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miércoles, 26 de mayo de 2010

Luis Alberto Quintero Valero - Opina sobre la obra "Cuando el Tiempo Descubrió su Poder"




"El domingo 22 de Mayo pude apreciar la puesta en escena de la obra “Cuando el tiempo descubrió su Poder”. Para mi se trataba en primer lugar de apoyar el trabajo progresivo y profesional del grupo de talentos integrantes del “Gimnasio de Actores”. En segundo lugar tenía interés en descubrir ese supuesto disfraz infantil de la obra, del cual tenía una referencia anticipada. Desde un primer momento me conecte a través de la música, que sonaba en la antesala, con el mundo infantil de mis recuerdos. Una vez entrado el desarrollo de la obra, esa aproximación infantil tuvo que contactarse con la adultez necesaria para entender de manera más profunda algunos de los contenidos allí expuestos. Ese disfraz cargado de imágenes y símbolos referenciales de tono infantil, paso a convertirse en una excusa inteligente y fresca para lograr contactar múltiples lecturas de mi presente adulto y poder contextualizarlo. Lo más interesante fue que pese a esa complejidad disfrazada, logre identificar significados y valores básicos que pueden ser de mucha trascendencia para un niño desde la óptica de la enseñanza. La propuesta me mostró virtudes en ese sentido que me parecieron muy valiosas y de las cuales carecen muchas de las alternativas teatrales infantiles en nuestro país. Me quedó claro que el teatro estaba funcionando como una herramienta de aportes infinitos conectada con el mundo del arte, abriendo las puertas de la sensibilidad estética, de la reflexión, de la capacidad de emoción y sirviendo de facilitador para la comprensión, con un estilo y un lenguaje propio, de diferentes visiones y realidades de la vida y del mundo cotidiano que nos rodea. Desde mi percepción como un espectador adulto más, reconocí en la obra un trabajo interesante, de contenido denso, de mucha uniformidad y compromiso actoral. Pondero la búsqueda por presentar una propuesta inteligente en su concepción. Justificó la importancia de ese disfraz infantil como generador y semillero de enseñanzas en el entendimiento de los paralelismos con nuestra realidad. Quizás es necesario convertirnos en niños de nuevo para cargar las esporas del aprendizaje y conectarlas con la esperanza y la búsqueda de los cambios en positivo. Le doy una valoración especial a este trabajo por el reto del compromiso. Habría que preguntarle a un niño cual fue su experiencia al respecto. "

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