiene cierta semejanza con tribalo.
84 Célebre, misántropo.
85 Seres fabulosos que habitaban en la zona tórrida. Sus pies eran más grandes que el resto del cuerpo, de suerte
que cuando el calor se dejaba sentir con exceso, adoptaban la posición cuadrúpeda, y se servían de uno de sus
pies como de quitasol, de donde les vino el nombre de esciápodas. Aristófanes coloca a los filósofos socráticos
en este país, para indicar su constitución física empobrecida por las cavilaciones y su desaseo.
54
como Ulises; después, Querofón el murciélago, subió del Orco para beber
la sangre.
Se presentan ante Pistetero Poseidón, Heracles y un dios Tribalo.
POSEIDÓN.-Estamos a la vista de Nefelococigia, a cuya ciudad
venimos de embajada. (Al Tribalo.) ¡Eh, tú! ¿Qué haces? ¿Te echas el
manto sobre el hombro izquierdo? ¿No lo cambias al derecho? ¡Cómo,
desdichado! ¿Tendrás el mismo defecto que Lespodias?87. ¡Oh,
democracia! ¿Adónde vamos a parar si es ese el representante designado
por los dioses? ¿Te estarás quieto? !Peste de tí¡ Eres sin duda el dios más
bárbaro que he conocido nunca. Dime, Heracles ¿qué vamos a hacer?
HERACLES.-Ya lo has oído; mi intención es estrangular, sea quien
sea, al hombre que ha interceptado toda comunicación con los dioses,
erigiendo esas murallas.
POSEIDÓN.-Pero, amigo mío, a lo que hemos sido enviados es a
tratar de la paz.
HERACLES.-Razón de más para estrangularle.
PISTETERO.-(Fingiendo no haber visto a los dioses.) Alárgame el
rallador; trae silfio; dame queso; atiza los carbones.
HERACLES.-(Dulcificando la voz a la vista de los preparativos
culinarios.) Mortal, tres dioses te saludan.
PISTETERO. Ahora lo cubro con silfio.
HERACLES.-¿Qué manjares son esos?
PISTETERO.-Son unas aves que se han sublevado contra el partido
democrático; se las ha condenado como culpables.
HERACLES.-¿Y las espolvoreas primero con silfio?
PISTETERO—¡Salud, Heracles! ¿Qué ocurre?
HERACLES.-Venimos en embajada de parte de los dioses para
negociar el armisticio.
UN CRIADO.-Ya no queda aceite en la alcuza.
PISTETERO.-Pues estas aves tienen que estar bien rehogadas.
86 Orador notable por su cobardía.
87 General que para cubrirse las úlceras de las piernas se dejaba caer el manto.
55
HERACLES.-Nosotros nada ganamos con hacer la guerra; y
vosotros, si sois nuestros amigos, tendréis siempre agua de lluvia en las
balsas y disfrutaréis de días serenos. Venimos perfectamente autorizados
para estipular estas cuestiones.
PISTETERO.-Nunca hemos sido los agresores, y ahora mismo
estamos dispuestos a concertar la paz que deseáis si os avenís a una
condición equitativa y es la de que Zeus nos devuelva el cetro a las aves.
Después de arreglado este particular, invito a los embajadores a comer.
HERACLES.-POr mí, de acuerdo, y declaro...
POSEIDÓN.-¿Pero qué? ¡Desdichado) Eres glotón e imbécil. ¿Así
piensas despojar a tu padre del poder supremo?
PISTETERO.-Te equivocas. ¿Acaso no seréis más poderosos si las
aves reinan sobre la tierra? Ahora, al abrigo de las nubes, y bajando la
cabeza, los mortales blasfeman impune mente contra vosotros; pero si
tuvieseis por aliadas a las aves, cuando alguno jurase por el cuervo y por
Zeus, el cuervo se acercaría furtivamente al perjuro y le saltaría un ojo de
un picotazo.
POSEIDÓN.-¡Bien hablado, por Poseidón!
HERACLES.-Lo mismo digo.
PISTETERO.-(Al Tribalo.) Y tú ¿qué opinas?
EL TRIBALO.-Nabaisatreu88.
PISTETERO.-¿Lo ves? También está de acuerdo. Oid otra de las
ventajas que os proporcionará nuestra alianza. Si un hombre ofrece un
sacrificio a alguno de vosotros, y después difiere su realización diciendo:
«Los dioses tendrán paciencia», y por avaricia no cumple su voto,
nosotros le obligaremos.
POSEIDÓN.-¿Cómo? ¿De qué manera?
PISTETERO.-Cuando nuestro hombre esté contando su dinero o
sentado en el baño, un gavilán le arrebatará, sin que lo note, el precio de
dos ovejas y se lo llevará al dios defraudado.
HERACLES.-Confirmo mi declaración de que debe dársele el cetro.
56
POSEIDÓN.-Consúltalo también con Tribalo.
HERACLES.-¡Eh Tribalo! ¿Quieres... una buena zurra?
EL TRIBALO.-Sauna. Cabactaricrousa.
HERACLES.-Dice que también está de acuerdo.
POSEIDÓN.-elles si los dos sois de esa opinión, yo me adhiero a
ella.
HERACLES.-(A Pistetero) Consentimos, como quieres, en la
devolución del cetro.
PISTETERO.-Se me olvidaba, por Zeus, otra condición) Le dejo
Hera a Zeus; pero exijo que éste me dé por esposa a la joven Realeza.
POSEIDÓN.-Está visto que no deseas la reconciliación.
Retirémonos.
PISTETERO.-POCO me importa ¡Cocinero, cuida de que esté bien
sabrosa la salsa!
HERACLES.-¡Qué hombre tan particular es éste Poseidón1 ¿Adónde
vas? ¿Habremos de hacer la guerra por una mujer?
POSEIDÓN.-¿Y qué quieres que hagamos?
HERACLES.-¿Qué? La paz.
POSEIDÓN.-!Cómo! ¿No comprendes, imbécil, que te está
engañando? Tú mismo te arruinas. Si Zeus muere después de haberles
cedido a esas gentes el poder, quedarás reducido a la miseria, pues a tí
han de pasar todos los bienes que tu padre deje a su muerte.
PISTETERO.-¡Oh, infeliz! !Cómo trata de confundirte) Ven acá y te
diré lo que hace al caso. Tu tío te engaña, pobre amigo; según la ley, no
puedes heredar ni un hilo de los bienes paternos, porque eres un
bastardo y no un hijo legítimo.
HERACLES.-¿Yo bastardo? ¿Qué dices?
PISTETERO.-La pura verdad; por ser hijo de una mujer extranjera.
Y si no, dime: ¿cómo Atenea, siendo hembra, pudiera ser única heredera
de Zeus si tuviera hermanos legítimos?
88 Jerga ininteligible.
57
HERACLES.-¿Y si mi padre al morir me lega la parte correspondiente
a los hijos naturales?
PISTETERO.-La ley no se lo permite. El mismo Poseidón, que ahora
te jalea, será el primero en disputarte la herencia paterna, alegando su
cualidad de hermano legítimo. Escucha el texto de la ley de Solón: «El
bastardo no puede heredar si hay hijos legítimos. Si no hay hijos
legítimos, la herencia debe pasar a los colaterales más próximos.»
HERACLES. ¿Luego no tengo ningún derecho para heredar a mi
padre?
PISTETERO.-Ninguno absolutamente. Pero dime: ¿se cuidó tu
padre de inscribirte en el registro de los miembros de su fratria?89.
HERACLES.-No, por cierto; y la verdad, ya hace tiempo que esto
me extraña.
PISTETERO.-Déjate de miradas feroces y de amenazas al cielo. Si
pasas a ser uno de los nuestros yo haré de tí el jefe supremo y tendrás
cuanto apetezcas.
HERACLES.-Pues bien; creo justa tu petición de la doncella, y te la
concedo.
PISTETERO.-(A Poseidón.) Y tú, ¿qué dices?
POSEIDÓN.-Yo me opongo.
PISTETERO.-Todo depende ahora del Tribalo. ¿Qué opinas tú?
EL TRIBALO.-Maka donkila reala Kolondri cedo.
HERACLES.-El Tribalo también opina que hay que cedérsela.
POSEIDÓN.-No, por Zeus; no dice que se la concede, sino en caso
de que emigre como las golondrinas.
PISTETERO.-Luego dice que es necesario concedérsela a las
golondrinas.
POSEIDÓN.-Arreglaos los dos como podáis, y estipulad las
condiciones; yo, puesto que así lo queréis, me callaré.
HERACLES.-Nos place concederte cuanto pides. Vente pronto con
nosotros al cielo y se te entregará la Realeza y todo lo demás.
58
PISTETERO.-¡He ahí unas aves sacrificadas con gran oportunidad
para las bodas)
HERACLES.-¿Queréis que entre tanto me quede yo a asarlas?
Vamos, marcháos ya.
POSEIDÓN.-¿Tú asarlas? ¿Cómo qué no vas a venir con nosotros,
desvergonzado glotón?
HERACLES.-¡Ya me relamía de gusto)
PISTETERO.-¿Vamos, que me traigan un vestido nupcial)
EL CORO.-En Fanes, junto a la Clepsidra, vive la industriosa raza
de los Englotogastros90, que siegan, siembran, vendimian y recogen los
higos con la lengua; son de condición bárbara, y entre ellos se encuentran
los Gorgias y Filipos91. Estos Filipos Englotogastros han sido la causa de
que se introdujese en el Atica la costumbre de cortar aparte la lengua de
las víctimas.
EL MENSAJERO.-(Declamando.)
Vosotros a quienes todo sale bien, mejor de como puede decirse
tres veces dichosa gente volante de las aves
en su rico palacio recibid a vuestro Señor.
Ya se acerca, y con tal esplendor
como jamás se vió astro alguno en su mansión de oro lucir,
ni del sol que brilla a lo lejos surgir luces
tan chispeantes; viene dándole el brazo
a su Esposa, belleza indescriptible
y blandiendo el rayo alado, arma de Zeus.
Un aroma indecible hacia el alto cielo
se eleva -bello espectáculo- y brisas de incienso
dispersan espesas espirales de humo.
¡Mas hele aquí! Es él. De la Musa propicia
hay que lanzar los sagrados, los propicios acentos.
89 Formalidad que sólo se llenaba con los hijos legítimos.
90 Palabra compuesta de dos que significan lengua y vientre, es decir, los que viven del producto de su lengua.
91 Gorgias, célebre retórico y sofista. Platón dio su nombre a uno de sus más bellos diálogos. Filipo se cree que
era un delator.
59
EL CORO.-Retroceded, apartaos, abrid paso, revolotead en feliz
enjambre alrededor de ese santo. ¡Feu, feu! ¿Qué de gracias! ¡Qué de
bellezas! ¡Oh tú, cuyo himen es tan favorable a esta ciudad¡
EL CORIFEO.-Grandes, inmensos beneficios han recibido las aves,
gracias a ese hombre. Hay que acogerle, así como a la Reina, con cantos
himeneos y nupciales.
EL CORO.-La unión de Hera la olímpica y del gran Rey, que desde
su alto trono impera sobre los otros dioses fué celebrado por las divinas
Pareas con cantos como éste: ¡Oh, himen, oh himeneo¡ El floreciente Eros
con sus alas de oro conducía tirando de las riendas, jefe del cortejo
nupcial de Zeus y de la dichosa Hera.
PISTETERO.-Me regocijan vuestros himnos y vuestros cánticos;
estoy encantado con vuestras palabras. ¡Celebrad a la vez los truenos
subterráneos y los brillantes relámpagos de Zeus y el fulgor terrible de su
rayo!
EL CORO.-¡Oh potente luz de oro de los relámpagos, oh centella
inmortal de Zeus, truenos de rugir subterráneo que hacéis caer la lluvia y
con los que ese hombre levanta ahora la tierra, dueño de todo gracias a
tí; y que también tiene a su lado a la Realeza, protegida de Zeus. ¡Oh
himen, oh himeneo!
PISTITERO.-Escuchad ahora los esposos, y vosotras todas, razas
de volátiles que vivís en común. Id hasta el país de Zeus, junto al lecho
nupcial. Dame la mano, oh bienaventurada, tómame por las alas y
bailemos; yo te cogeré, a mi vez, para alzarte en el aire.
EL CORO.-¡Alalá! ¡Ie, pean! ¡Viva, viva el glorioso vencedor, el más
poderoso de los dioses!